Crónicas de África – II – Deportes de ricos en países de pobres.


I Rames Guyana - Río Senegal

A punto de presenciar la salida de la "I Rames Guyane" en el río Senegal

Es curioso comprobar lo mucho que África atrae a deportistas y aventureros del mal llamado Primer Mundo. Desde que desembarqué en Ceuta con mi viejo Jeep, hace casi tres semanas, para atravesar luego en solitario cuatro países de esta parte occidental de África, me he topado con expediciones deportivas de todo tipo.
Entre ellas puedo destacar la Premiere Transafricaine Classic, para 4 x 4 antiguos, con ochenta participantes franceses, “señoritos” a todas luces y equipados hasta las cejas con esos sofisticados extras – gepeeses y demás – que en esta parte del mundo son de nula utilidad. Siguen siendo los brazos y la pala, como he podido experimentar varias veces en el desierto, los mejores recursos tecnológicos para salir de apuros; al igual que, obviamente, llevar un vehículo debidamente preparado para superar con éxito las dificultades del terreno y las inclemencias del tiempo. En cuanto a esta última condición, nunca agradeceré bastante a mis amigos de Malagón – los mecánicos Santiago y Raúl Muñoz – el trabajo de cine que hicieron con mi animoso Jeep (al que sólo le falta hablar), sobre todo en lo tocante al efectivo sistema de refrigeración que le instalaron.
En otra ocasión me tropecé, tras dejar atrás Casablanca (donde curiosamente se celebraba, miren qué casualidad, el XXX Aniversario de la infausta Marcha Verde), con un grupo de aventureros, catalanes como yo, que regresaban de Dakar en dos potentes 4 x 4, y en cuya compañía tuve el raro privilegio – raro por encontrarnos lejos de España y en medio de ningún lugar – de descorchar una botella de cava recién sacada (otro lujo inesperado) de una bien provista nevera. El objetivo de estos viajeros, según supe, no era otro que brincar con sus vehículos por las dunas y atravesar a gran velocidad las llanuras saladas. Lo que les decía al principio: deportes de ricos en países de pobres.
El gusto por la velocidad que muchos europeos vienen a experimentar en estas vastas soledades, me recuerda un documental realizado para televisión por la firma española Santiveri, que se emitió en España con ocasión del último París-Dakar, en el que un niño mauritano, sentado de cuclillas al borde de una pista del desierto, contemplaba el paso de los potentes bólidos. “Toi, qui passes sí vite…” (tu, que pasas tan deprisa…), les gritaba. “Tú, que pasas tan deprisa…, ¿por qué no paras un instante para conocer cómo somos, cómo vivimos y cuál es nuestra cultura?” “Te has detenido alguna vez a gustar de nuestra hospitalidad y de todo lo que podemos ofrecerte, aún sin tenerlo?” “¡Párate alguna vez, amigo…!” – venía a ser su ruego final.     
Pero regresando al deporte les diré que en un camping mauritano sorprendí a los participantes de otro rallye holandés, mucho más interesante que los anteriores – el Amsterdam-Dakar Challenge -, de casi cien participantes con excelentes vehículos; los mismos que durante todo aquel día habían venido adelantando sin piedad a mi viejo Jeep, causando más de un sobresalto a su aún más viejo conductor.

Vehículo del Amsterdam - Dakar Challenge 2006

Vehículo del Amsterdam - Dakar Challenge 2006

Al establecer contacto en su vivac, donde se bebía y cantaba, me enteré de que el motivo de aquel rallye consistía en vivir, primero, una aventura; vender, después, todos los vehículos en el mercado senegalés – uno de los más importantes del mundo para vehículos de segunda mano -; y destinar, finalmente, el producto de la venta a distintas obras humanitarias en el propio país. Me informaron de que dicha “operación” la realizan con frecuencia, con el patrocinio de decenas de instituciones y empresas holandesas.

Patrocinadores del Amsterdam - Dakar Challenge 2006

Patrocinadores del Amsterdam - Dakar Challenge 2006

Razonable idea – pensé – que ofrece a los holandeses ricos la doble satisfacción de pasárselo bomba en parajes exóticos, comprar coches nuevos al regreso, y aliviar a un tiempo su conciencia. Y es que el ocio, amigo lector, tiene un sentido distinto si se torna solidario.
Al llegar a San Luis, cuna del jazz africano y ciudad ex francesa muy parecida en su aspecto a su lejana pariente Nueva Orleans – cuna ésta, a su vez, del dixy (o jazz americano) – me encuentro con la sorpresa de poder presenciar la salida, en una mañana radiante en la que el sol riela sobre el río, de la primera regata trasatlantica ” a remo” – la Rames Guyanne 2006 – en la que participan 16 bregados deportistas llegados de Francia, Bélgica y Guayana Francesa, dispuestos a recorrer en cincuenta días, ¡y a remo!, las 2700 millas náuticas que separan San Luis de Senegal del puerto de Cayenne, en la Guayana, por la antigua ruta de los esclavos.

Embarcaciones participantes en la "I Rames Guyane"

Embarcaciones participantes en la "I Rames Guyane"

También ésta es una competición para ricos, pues cada embarcación, monoplaza insumergible de 8 metros de eslora, cuesta la friolera de cien mil euros, y su propietario ha tenido que traerla desde Europa a este puerto fluvial africano, además de contribuir a los gastos de trasladar desde Francia un vistoso barco de apoyo que acompañará a las canoas participantes durante las primeras singladuras de esta peligrosa travesía sin escalas. Hablo con los organizadores y con algunos de los participantes, llamándome la atención la única mujer inscrita – Sophie Macé, 46 años, de las Landas – y el también francés, Jo Le Guen, 59 años, de Brest, el más viejo de la regata y patrón de una embarcación en cuya amura figura impresa la leyenda que traduzco aquí del francés: “¿El hombre, o el mercado?- 2007, la hora de la elección”. Es el nombre que ha dado a su canoa para promocionar las ideas contra el liberalismo financiero que viene defendiendo en Francia, de cara a las elecciones generales del año próximo. Otro deportista rico deseoso de descargar su conciencia.., o de aumentar su capital. Quí lo sá!  Lamentablemente, y según me dicen por problemas de dinero, no toma parte en esta prueba el regatista español Javier Samso, que en principio estaba inscrito. Y tampoco participa, debido al mismo problema,  ningún senegalés. Lo que les decía: África sigue siendo el  feudo de blancos adinerados.

Embarcaciones en línea de salida...

Embarcaciones en línea de salida...

Las limitaciones de índole económica hace que muchos africanos acaben complicándose la vida con actividades ilícitas. El diario L´Obs (acrónimo de L´Observateur), de Dakar, publica la noticia de que el senegalés Ablaye Mbaye, que era hasta hace poco el delentero centro del equipo nacional de futbol de este país, ha sido detenido. Parece ser que decidió colgar las botas y adquirir dos pirogues (nombre que también se da a los cayucos) con los que poder dedicarse a la pesca. Mas he aquí que acaba utilizándolos para el mucho más rentable negocio de la emigración  ilegal. Y empieza a organizar viajes, con la playa de Yaralch como punto de partida, hasta que uno de sus “clientes”, al que debido a un error ha dejado en tierra, le denuncia. No se trata de una gran noticia, pero viene a reforzar lo que les señalaba en mi crónica anterior: que las autoridades senegalesas se han puesto por fin las pilas, y hasta la prensa local ha empezado a denunciar libremente estos casos de tráfico ilegal de personas. Algo está logrando España por la vía diplomática. ¿O será por la económica?  
Ya que lo deportivo conforma la mayor parte de esta crónica, me parece oportuno resaltar que en todos los países africanos visitados he podido descubrir nativos que lucen las camisetas del Barça. Debo de haber visto centenares. Uno llega a preguntarse qué habrá hecho el club catalán en esta parte del mundo para contar con tanta popularidad. Muchas de estas camisetas llevan impreso en la espalda el nombre de Ronaldinho. Hasta un pastorcillo marroquí cuyas cabras estaban subidas a lo alto de un argán (árbol tan omnipresente en Marruecos como  la encina y el olivo en España), lucía con orgullo la citada prenda. Una de las fotografías que ilustra esta crónica es, precisamente, de ese simpático rabadán.
La perfecta información que en estas latitudes se tiene de España, se debe a la proliferación de antenas parabólicas que permiten sintonizar con los canales de televisión españoles. Hasta en las villas-miseria marroquíes y saharauis casi no hay una chabola que no disponga de su propia parabólica, sujeta o atada de alguna forma a las chapas que hacen las veces de tejado. La televisión es el único lujo que estas gentes marginadas pueden ofrecerse. De aquí que el futbol español sea tan popular por estos pagos. Pero también la televisión provoca en estas gentes, con los programas típicos de nuestro primer mundo consumista, una mayor consciencia de la miseria en la que viven. Debe de ser tremendo estar viendo Dallas mientras la lluvia se filtra en la barraca y no hay comida, carbón ni agua. La posibilidad de comparar en todo momento la riqueza con la pobreza, es lo que más humilla hoy, probablemente, a los africanos sin recursos. Hoteles, restaurantes y salas de fiesta son aquí, y en todos los países del entorno, para el uso exclusivo de los blancs, blancs. Los naturales de estos países han de contentarse, en el mejor de los casos, con servir a las mesas de los blancos, o conducirlos en calesa de un lado para otro. La independencia que muchos de ellos alcanzaron en los años sesenta, no les ha hecho independientes del jodido blanco.
He de señalar, por último, el buen conocimiento que estos pueblos tienen de las ayudas que España les presta, y de las que reciben de numerosas ONG y misiones españolas presentes en la zona. Con respecto a los refugiados saharauis, tantos años recluidos en Tindouf, varios de ellos, sabedores de que un servidor vive en Ciudad Real, han querido expresarme el agradecimiento de su gente por las continuadas ayudas de nuestra Diputación Provincial, y por esos centenares de ciudadrealeños que todos los veranos acogen a niños saharauis en sus hogares, y los tratan como a hijos.
Pero uno tiene la impresión de que las cosas van a mejorar en el futuro; sobre todo cuando contempla las largas filas de estudiantes, pulcramente ataviados y con sus macutos a la espalda, que a las ocho de la mañana se dirigen, puntuales, a sus escuelas e institutos. Ellos son, con toda seguridad, la gran esperanza de África.
 

© 2006 José Romagosa Gironella – (Remitido desde Senegal) Publicada en La Tribuna de Ciudad Real, el 10 de Diciembre de 2006

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