¡Otra vez a vueltas con mi vecino!


Auque la función de un periodista de opinión no sea precisamente la de dar su parecer sobre lo que ha opinado un colega, hay circunstancias que no le dejan otra salida. Tal es el caso del artículo de mi vecino de arriba en esta “tercera” de La Tribuna – don Luis Domingo Sánchez Miras – que leí el pasado lunes y que comenzaba así: “Como es público y notorio, los catalanes son unos demoníacos separatistas, perseguidos por otro endemoniado: el presidente del Gobierno de España”. En mi condición de catalán – felizmente amanchegado pero catalán al fin – me veo obligado a comentar ese encabezamiento que, amén de desafortunado, habrá herido innecesariamente la sensibilidad de más de un catalán fervientemente españolista como yo, y de cuantos conozcan mínimamente Cataluña.
¿Qué estudio ha llevado a cabo mi vecino para aseverar la especie de que los catalanes (hay que suponer que se refería a todos) son separatistas? En verdad que no le entiendo. Los sucesivos comicios que se han celebrado en Cataluña han demostrado claramente que si bien existe un nutrido y definido grupo de catalanes secesionistas, antimonárquicos o insolidarios, la gran mayoría de los ciudadanos de esa región no está por tal labor, sino por la de verla progresar dentro de un Reino de España igualmente pujante. Si hubiera realizado esa encuesta habría podido comprobar que el mestizaje y la nueva realidad multiétnica de esa Comunidad Autónoma puede haber cambiado la mentalidad de sus gentes, pero nunca hasta el punto de que seis millones de catalanes sean hoy separatistas, que es lo que la exageración de mi colega podría dar a entender, si no la refutáramos.
Este episodio me trae a la memoria un mitin del partido comunista al que tuve la curiosidad de asistir en Milán hace más de cuarenta años. Lo presidía el honorable Togliatti, y yo, sin ser italiano, ni comunista, me apresuré a ocupar un asiento en las filas delanteras del gran salón. En un momento de aquel multitudinario acto tomó la palabra un militante para defenderse de la acusación de haber sido fascista en sus años mozos. “Milité con Mussolini” – vino a decir – “por la misma razón por la que todo joven de 25 años es hoy fascista en España”. Ante tamaña inexactitud, me puse en pie para rebatirle. “¡Non sono mica d´accordo!” – le espeté – “porque yo soy español, tengo 27 años y puedo asegurarle que no soy en absoluto fascista y que tampoco lo es la mayoría de españoles de mi edad”.  Recuerdo el impacto de una docena de flashes en mi rostro, así como que vine aplaudido por parte de los circunstantes y – lo peor de todo – que mi fotografía apareció a la mañana siguiente en varios diarios milaneses; motivo éste más que suficiente para que durante los meses restantes de mi estancia en Italia no pudiera dejar de pensar en el momento de mi regreso a la España anti comunista de Franco. 
La hipérbole de mi vecino y esta otra que me he permitido narrar, se parecen como dos gotas de agua. Y en lo tocante al separatismo, habría que ver quién es más de culpar, si el separatista que lo busca, o el separador que lo promueve.
 

© 2009  José Romagosa Gironella
“Puntos sobre las íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 02 de marzo de 2009

 

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