¿Hay alguien ahí?


Siempre que me pongo a escribir algo como esto, me asalta la desalentadora idea de que nadie llegue a leerlo. Ignoro si les ocurrirá otro tanto a mis vecinos de esta “tercera” que La Tribuna reserva a columnistas de opinión, y a fe mía que he de preguntárselo cuando les vea en el almuerzo que el Director nos da anualmente (y que debe de estar al caer). Observador de la vida que transcurre a mi alrededor (hasta el terrícola más humilde es egocéntrico), he podido comprobar que casi todos los que hojean el periódico en un bar se contentan con leer sus páginas de deportes. Por eso me pongo tan ufano cuando Manolo Polo, Antonio Granados o Pío Gómez me llaman para comentar – opinión sobre opinión – mi ocurrencia del lunes. Y esos tres, o cuatro lectores contados son a la postres los culpables de que uno siga en esta brega.
Pensando en mis colegas opinantes, más que en mí mismo, deseo referirme hoy a ese gusanillo que les mueve a comerse el coco sobre lo que pasa en el mundo, y sobre el sexo de los ángeles si se tercia, para poder brindar sus conclusiones a su ocasional lector. Den o no con la verdad en sus reflexiones, los columnistas Op-Ed (que así llaman los anglosajones a los inquilinos de esta página “opuesta a la editorial”) aportan una serie de opiniones susceptibles de proporcionar, en su conjunto, una interpretación estereoscópica de la realidad y de cualquier idea que hayan explorado. Creo poder afirmar que este combinado de opiniones sobre un mismo hecho o idea, lejos de confundir al lector le ayuda a desarrollar su propio y personal criterio. Mientras el periodista puro debe abstenerse de verter juicios de valor, el Op-Ed puede prodigarlos como si tuviera bula; privilegio éste que se extiende al Editor (o al Director por nuestros pagos). Y aún se podría añadir que los columnistas de opinión formamos una disparatada orquesta en la que, como en la vida misma, cada músico interpreta su propia composición.
Tengo para mí, además, que el morbo de esta modalidad periodística radica en que raramente un columnista coincide en todo con otro. Incluso puede ocurrir que uno viva encastillado en las antípodas de otro, lo cual no es malo en democracia ya que adereza la ensalada de un periodismo Op-Ed que sólo aspira a ofrecer un abanico de propuestas eventualmente aprovechables. En cualquier caso, siempre es de desear que ese meditador locuaz pertenezca al linaje de aquellos que de lo oscuro aspiran a lo claro, y no al revés. Y que en lo tocante a la política, o la moral, sepa compartir el buen juicio de Montaigne que equiparaba la razón a una taza con dos asas, que tanto se puede coger por la izquierda como por la derecha.

© 2009 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre las íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 2 de noviembre de 2009

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El artículo transcrito más arriba dió pie a una “Carta al Director” del ciudadrealeño ANDRÉS GÓMEZ ALMANSA, que apareció publicada en La Tribuna el 20 de Diciembre de 2009, bajo el título “UNA CITA LOS LUNES CON EL MAESTRO PEPE ROMAGOSA:
 
“Sr. Director:
Todos los lunes leo con cierto interés las opiniones que certeramente realiza en la tercera página del diario que usted dirige, el señor Pepe Romagosa, en los Puntos sobre las íes. Sin lugar a dudas pone ese punto de experiencia, conocimiento y profundidad con opiniones dispares en temas de todo tipo y siempre con una enseñanza que se puede deducir de todos sus escritos. Puede decir, señor Romagosa, que ya cuenta con otro lector. Seguramente tiene muchos, pero en referencia a lo que en uno de sus artículos decía de que tenía tres o cuatro lectores asiduos, y nada más, le pido que me considere el cuarto en su cuenta. De su saber estar y bagaje supo introducirnos con su producir del Quijote (con todo conocimiento), y yo con derecho propio intento también ser Quijote y Sancho, llevando desde muchos años a La Mancha por todos los sitios.
No ceje en su quehacer y siga ofreciéndonos en sus puntos sobre las íes tan oportunas opiniones. Puedo decir que tuve que profundizar en la obra de Cervantes cuando estudiando PREU nos tocó desarrollar el Quijote, llevados de la mano de un erudito y eminente profesor, recientemente fallecido, Don Bernardo Villazán, que con su conocimiento nos hizo valorar la obra de Cervantes.
Siga en esa línea de gran comunicador y que me cuente desde hace semanas entre sus lectores.”
 
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Nota de Pepe Romagosa (1 de Enero de 2010).-
 
Gracias, señor Gómez Almansa, por su cariñoso escrito, aunque se pase usted muchos pueblos al suponerme (como hace en el título de su carta) “maestro”; porque apenas soy un especimen de lo que Cervantes llamó “un curioso impertinente”. En cualquier caso, me siento muy honrado con su fichaje. ¡Ya tengo cuatro

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2 comentarios en “¿Hay alguien ahí?”


  1. ¡Buenas…nos de Dios!
    Vuelvo a encontrarle, y me da mucho gusto. ¡Qué pequeño es Internet!
    Pepe


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