Críticas constructivas


“La función del escritor no es aplaudir al político, sino criticarlo”. Lo dijo Carlos Fuentes. Lo malo es que no hay tantos políticos con suficientes espaldas para aguantarlo, ni siquiera si sólo les criticamos por su manera de hablar. Veamos. Si un servidor se metiera, pongamos por caso, con Pepe Blanco, porque habló en televisión  de una guerra “descarnizada” que le ha declarado el PP, y le señalara sutilmente que ese adjetivo no existe (aunque sí existe “encarnizada”), el nombre de un servidor podría acabar inscrito – y no es un chiste – en la lista negra del señor Blanco. Y si, por poner otro ejemplo, felicitara a una señora alcaldesa por haber batido el récord  de decir mil veces “en definitiva”, y otras tantas “por supuesto”, me quedaría el escozor de haber podido molestarla.
A nuestros políticos parece irritarles que les observemos con rigor como personas públicas que son; escuchemos atentamente lo que dicen, analicemos con pelos y señales lo que hacen y, de vez en cuando, les critiquemos. Cuando Carlos Fuentes nos recomendó criticar a nuestro representantes públicos, no nos dijo que actuásemos animus iniurandi, sino con el ánimo de mostrarles cómo pueden mejorar. Y esto es todo lo que hacemos. 
No está bien que los políticos maltraten sistemáticamente nuestra lengua con giros incorrectos, vocablos mal aplicados, o verbos inexistentes. ¿Cree usted, lector, que un alto cargo español puede aparecer en público y largar una frase tan mal construida que podríamos jurar que no ha cursado secundaria? Pues vean, vean la que un político de altura pronunció hace unos días ante millones de televidentes: (sic) “Ayudaremos a las personas que se les acabe la prestación de desempleo”. La frasecita omitía ese elemental “a las que” (“a las cuales”, o “a quienes”) que pedía a gritos ser incluido. ¿Cómo lograremos hablar  mejor si muchos de nuestros “dirigentes” nos muestran desconocer la gramática más básica? ¿Cómo mejorar en el uso del idioma si nuestras autoridades han olvidado incluso que el primer Diccionario de la Lengua Castellana (1726-39) recibió el nombre popular de “Diccionario de Autoridades”, porque eran entonces las autoridades del país quienes que aplicaban con más rigor sus normas y contenidos?
La llegada de la democracia y la igualdad de oportunidades (?), parecía presagiar que el lujo de usar la lengua con propiedad – limitado antaño a las clases más favorecidas, es decir, a las propietarias – estaría al alcance de todos los españoles; pero, paradójicamente, ha sido la lengua más vulgar, y  no la culta, la que se ha generalizado, alcanzando las altas franjas hoy copadas, en su mayor parte, por nuevos ricos y políticos.

© 2009 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre las íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  6 de julio de 2009
Explore posts in the same categories: Política (temas varios), Social (temas varios), TEMAS VARIOS, USO DEL ESPAÑOL

Etiquetas: , , , , , , , ,

You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: