Jugar con fuego


La grave incomprensión recíproca que suele presidir las relaciones entre el mundo occidental y el islámico, es fruto de la ignorancia. Parece un hecho constatable que las personas cultas, de una u otra extracción, son mucho más comprensivas y tolerantes con los hábitos y creencias del diferente. Quienes – occidentales o musulmanes – se han interesado por estudiar la Historia y la cultura de los pueblos diferentes, porque así se lo reclamaba su formación intelectual y humanística, es improbable que se dejen llevar por radicalismos xenófobos y excluyentes; máxime si han viajado por los países en los que se vive esa cultura distinta y han podido comprobar eso que dicen los italianos: que “tutto il mondo è paese”.

He leído a bastantes escritores africanos y viajado por países en los que habitan esas gentes “diferentes”, y nada podría cambiar mi convicción, tras convivir gratamente con ellas, de que los activistas que promueven el enfrentamiento entre civilizaciones pertenecen a las clases más incultas de sus pueblos (como me temo que está sucediendo en el País Vasco, con ETA). Es imprescindible estar formado en Humanidades para comprender, con Saint Exupèry, que “lo que no se me parece no me ofende, sino que me enriquece”.

Acabo de leer un libro del nigeriano Hampâté Bá, que es una joya literaria amén de contener el más hermoso mensaje en relación con el tema de esta columna. Debería divulgarse alto y claro que la mayor parte de los musulmanes no está para nada a favor de la guerra santa, ni a favor de enfrentamiento alguno con el mundo cristiano-occidental-capitalista (que tal es el cocktail); aunque, por desgracia, existan esas minorías que todos conocemos, a las que sólo mueve el odio más exacerbado. También en nuestros países occidentales las hay, e igualmente racistas y virulentas. De aquí que se haga difícil dilucidar qué bando es el que más destaca en esto del vivir odiando.

A los que ni se han parado a pensar por qué se han vuelto xenófobos, les invitaría a leer más. Por ejemplo, los memorables ensayos de Luis María Ansón, escritos hace bastantes años, pero que conservan intacto su valor didáctico: “Negritud”, y “Grito de Oriente”.

Y a los que se dedican a hacer humor con cosas que para los musulmanes son sagradas, procuraría hacerles ver que están jugando con fuego. Que tras unas frívolas caricaturas, un libro ofensivo para los seguidores del Corán, o una estúpida parodia televisiva, siempre hay víctimas inocentes que se podrían haber evitado; o, sin necesidad de llegar a esto, un enconamiento en posiciones radicales que ningún occidental ni musulmán de buena voluntad desea. No deberíamos olvidar, no obstante, que el  integrismo y demás ismos en alza en diversos países del Islam, se están filtrando subrepticiamente en España – y en el resto de Europa -, y no es ésta una inmigración normal, sino una penetración ilegal y altamente peligrosa. De otro lado, me preocupa pensar que un día puedan acabar pagando los crímenes de los musulmanes malos, todos los musulmanes buenos que viven entre nosotros. Y concluyo advirtiendo a nuestros multimillonarios bufones televisivos, que no sigan añadiendo leña a un fuego que tendríamos que apagar todos.

© 2009 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre las íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  15 de junio de 2009
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One Comment en “Jugar con fuego”

  1. carmen Vigo Says:

    No hay duda que hay buena gente, con buena intencion, buenos principios y vida sana en todas y en cualquier religion. Desafortunadamente, tanto historicamente como en el presente, hay musulmanes que se dedican a terrorizar el pueblo que no comparte su misma religion o creencia; puedo mencionar las presentes matanzas en Africa de 400 cristianos asesinados por los musulmanes que quieren erradicar alli el cristianismo. Mi experiencia personal en las torres de Nueva York no fue buena tampoco. Una religion que quiere extenderse por la espada y la fuerza no va bien en principio. No hay duda que hay gente entre los musulmanes que viven una vida digna y de respeto a los demas. Todos mis respetos para ellos.


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