El mayor espectáculo del mundo


El mayor “espectáculo” del mundo, pero no el más grandioso sino el que debería hacernos sentir la mayor de las vergüenzas, no es otro que la pertinaz indiferencia de los países ricos ante los crecientes sufrimientos de los países pobres. Se nos llena la boca hablando de solidaridad de cara a las galerías; afirmamos suscribir la Declaración Universal de los Derechos Humanos y nos enorgullece pertenecer a una de esas civilizadas naciones cuya constitución proclama solemnemente que todos los hombres son iguales; es decir, que tienen los mismos derechos. Mas, ¡ay!, la verdad es que parece importarnos un bledo lo que le suceda a ese tercio de la Humanidad que sufre toda suerte de penurias y privaciones. Esta es la triste realidad. Mientras a nosotros no nos falte de nada, el mundo puede seguir siendo un infierno para los que han tenido “mala suerte”. En la medida en que el hambre atroz, o la enfermedad sin medios con que combatirla no afecte a nuestros “seres queridos”, podremos seguir viviendo holgada y confortablemente. “¡Ojalá que la crisis no nos obligue a renunciar a nuestros lujos!” – es el común deseo que en el mundo rico abrigamos.
Decenas de africanos han muerto en las últimas semanas en el mar, en un desesperado esfuerzo por alcanzar el mundo rico; pero las presentadoras de televisión nos informan de estas tragedias sin mudar el gesto. No sé cuántos cadáveres de bebés habrán tenido que ser arrojados por la borda esta semana, pero si sé que la noticia se nos dará, sereno el ademán, como se dan las cotizaciones de bolsa. ¿A qué extremos de indiferencia vamos a llegar?
Se reúnen los líderes de las naciones más poderosas de la tierra para tratar del Tercer Mundo, pero no resuelven nada. Un “power point”  que me envía un amigo ocioso, muestra fotográficamente los productos de alimentación que una familia media consume en una muestra de doce países. El costo de estas cestas de la compra oscila entre los 900 euros semanales en algunas naciones ricas, y los tres euros por semana en determinados países pobres. En Senegal, entretanto, una multinacional tabaquera vende al precio de un euro el mismo paquete de Marlboro que en España cuesta tres, para ir creando hábito en ese país de mínimo poder adquisitivo en el que un euro puede equivaler al salario de un día (para el afortunado que tiene un empleo, naturalmente).
La ceguera de los poderosos del mundo ante el mundo marginado, les impide ver que la ayuda a los países subdesarrollados les permitiría lograr un lucro en el futuro. Y la insolidaridad de los que vivimos en el mundo rico es la protagonista de esta tragedia que, como decía al principio, constituye el mayor de los “espectáculos” –  el más cruel e ignominioso – que podemos contemplar en nuestro absurdo tiempo histórico.

© 2008  José Romagosa Gironella
“Puntos sobre las íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 14 de julio de 2008

 

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