El Guadiana muere en Ruidera


“El Guadiana ya no nace en las Lagunas de Ruidera”. Así reza el triste titular que encabeza un reciente y bien documentado artículo en El País. ¿Tendremos que decir a nuestros jóvenes que el Guadiana, el Nilo de la Mancha, hastiado de tanto saqueo y pillaje, se ha ido a nacer a otra parte? ¿Cómo vamos a explicarles que mientras el Ebro, por ejemplo, seguirá naciendo en Fontibre, como hace un millón de años, el Guadiana ya no brotará más de la tierra de Ruidera porque malvendimos su primogenitura por un plato de hortalizas? ¿Colgaremos el muerto a los infinitos pozos ilegales que sangraban el acuífero mientras mirábamos hacia otro lado, o a esos otros, “legales”, cuya perforación tan imprudentemente consentimos?  Los chicos, por fortuna, no aquilatarán la importancia del desastre, porque son demasiado bisoños para apiadarse de un mar subterráneo que no ven, o condolerse por un río mutilado que pronto dejarán de ver. Se limitarán a coger el tippex y quitar del mapa un par de centímetros de ondulante línea azul: de Ruidera al borde occidental de las Tablas de Daimiel, para ser precisos.   El maltrecho Acuífero 24, incapaz de seguir bombeando más hectómetros de agua tras tantos arponazos, pasa el relevo a su vecino, el 23, que tampoco está ya para estos trotes. ¡Cómo iba estar en mejor forma si ya venimos extrayéndole al pobre mucha más agua de la que recarga! Pero, ¿y los mayores?. ¿Nos hemos apiadado los mayores de ese mar, o de ese río? ¿Se han condolido los regantes, en su ceguera, al descubrir que también los Ojos del río se cegaban y las Tablas y demás humedales del sistema agonizaban de sed?  Leemos en el artículo citado que ciento ochenta y dos kilómetros del Guadiana se han perdido en su cabecera, y sobrecoge pensar que acaso nuestros jóvenes tengan que peregrinar algún día cauce seco abajo, para poder encontrarlo, ancho y ufano -¡e incluso navegable!-, allá por las vegas extremeñas o lusitanas.  ¡Qué tristeza, amigos, que tras un año como éste, único en medio siglo, en el que el espejismo de las lluvias nos ha permitido gozar del oasis manchego en su máximo esplendor, tengamos ahora que admitir que podemos perderlo para siempre! Señores políticos, señores confederados hidrográficos, señores regantes: poneos de acuerdo de una maldita vez para salvar con generosidad y talento esta región exuberante de la tierra de Don Quijote. Que los que vengan después puedan seguir embriagándose contemplando, como pudimos contemplar nosotros, el insólito espectáculo de este río guasón que, tras dejarse alumbrar por la tierra, teje ganchillo con ella. Que no seamos los últimos en gozar de estas lagunas lapislázuli que ora fluyen apacibles entre los lirios y las espadañas del Parque, ora saltan, blancas y alborozadas, en su atracción favorita: el Hundimiento.   Como resumió el Ayuntamiento de Argamasilla de Alba al prologar un magistral estudio de José Díaz-Pintado, debemos “denunciar y combatir cualquier intento, soterrado o abierto, de alterar, manipular, secuestrar o supeditar a intereses particulares este natural y verdadero bien común que es el Alto Guadiana”.

© 1998  José Romagosa Gironella

 

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