“Power points”


A pesar de la exageración de mensajes no solicitados que nos llegan por Internet, hay que reconocer que algunos merecen la pena que los leamos, e incluso que los divulguemos. Tal es el caso de uno de los que he recibido y que intentaré resumir en esta breve columna. No en vano hemos dado comienzo a esa época del año en la que pensamos más en Dios, el Creador de todo lo que existe.
La historia que se narra en el mensaje en cuestión, sucedió, a comienzos del siglo XX, en una universidad alemana en la que el rector y varios profesores se disponían a iniciar un coloquio con los alumnos. Uno de los profesores – ya entonces había descreídos militantes – rompió el hielo con la siguiente pregunta: “Creen ustedes que Dios es el creador de todo lo que existe?”, a la que todos los alumnos contestaron afirmativamente.  “Entonces” –  siguió diciendo el enseñante – “si Dios lo creó todo, también creó el mal, pues el mal existe; luego, tenemos que sacar la conclusión de que Dios es malo”. Los jóvenes, sorprendidos por aquella reflexión, permanecieron en silencio. Mas he aquí que uno de ellos, de aspecto algo escuchimizado, levantó la mano y pidió permiso para hablar.
-¿Puedo hacerle una pregunta, señor? – inquirió.
– Lógico… – fue la repuesta.
El muchacho preguntó al profesor si existía el frío.
– Claro que sí. ¿Acaso nunca lo ha sentido? – contestó el maestro.
– En realidad, señor – continuó el alumno – el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío sólo es ausencia de calor; y el cero absoluto es la total ausencia de calor. Todos los cuerpos quedan inertes, faltos de energía e incapaces de reaccionar. Pero el frío, lo que entendemos por frío, no existe; es una simple definición para describir cómo nos sentimos ante la ausencia de calor.
Y sin darle tiempo a replicar, espetó al maestro:
– Dígame, señor, ¿existe la oscuridad?  
El profesor le respondió afirmativamente.
– No, señor, la oscuridad tampoco existe. Sólo es ausencia de luz. – Y añadió: la luz, la podemos estudiar a través del prisma de Nichols, que la descompone en varios colores según su longitud de onda. Pero la oscuridad, no. Únicamente podemos saber cuán oscuro es un espacio, midiendo la cantidad de luz que hay en él. “Oscuridad” sólo es el nombre que damos a la ausencia de luz.
Finalmente, el alumno preguntó al profesor si existía el mal.
– Ya lo he dicho al principio: el mal existe – fue su respuesta.
– No, señor profesor, el mal es únicamente la ausencia de bien; es, apenas, como en los otros casos que he expuesto, la definición que el hombre inventó para describir la ausencia de Dios. Dios no creó el mal: es el triste resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los seres humanos.
El joven vino aplaudido por todos los asistentes puestos en pie, y el propio rector se le acercó a preguntarle su nombre.
– Me llamo Albert Einstein, señor – respondió el estudiante.

© 2010  José Romagosa Gironella
“Puntos sobre las íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  22 de febrero de 2004
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