Crónicas de África – V – Ante la insolidaridad mundial, África se ayuda a sí misma


Reconforta comprobar que Ciudad Real, principalmente a través de su Diputación, es una de las regiones del Primer Mundo que más solidaridad efectiva muestra ante las necesidades de África. Llena de orgullo conocer que la generosa ayuda que esta tierra castellano-manchega presta al continente, supera con creces el monto de la ayuda que la mayor parte de países desarrollados le destina. Don Quijote, mito emblemático de nuestra región, se sentiría satisfecho de ella, como nos sucede a cuantos gozamos del privilegio de vivir en esta solidaria tierra. Importante dato el de la identificación castellano-manchega con los pueblos más necesitados de África, que nos place recordar en estas fechas señaladas en las que conmemoramos el nacimiento de aquel Jesús, Alfa y Omega de nuestra Fe, que nos convocó a participar en la hermosa misión de compartir.
Son numerosas, de otro lado, las organizaciones privadas de esta región que se vuelcan en aquellos lugares de África – y de otros continentes – que se hallan en situación de pobreza extrema. Y nunca está de más recordar que en muchos casos esta situación es consecuencia de la explotación llevada a cabo durante siglos por los poderosos de nuestra raza, así como de la monumental deuda externa generada por los usureros del mundo blanco capitalista.
Pero son muchos todavía, por desgracia, los que en nuestro Norte “desarrollado” siguen abrigando sentimientos de rechazo hacia esos emigrantes que llegan a nuestros países en pos de una mejora de vida para ellos y para los suyos. Tal vez habría que explicar a los españoles insolidarios, o a los xenófobos franceses de Le Pen, que gracias a esa emigración que procede de África  y que no sólo recala en España sino en muchos otros países “ricos”, ese continente genera la mayor de todas las ayudas que recibe. Es un hecho comprobado que el monto de las remesas de emigrantes que el continente negro recibe, supera con diferencia el importe global de las ayudas internacionales. Se nos llena la boca hablando de nuestras ayudas, sin considerar que son nuestros países los más beneficiados por el fenómeno migratorio. África no sólo pierde con la emigración de una buena parte de sus jóvenes, sino que se ve privada de la práctica totalidad de esas primeras generaciones de titulados universitarios que tanto les ha costado formar y que ven en Estados Unidos, Australia, Canadá y en los países más ricos de la UE, su mejor futuro profesional. El producto más valioso de la nueva África emergente – sus titulados superiores – se ve ahora absorbido por los países que pueden pagar los altos sueldos que su buena formación merece. El expolio, aunque sea de otras formas, continua.
Como se dice de Goethe, que solía bajar a Italia para encontrar la luz, los ciudadanos del mundo rico deberíamos bajar a África para comprender todo lo que debemos a ese continente y lo mucho que, aunque ahora no lo creamos, tendremos que contar en él en el futuro.
Para abundar algo más en este tema de la emigración, quiero destacar el dato de que 74 mil titulados superiores abandonaron África en 2005, según un estudio del Banco Mundial. Parece ser que este éxodo cualificado representa el 31 % de la emigración total africana. No son, pues, únicamente albañiles, o jornaleros, los que emigran; y es de lamentar que esta fuga de cerebros, que por lo general no elige como destino a España, se produzca cuando África está por fin consiguiendo sus primeras promociones de africanos “con carrera”. Y aún lo es más si consideramos que sólo con la última partida presupuestaria aprobada por el Congreso estadounidense para continuar su guerra en Irak, podría haberse cancelado la totalidad de esa deuda externa que impide a todo un continente salir de su estancamiento.
Y otro dato preocupante: con una población total de casi 900 millones de habitantes, África cuenta con menos médicos que Alemania (82 millones de habitantes), e incluso que Italia (58 millones). Según la OMS, 34 países africanos cuentan con menos de dos médicos por cada diez mil habitantes. Y en un país, Zimbabwe, sólo un tercio de los 1200 médicos formados en sus facultades en la década de los 90, ejercía en el país en el año 2000. En Ghana, por citar otro ejemplo, el 60 % de los médicos formados en el país en los años 80, ya estaba trabajando en el extranjero en 1992. Cifras que hablan por sí solas.
No es preciso que todos los españoles se apunten a una ONG; pero uno se siente reconfortado al enterarse de las actividades solidarias que en nuestro país se organizan y llevan a cabo. Este reportero recuerda la emoción con la que presenció el paso, en dirección a Senegal, de una larga caravana de camiones españoles, todos pintados de blanco como los de la ONU, en cuyos laterales podía leerse: “Universidad de Navarra-Formación Profesional”; o la satisfacción de leer en una calle de la capital mauritana, el texto de una enorme valla en la que “Cooperación Canaria” ofrecía los cursos gratuitos de su “Centro de Enseñanza a Distancia de Lengua Española”. Y mayor fue la sorpresa al descubrir en una céntrica avenida de Nouadibou, las flamantes oficinas y clínica de nuestro Instituto Social de la Marina, y escuchar de boca de su Director Médico – Dr. Mohamed Alí – , el relato de la fascinante labor que el Instituto realiza en el área de Asistencia y Salvamento marítimo. El buque-hospital con que cuenta, que ostenta el hermoso nombre “Esperanza del Mar”, puede presumir del más impresionante palmarés de rescates en el mar, prestación de comprometidas ayudas a barcos en peligro (¡de cualquier nacionalidad!), salvamento de cayucos y pateras, y asistencias médicas y quirúrgicas. Y también alegra a este reportero descubrir, de vez en cuando, las instalaciones de empresas privadas españolas que decidieron establecerse en África y crear puestos de trabajo en estas poblaciones de las que, precisamente por  falta de ellos, parte la emigración ilegal. Tal es el caso de un edificio de Nouadhibou que comparten por mitad, con sus rótulos bien visibles, las filiales españolas de “Roca” y “Porcelanosa”.
¡Feliz Navidad a todos! Pero muy en especial a esas personas, entidades y organizaciones públicas o privadas que tanto ayudan en África, y en cualquier punto del mundo, a los más necesitados.

Remitida desde Agadir

© 2006 José Romagosa Gironella
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 24 de diciembre de 2006
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