La “matriz” y el “matrimonio”


El tan debatido asunto de las parejas homosexuales y del nombre que habrá que dar a las uniones civiles de un hombre con otro hombre, o de una mujer con otra mujer, demanda, en opinión de este columnista, un razonamiento linguístico. La palabra “matrimonio”, por lo que veremos enseguida, no sería en modo alguno aplicable a tales uniones, salvo que no nos importara cometer una incorrección semántica de gran calado, ya que dicha palabra, por su etimología y por el uso específico que desde antiguo se viene haciendo de ella, únicamente puede referirse a: (1) “uniones de hombre y mujer concertadas mediante determinados ritos o formalidades legales”; y (2) “en el catolicismo, al sacramento por el cual el hombre y la mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las normas de la Iglesia”.
¿Por qué sólo debemos utilizar ese nombre de “matrimonio” para significar la unión heterosexual de dos seres humanos, es decir, de un hombre y una mujer? La respuesta, Etimología en mano, nos la proporciona su propia raíz latina “matrix” (matriz) en su definición de “víscera hueca, de forma de redoma, situada en el interior de la pelvis de la mujer y de las hembras de los mamíferos, donde se produce la hemorragia menstrual y se desarrolla el feto hasta el momento del parto”. La voz “matrimonio” está, por tanto, íntimamente asociada a la presencia de una “madre”, así como a la idea de la procreación o de continuación de la especie; para lo que es igualmente imprescindible un “padre” que insemine.
Para los creyentes, en la mayor parte de las religiones, dicho proceso no hace más que realizar el designio divino de continuar y multiplicar la vida creada. Para quienes no creen en tal designio, resta con peso más que suficiente la importancia biológica de la madre, junto a la del padre, en toda unión animal, incluida la de los mamíferos racionales.
Por extensión, también llamamos “matriz” a esos moldes compuestos de “macho” y “hembra” que, debidamente acopladas ambas partes, nos permiten reproducir mecánicamente multitud de objetos; resultado que sería imposible de conseguir con dos partes iguales, es decir, con dos machos o con dos hembras.
Según el presente razonamiento, que es esencialmente lingüístico, los legisladores deberían acuñar un nuevo término ad hoc para distinguir las uniones civiles de personas del mismo sexo, o mejor aún, un nuevo nombre para la unión de dos mujeres, y otro para la unión de dos hombres. Tal vez fuera esta última fórmula la más correcta, aunque siempre habría que contar con la opinión de los colectivos concernidos, y con la nada fantástica expectativa de que algún día se tengan que buscar un nuevo nombre para uniones civiles de tres personas del mismo sexo; o para otros variantes sin numerus clausus que este columnista renuncia por el momento a imaginar.
 

© 2004  José Romagosa Gironella

“Puntos sobre las íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 27 de diciembre de 2004
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2 comentarios en “La “matriz” y el “matrimonio””

  1. Andrés Says:

    Qué comentario más trasnochado. Bajo esa línea de pensamiento, las mujeres no podrían tener «patrimonio».

  2. lic. Efren Gomez Ramirez Says:

    completamente de acuerdo con usted lic. Efren Gomez Ramirez


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