Por una nueva televisión


No descubro nada al afirmar que el medio televisivo es uno de los mayores responsables de la mala educación reinante. El instrumento de información más importante de todos los inventados .- Internet aparte – sigue encerrando un inmenso potencial que no hemos sabido aprovechar. Muy al contrario, los responsables de confeccionar las parrillas de programación se han esmerado en enriquecer a ciertas cadenas por el burdo procedimiento de fomentar el gusto por la vulgaridad y explotarlo después sin misericordia.
La violencia y el consumo de drogas, cuando no la pornografía, las burlas dedicadas a la religión y el politiqueo sectario, han pasado a formar parte de nuestro pan de cada día. Se menoscaban valores universales y se estimulan esas formas de libertinaje que luego hay que lamentar. La televisión tratada lúdicamente, como el circo de la antigua Roma, ha divertido al respetable con un humor soez y maldiciente, pero también ha hecho de España la avanzadilla europea de un nuevo comportamiento ácrata y barriobajero.
Ahí vemos, como consecuencia del ambiente transgresor que hemos creado, esos públicos patéticos de los platós televisivos que lo mismo aplauden a rabiar una parida, que otra diametralmente opuesta; o esos jóvenes sin proyecto que sólo parecen regirse por la consigna “carpe diem” (goza a tope del presente).
De lo que se come se cría, decimos, pero descuidamos dar a nuestros hijos, además de cariño y protección, el alimento moral e intelectual que durante su crecimiento necesitan. Descuidamos conversar con ellos en las sobremesas familiares, en el transcurso de las vacaciones, o, ¿por qué no?, después de ver juntos una determinada película “no apta para menores” (que no hay nadie como los padres para transformar en apto, a través de la crítica y el diálogo, cualquier mensaje dirigido a los adultos). El cariño y la atención constantes son, respecto a los hijos, la mejor receta; la única, en realidad, que usábamos tiempo atrás, cuando nuestros hijos no podían estar expuestos a la televisión, porque no la había, y los mayores disponíamos de tiempo para ellos.
Afortunadamente, por lo que se rumorea, pueden ser considerables los cambios que nuestra televisión pública proyecta llevar a cabo para mejorar – Dios lo quiera – su objetividad informativa y el interés y calidad de los programas. La eliminación de los espacios publicitarios, ya decidida por el Ente Público, contribuirá sobremanera a tal mejora. De otro lado, nos sobra talento y buen criterio para hacer una televisión nuestra, sin obedecer a pauta alguna de cavaliere extranjero, por mucha audiencia y mucho dinero fácil que esa pauta garantice. Ojalá que podamos tener muy pronto una TVE de categoría, vigilante de nuestra lengua (ya lo es en la mayor parte de los programas, gracias a la calidad de los guiones y de los presentadores), desvinculada del consumismo, y defensora a ultranza de los valores y modales que hacen a un pueblo respetable.

© 2009 José Romagosa Gironella

“Puntos sobre las íes” Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el 28 de Diciembre de 2009

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