Si yo tuviera una escoba…


Corrían los años sesenta cuando aparecieron Los Sirex, el único grupo musical de todos los surgidos en nuestro país que ya ha cumplido medio siglo de actividad artística. ¿Quién no recuerda aquella canción que se titulaba “La Escoba” y las lacras que su letra nos proponía barrer de la faz de la tierra?
Por desgracia, el dinero “que es la causa y motivo de tanto desespero”, sigue siendo adorado como un dios, y nada ha conseguido “barrer bien profundo todas cuantas cosas sucias se ven por los bajos mundos”. El egoísmo y el afán de enriquecimiento, y la pervivencia de la maldad y la mentira nos han abocado, ya en el siglo XXI, a esta crisis que nos aflige y que sólo tiene la virtud de hacernos reflexionar.
Eran los años en los que se construía el muro de Berlín; los de la guerra fría. Años en los que el comunismo ignoraba todavía el monumental descalabro que pronto iba a sufrir. Las ideas de Karl Marx seguían amenazando con dominar el mundo, como habían intentado hacer las de un iluminado austríaco un par de décadas atrás. Y he aquí que otras ideas distintas, las defensoras del capitalismo que Marx había demonizado en su célebre Manifiesto y en Das Kapital, emergieron reforzadas. Luz verde, pues, en todo el mundo desarrollado, para el enriquecimiento sin freno de listos y demás parásitos. Y ahora, como no podía ser menos, esta crisis… 
Es la hora de ponerse a barrer. Hay demasiada basura acumulada por doquier que es necesario quitar. La sociedad desarrollada, que ahora vemos derechizarse para hacerse más burguesa de lo que las izquierdas han logrado hacerla, está finalmente percatándose de que es necesario hacer sábado a fondo, sobre todo en las irrespirables alcobas del sistema financiero (paraisos fiscales incluidos, ¡qué dificil!) y en todos los sótanos plagados de asquerosas cucarachas.
Hay que sanear el sistema que llamamos democrático para evitar que los amiguetes de los políticos que elegimos accedan al poder a dedo y se comporten como chorizos. El amiguismo y el nepotismo deberían erradicarse de la función pública, al igual que todo hábito tendente a convertir un partido político en un refugio para afines, o una secta, y a su líder carismático en incontestable primum inter pares. Y en cuanto al presumible y humano afán por sacar tajada de la cosa pública, nada habría más fácil que controlar con auténtico rigor los incrementos patrimoniales.
El rencor histórico y los antagonismos viscerales, por tratarse de patologías, deberían incapacitar al paciente para el ejercicio del poder. Así lo postuló Bertrand Russell en su acerado ensayo  Esos enfermos que nos gobiernan (1977). De igual forma, deberíamos admitir sin reservas, como ha señalado José Bono en un reciente artíclo, que “socialismo y cristianismo pueden ir simultánea y positivamente de la mano”, es decir, conviviendo en paz bajo un mismo techo (cosa que un servidor de ustedes no ve tan fácil de lograr). Y ej que para arreglar bien una casa que se ha de compartir, no sólo hace falta una escoba, sino ganas de arreglar
 

© 2009 José Romagosa Gironella

“Puntos sobre las íes”.
Artículo publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el 29 de julio de 2009
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