“¡Pardiez, cómo está la Ruta!”


Contemplo, desplegada ante mis ojos por enésima vez, una generosa ampliación que hace tiempo me agencié de “el mapa”. Me refiero a ese mapa de la Ruta del Quijote, delineado “hacia 1765”, que tengo para mí como el más fiable. Se trata, sin duda alguna, del primer trazado de la Ruta, y mi credulidad se basa en las siguientes razones: PRIMERA, que su confección fue encargada de forma expresa por el propio Rey de España. SEGUNDA, que fue delineado por D. Tomás López, geógrafo de S.M., según las observaciones hechas sobre el terreno por D. Joseph de Hermosillla, Capitán de Ingenieros. TERCERA, que el trabajo se realizó cuando apenas habrían transcurrido 149 años desde la muerte de Cervantes, o 160 desde la primera edición del “Quijote”. Y CUARTA, que tanto el mapa como la Ruta (“Mapa de una porción del Reyno de España que comprehende los pasages por donde anduvo Don Quixote, y los sitios de sus aventuras”), fueron oficialmente adoptados por la Real Academia Española ya en el año 1780.

De igual forma, convendría salir al paso de quienes pudieran objetar que en el mapa de esta Ruta que me he atrevido a llamar “de 1765” (con la matización cautelar “circa”), Argamasilla de Alba no figura señalada con el número “1”, y que este número sí figura, en cambio, indicando el paraje donde los autores del mapa y de la Ruta sitúan la “Venta donde (Don Quijote) fue armado Caballero”. La explicación está en que los autores, al señalar los 35 hitos que habían decidido resaltar, comenzaron la numeración con la primera aventura que le sucedió a Don Quijote tras efectuar cada una de sus célebres salidas. Por decirlo de otro modo, es como si al lugar de partida de la primera salida – Argamasilla de Alba – le hubieran asignado el número “0”, reservando el “1” para la inmediata primera aventura. En cualquier caso, el objetor debería admitir que la venta donde Don Quijote fue armado caballero nunca podría haber sido, simultáneamente, su pueblo, por mucho número “1” que se asignara a la tal venta en la delineación del mapa. A la misma economía numeradora responde el hito “35” y último de la Ruta, que los autores sitúan en un lugar próximo al Ebro, al nordeste de “Osera”, “donde le encontraron (a Don Quijote) los criados del Duque y le llevaron al Palacio desde donde se volvió á su aldea, y murió.” A lo que le sucede a nuestro héroe después del citado encuentro, ya no le asignan número alguno, como si la aventura de los cerdos hubiese sido, como bien puede argüirse, la última de las que le sucedieron. Pero es más que suficiente el encarnado trazo de la Ruta –y los hitos tan claramente señalados en ella – para reconocer en Argamasilla de Alba la patria y el solar de nuestro Hidalgo. El hito “4”de dicha Ruta, que los autores sitúan exactamente en Argamasilla de Alba, se explica al margen del mapa con este más que elocuente doble texto: “Aventura de los Mercaderes donde (Don Quijote) quedó molido a palos, y le conduxo a su lugar Pedro Alonso su vecino. Segunda salida con Sancho por el Campo de Montiel”. Luego, si a la Argamasilla de Alba llega Don Quijote cuando el vecino le conduce “a su lugar”, y de la Argamasilla de Alba sale, esta vez con Sancho, para empezar a caminar por el Campo de Montiel, ¿tan difícil es deducir que Argamasilla de Alba, punto de partida y de regreso del Ingenioso Hidalgo, es el famoso “lugar de la Mancha” al que Cervantes alude al principio de la Novela? ¿A qué viene el empeño por contradecir a los ilustres profesionales que así lo entendieron al confeccionar el mapa y la Ruta, y a estudiosos como Pellicer, Fernández de Navarrete, Clemencín, Hartzenbusch, Robinson Smith, Rivadeneyra, “Azorín”, Walter Starkie, y tantos otros?

Respaldo a la verdadera Ruta

En cuanto al año 1765, en el que me ha parecido razonable datar el mapa de forma aproximada, acepto de antemano cualquier réplica que pudiera proporcionar una datación más precisa. Aunque ello, a la postre, sería menos trascendente que reconocer, de una vez por todas, que la mejor “ruta del “Quijote” que se nos ha dado o, si se quiere, “la menos mala”, es la elaborada por Tomás López y Joseph de Hermosilla hace la friolera de 235 años (“circa”). Así debió de considerarlo la Real Academia Española, cuando incluyó dicha Ruta en su edición corregida del “Quijote”, de 1780: En el prólogo de la citada edición, la propia Academia declaraba que “… para satisfacer mas la curiosidad de los lectores, se ha puesto un mapa, que comprehende una buena porción de España, y en el qual se ven demarcados con una linea encarnada los viages de Don Quixote, trabajado con toda exâctitud por Don Tomas Lopez Geógrafo de S.M. con arreglo á las observaciones hechas sobre el mismo terreno por Don Joseph de Hermosilla, Capitán que fue del Real Cuerpo de Ingenieros”. Es en esa misma edición de la Academia, y concretamente en el “Plan Cronológico” que figura a continuación del prólogo citado, donde puede leerse: “…El día 28 continuaron su camino: á la noche acabó Sancho de azotarse por el desencanto de Dulcinea, y al siguiente dia 29 entráron en Argamasilla de Alba su patria”. He aquí, casi sin buscarla, una razón de más para renunciar a estériles discusiones sobre la verdadera patria de Don Quijote. ¿Qué dirían los Académicos de 1780, si levantaran la cabeza, de la unilateral corrección que, andando el tiempo, otro académico intentaría introducir en aquella Ruta, enmendándoles drásticamente la plana?. El hecho de que Cervantes sufriera prisión en dos ocasiones en la cárcel real de Sevilla, parece haber sido el gran argumento, huérfano de rigurosa metodología científica, del interesado repudio que Rodríguez Marín hace de Argamasilla de Alba. A esta conclusión, o a la duda en el mejor de los casos, podrá llegar quien examine objetivamente la controvertida “Crónica del Centenario del Don Quijote”, de 1905. E incluso esa duda, si la abrigara, le vendría de inmediato disipada con sólo hojear el “Quijote” apócrifo de ese coetáneo de Cervantes que se ocultó bajo el falso nombre de “Avellaneda”, ya que en este libro, que pretendía pasar por una continuación de la novela de Cervantes, se menciona repetidamente a la “Argamesilla” como patria del célebre hidalgo, desde la propia dedicatoria que reza: “Al Alcalde, Regidores e Hidalgos de la Noble Villa de la Argamesilla de la Mancha, Patria Feliz del Hidalgo Caballero Don Quijote, Ilustre de los Profesores de la Caballería Andante”, hasta el penúltimo capítulo en el que se dice taxativamente “el Argamesilla de la Mancha, junto al Toboso”. Y lo que venimos diciendo todos, (menos esos “especialistas” que parecen no tener otra cosa mejor en la que entretenerse) es, simple y llanamente, lo que cualquiera puede comprobar: que no hay más Argamasilla “junto a El Toboso”, que Argamasilla de Alba.

Algunos anotadores del “Quijote” (“…de los interpretadores y de los comentaristas, ¡líbranos Señor!”- exclamaba C. J. Cela en su elegía “La Mancha en el corazón y en los ojos”), han venido proponiendo otros muchos lugares como probables patrias de don Alonso Quijano. En una edición anotada de Editorial Sopena, reproducida recientemente por Editorial Óptima sin indicación alguna sobre quién es el anotador, se incluye la nota “Se presume Argamasilla de Calatrava”, a pie de página y a modo de aclaración de la célebre frase “En un lugar de la Mancha…”. La ceremonia de la confusión, o de las presunciones, como se ve, sigue celebrándose, al margen de cuantos permanecemos fieles a las fuentes clásicas. “No hay razón alguna para dudar”- afirma Teignmouth Shore, en su nota biográfica sobre Cervantes, en la edición del “Quijote” de The Hogarth Press – “que (Cervantes) fue en cierta ocasión empleado por el Prior de la Orden de San Juan en la Mancha, y que habiendo intentado desarrollar su misión en el pueblo de Argamasilla, tuvo ciertos problemas con sus habitantes y acabó encerrado en prisión”. Este pueblo (necesariamente Argamasilla de Alba, por ser la única Argamasilla perteneciente en la época al Priorato de San Juan), y no cualquier otro (Argamasilla de Calatrava indica con su propio y nobilísimo nombre de qué otra Orden dependía), es el que debemos tener como lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiso acordarse Cervantes. Ergo, ese “hidalgo de los de lanza en astillero, rocín flaco y galgo corredor…” que, según Cervantes nos dice, “había” en ese preciso lugar, únicamente pudo tener a la Argamasilla de Alba como patria. Obviamente, para este viaje no hacían falta tantas alforjas, pues forman legión cuantos vienen aseverando lo mismo desde el siglo XVIII. Ante la falta de pruebas en contrario de quienes , erre que erre, siguen negando lo evidente, la Ruta de López y Hermosilla va, como se dice vulgarmente, a misa. Y, según el principio clásico: “in claris non fit interpretatio”.

Como he podido comprobar, ninguno de las dos profesionales implicados en la ejecución del encargo era oriundo de población alguna española que posteriormente viniera identificada en la Ruta. El geógrafo, era natural de Madrid, y el ingeniero, de Llerena, provincia de Badajoz. De ello puede inferirse que el trabajo vino confiado a expertos absolutamente imparciales –en cuanto a su origen- y supuestamente capaces, por tanto, de llevarlo a cabo con toda objetividad. En cuanto a la fecha que he osado atribuir al mapa, ya que el mismo no fue datado en su día, sólo añadir que la he conjeturado teniendo en cuenta el año en que el ilustre geógrafo contaba 35 años de edad, y el célebre arquitecto rondaba los 55. Ni demasiado joven el primero, ni excesivamente viejo el segundo. En cualquier caso, edades suficientes para que López hubiera podido completar su ambicioso “Atlas Geográfico de España”(que tan a tiempo llegaría para la confección de la Ruta), y Hermosilla, sus célebres proyectos para el Convento de Trinitarios, Hospital General y Paseo del Prado, de Madrid. Trabajos éstos, indicadores de madurez y excelencia, que no podían pasar inadvertidos a un monarca interesado en emprendimientos solventes. No sería lógico pensar que personas de tal relevancia hubieran podido abordar con ligereza la ejecución del real encargo.

La alusión al tiempo transcurrido desde el año de fallecimiento de Cervantes, o desde la primera edición de su obra inmortal, tiene por objeto avalar los siguientes razonamientos complementarios: UNO, que

en el año 1765, en el que he supuesto el trazado de la Ruta, todavía debían de hallarse presentes y fácilmente identificables, muchas de las referencias toponímicas , topográficas y arquitectónicas (ventas, batanes, arroyos, bosques, etc.) que se mencionan en la Novela. DOS, que la información oral que podían proporcionar los lugareños (aún los de tercera o cuarta generación), tanto respecto a posibles viajes de Cervantes por las regiones recorridas más tarde por Don Quijote, como a la localización geográfica de lugares, caminos o pasajes de la Obra, hubo de ser mucho más útil y fehaciente entonces que cualquiera de las investigaciones – con frecuencia más retóricas que otra cosa – acometidas en siglos posteriores. Y TRES, que las noticias sobre personas reales en las que Cervantes hubiera podido inspirarse para la creación de sus personajes (v.g.: el Caballero del Verde Gabán, el bandolero Roque Guinart, y el propio don Alonso Quijano); o sobre los lugares en los que eventualmente vivieron tales personas, debieron de constituir una valiosa información – y “reciente”, podríamos añadir, desde nuestro remoto mirador actual – para aquellos prestigiosos profesionales que en el siglo XVIII habían recibido la regia comisión de establecer una ruta fiel a una obra literaria del XVII que ya era orgullo de las letras españolas, así como a la intención del Autor.

Debido a estas elucubraciones, se siente uno contrariado por todas esas rutas de moderno cuño que se han ido inventando y que con frecuencia parecen obedecer a extraños intereses de sus postulantes. Las teorías prodigadas por un sinfín de “expertos” y “anotadores” del “Quijote” acerca de la manida ruta – en las que se llega a impugnar a menudo a los impugnadores -, han logrado tejer un tupido velo de confusionismo que ya es imposible desentrañar. (“Los estudios cervantinos son tan caóticos, y las posturas tan contradictorias, que cada especialista disiente profundamente de la mayor parte de lo que se ha escrito”- afirma Daniel Eisenberg en su ensayo “A Study of Don Quixote”). Y tiene razón el norteamericano en esto, pues yo mismo, sin ser un especialista, disiento de muchas de sus apreciaciones, al igual que él disentirá del contenido del presente artículo, si llega a leerlo. Diríase que los nuevos “especialistas” se hallan, como Penélope, ante la problemática de un tapiz interminable, debida en este caso al deliberado extravío del patrón. El mismo Rodríguez Marín, por ejemplo, quien contribuyó con impagables aportaciones a un mejor conocimiento de la obra cervantina, pudo haberse dejado llevar por la fuerza de la sangre, o del paisanaje, al afirmar, en el discurso que pronunció en 1905 ante la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, este sofisma: “Destruida para siempre la absurda fábula de la prisión de Cervantes en la Argamasilla de Alba, no cabe duda que se refirió a la de Sevilla”. Huelga añadir el dato de que el prestigioso autor de “El Alma de Andalucía”, y de aquella sentencia, era natural de Osuna (Sevilla). He aquí por qué me ha parecido oportuno subrayar en esta reflexión que los autores de la “Ruta de 1765”, sí pudieron ser tenidos por imparciales en cuanto a su patria chica de origen, tanto por el soberano a la sazón reinante como por cualquier plebeyo quisquilloso como yo. O, si se quiere, aquel “tándem” de investigadores por designación real, pudo ser considerado bastante menos sospechoso de imparcialidad de lo que hoy se nos antoja el ilustre prócer andaluz. No cabe duda, en todo caso, que aquella culta Academia Sevillana, y Sevilla en pleno, tuvieron que quedar encantadas con el veredicto de un reputado intelectual bético que, para más inri, apuntalaba sus construcciones retóricas con el sólito arbotante: “de la Real Academia Española”. 

© 2009 José Romagosa Gironella

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2 comentarios en ““¡Pardiez, cómo está la Ruta!””


  1. Estoy de acuerdo con Vd. en todo. Es mas dibuje un plano sobre la ruta antigua con los posibles pueblos actuales que hay hoy. Lo puede ver en la Web geocities joriol2005 en el 2006 lo puse en una pagina de iespana que cerro y la perdi. Hoy me encuentro en online la pagina donde meten a Villanueva de los Infantes, hasta con la forma de decir mia – Salida sin Sancho-Salida con Sancho y Salida 2ª con Sancho.
    Vea mi pagina, seguro le gustara por estar mas ilustrada y a color casi toda la obra de Dore. Mas escenas de la vida de Cervantes.
    Saludos cordiales y espero sus noticias.
    Jose Antonio Campos


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