Les presento a “mi señora”


No todo en materia de lengua tiene que ver con la gramática; también entran en juego los usos sociales. Expresiones como la que aparece en el título de esta columna, se me antojan “inconvenientes”, porque no están de acuerdo con los usos y costumbres de las personas cultas que usan la lengua con propiedad. Las personas medianamente educadas emplean hoy la fórmula “les presento a mi mujer” o, “…a mi esposa”, cualquiera que sea su rango social. Ninguna persona culta pensará que el uso de la palabra “mujer”, en lugar de la de “señora”, encierra menosprecio alguno para con la cónyuge. Pero las de un nivel bajo de estudios, o poco versadas en eso que llamamos “mundo” (“tener mundo”), parecen creer lo contrario. Una de las consecuencias de ese desprestigiado uso de “mi señora”, es la información que inmediatamente proporciona sobre la precariedad cultural del hablante; circunstancia ésta que nunca urge desvelar.

La costumbre de utilizar el posesivo “mi mujer”, o “mi esposa”, en lugar de ese inoportuno “mi señora”, tiene su correspondencia en los “mia moglie”, “my wife”, “ma femme”, “minha mulher” y “la meva dona”, de los idiomas hablados en nuestro entorno. Ningún inglés, salvo que se tratara de un Robin Hood redivivo, nos presentaría a su “lady”; ningún italiano a su “signora”, y ningún francés a su “madame”. Tampoco los portugueses, ni mis paisanos catalanes, se desmarcan de esta norma general.   

También reviste gravedad el uso de ciertos vulgarismos de este tenor: “me se olvidó…” o, “te se cayó…”. Obviamente, ésta es una falta sintáctica que en la actualidad apenas cometen ciertas personas mayores escasamente alfabetizadas, es decir, aquellos españoles que crecieron en épocas menos boyantes que la actual – y menos justas –  y no tuvieron  ocasión de ejercer su legítimo derecho a la igualdad de oportunidades, aunque sí lucharon con denuedo por esta nueva España de universitarios; la de sus hijos y nietos. Por ello, nunca deberíamos despreciar su peculiar forma de hablar, por chocante que nos parezca. Pero nuestra comprensión no “quita” que sería muy beneficioso conseguir la generalización de los convencionalismos sociales, en favor de la igualdad educativa que perseguimos; y por la misma razón que nos aconseja – a todos – no llevarnos el cuchillo a la boca, ni la pala del pescado; no comer a dos carrillos; o no dejar plantada la cucharilla en la taza del café.

© 2003  José Romagosa Gironella
“Puntos sobre las íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 29 de diciembre de 2003
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