Sursum corda!


Utilizamos este latinismo para referirnos a un personaje imaginario al que atribuimos gran poder y autoridad. “¿Esto no lo remedia ni el sursum corda!”, solemos exclamar, sin percatarnos del sinsentido, porque el “sursum corda” no existe; sólo significa “¡levantemos el corazón!”. Es una de las frases que pronuncia el sacerdote en el prefacio de la misa, a la que los fieles contestamos, mecánicamente (y ahora en nuestra lengua), que “lo tenemos levantado hacia el Señor” (“Habemus ad Dominus”).

Lo que tendría más sentido sería que la pronunciáramos ahora, pero con plena conciencia de su connotación solidaria, en el prefacio de este año de nuestras vidas que tras décadas de engañosa bonanza se nos presenta preñado de incertidumbres y temores.

Una parte de la Humanidad, la rica y la poderosa; la que más se aprovechó de esa equívoca euforia, dispone otra vez de la oportunidad de rectificar y regenerarse. El mundo de los magnates – o mangantes, que viene a ser lo mismo – ha caído en la trampa que merecía, pero acercándonos esta vez a todos al borde del abismo. La parábola del fabulista (“A un panal de rica miel diez mil moscas acudieron, y por golosas murieron presas de patas en él”) se ha mostrado sabia una vez más. El mundo de los desheredados podrá seguir en su infierno, pero ¡ay de los potentados si persisten en su actitud de no incluir a los pobres en sus sueños! El Tercer Mundo doliente ha sobrepasado largamente sus límites y ya no es posible imaginar que pueda seguir soportando más de lo mismo.

Quizá tendríamos que ir cambiando nuestras pautas de valoración, porque no es la falta de dinero la peor de las miserias. El hombre más miserable no es el sudanés o el chadiano, sino aquel cuyo nombre aparece en la anual revista Forbes de los más ricos del mundo. El nuevo orden mundial, si llegara a establecerse sobre unas bases más justas, debería poner coto a la ilimitada capacidad del hombre a expoliar y enriquecerse, porque si no logramos levantar mínimamente los corazones de los ricos, esto es, despertar sus negras conciencias, la actual crisis que padece el mundo – que es de índole moral aunque nos digan otras cosas – no alcanzará a enmendarla ni siquiera el “sursum corda”.

© 2009  José Romagosa Gironella
“Puntos sobre las íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  5 de enero de 2009
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