La historia interminable


¡Qué poco hemos avanzado desde el lejano tiempo de los bárbaros! La gran revolución tecnológica que estamos viviendo nos produce la ilusión de que hemos progresado, pero es sólo un espejismo. La sociedad humana fracasa irremisiblemente en su afán por conquistar la paz y erradicar el hambre y la marginación en el mundo. Desespera constatar que en la última centuria la Humanidad haya sufrido más bajas, a causa de las guerras, que en todo su devenir anterior. Ni tan siquiera la democracia, que solemos considerar el mejor instrumento para canalizar la voluntad de los pueblos, ha evitado que éstos acaben eligiendo, con demasiada frecuencia, los líderes más peligrosos. Y ahí donde no hay democracia, los golpes de estado y las luchas intestinas entregan el poder a déspotas de la peor ralea.
Poco ha cambiado el mundo desde Gengis Khan, Alejandro Magno o Atila. Y si volvemos la oración por pasiva y aceptamos que ha cambiado, la mudanza nos hace temblar, dado el inmenso poder de destrucción que las nuevas armas han puesto a nuestro alcance. Hemos liquidado, sí, las tremendas secuelas de la Segunda Guerra Mundial; acabamos con la guerra fría y hemos visto desaparecer el telón de acero, el muro de Berlín y la Unión Soviética. Se ha reunificado Alemania y archivado (si es que cabe en alguna memoria tal archivo) las igualmente terribles guerras de Corea y Vietnam, y un sinfín de cruentos genocidios que jamás debieron producirse. Pero seguimos en las mismas. La Humanidad sigue sin aprender nada de la Historia por reciente que ésta sea.
Mientras surgen algunas esperanzas con respecto a Corea del Norte, o Cuba y a otras naciones que durante décadas han venido hurtándonos la tranquilidad, vemos complicarse gravemente la situación en ciertos países de Asia e Hispanoamérica. Venezuela pasa un pedido de tanques y misiles a Rusia y la pesadilla del castrismo vuelve a tener un sucesor. Kruschev pasó a la Historia y Castro está en capilla, pero la Historia se repite fatalmente. ¿Volvemos a la bipolaridad? ¿Pretende el dictador bolivariano aumentar la inestabilidad del continente? ¿Estará soñando en nuevas Angolas y Mozambiques en la zona? Ésta  y no otra podría ser la razón de su compra de armamento a los rusos.
Ante hechos como estos, uno no puede menos de preguntarse a qué ley no escrita responderá el fenómeno de que, con la de seres humanos que hay de gran valía, siempre acabe acaparando el poder un Stalin, un Hitler, uno u otro Roosevelt, un Mobutu, un Videla, uno u otro Bush, un Obiang o cualquier otro chalado peligroso. Y a uno también le sorprende la hipocresía de esa amabilidad oficial con que solemos tratarles. Pero lo más chocante de nuestro sórdido historial es, de lejos, el inmenso sinsentido de llamar a nuestra especie “sapiens”.

 

© 2009 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre las íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 21 de septiembre de 2009
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