El Sitio de Numancia


No me entra en la mollera que a tantos años de nuestra guerra civil, siga habiendo “nostálgicos” empeñados en revivirla. Me pregunto qué sería del mundo si todos los pueblos que han sufrido los horrores de una guerra fueran incapaces de archivarla en el desván de sus errores. ¿Cuándo alcanzarían a vivir en paz en el rosario de naciones surgidas a sangre y fuego de la extinta Yugoslavia? ¿Cómo participarían constructivamente en la nueva Unión Europea países como Francia y Alemania, antaño irreconciliables rivales; o, en Estados Unidos, las dos facciones que un día se enfrentaron en otra cruel guerra civil?
Bastante fue el triste espectáculo que España ofreció al mundo en el siglo pasado, como para seguir buscando ahora los tres pies al gato, ¡a setenta años vista! Acaso algunos verían las cosas de otro modo si se pararan a pensar que esa contienda nuestra, más que una guerra entre hermanos, fue una guerra mundial. Y no por su escenario bélico, que se circunscribió a España, sino por el número de naciones que metieron el cuezo en ella. Quizá así entenderían esos nostálgicos que no sólo nuestros abuelos se mataron entre sí, sino también los brigadistas y aventureros que las potencias extranjeras volcaron en nuestos campos de batalla para explotar el conflicto – y prolongarlo – como banco de pruebas mundial. Quizá sirviera esta reflexión para moderar los bajos sentimientos que unos irresponsables se esfuerzan hoy por recrear, en lugar de defender, como en mi opinión debieran, la sabia consigna orteguiana de que siempre el futuro ha de imperar sobre el pasado.
Mi padre, que sufrió persecución en Barcelona durante aquellos años, jamás me habló de sus ingratas vivencias. Su doble condición de creyente y catalán de seny, le permitió perdonar y no transmitir a sus hijos forma alguna de rencor. Ello me permitió crecer sin odios ni prejuicios, así como respetar, ya entrado en la edad adulta, a personas tan dispares como el comunista Julio Anguita, el aristócrata José María de Areilza, el honorable Josep Tarradellas, o el sindicalista José Luis Iglesias; todos ellos humanistas, coherentes y honrados a carta cabal.    
A aquellos que hoy nos muestran que con lo que está cayendo no les basta, y parecen añorar los demonios del ayer, les propongo la temática, aún más cruel y aterradora, de El Sitio de Numancia. Escarben, escarben ustedes en la Prehistoria, que morbo no les faltará; pero dejen que España avance, mirando lo justo atrás, y que el tiempo siga cumpliendo su gran función sanadora.

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  22 de marzo de 2010
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