El retablo de Maese Zapatero


Dada la probabilidad de que el «liderazgo» de Maese Rodríguez Zapatero tenga sus días contados, o de que su Gobierno agote la legislatura in vitro, me parece pertinente recomendarle ciertas medidas que, de llevarlas a cabo antes de pasar a engrosar el nomenclátor de la memoria histórica, le permitirían coronar su gestión presidencial con mayor gloria, si cabe.
Una de estas medidas sería la de presentar urgentemente un proyecto de ley para la legalización de la eutanasia, ya que este apartado, si no se da prisa en abordarlo (los laboristas del Reino Unido ya llevan un buen tiempo en ello) sería una de las pocas materias relacionadas con el derecho a la vida que el señor presidente se habría dejado en el tintero. No sería propio de él que, tras su dilatado carrerón en los campos del aborto, de los «matrimonios» homosexuales y del divorcio (incluida su facilona versión «divorcio express»), entre otros, incurriera ahora en esta omisión y se encontrara con el problema añadido de que la infecunda población española vuelve a crecer. ¿De qué le habrían servido tantos esfuerzos para reducir el número de nascituri, si en el otro extremo de la pirámide de población, así mismo vulnerable, no hubiera hecho algo parecido con los morituri? El futuro de las pensiones se habría sin duda agravado por el craso error de no haber hecho con los ancianos terminales la misma purga que consiguió hacer, e incluso institucionalizar, con esos otros seres humanos indefensos e inoportunos que aspiraban a nacer.
¿Le parecería coherente al señor Zapatero favorecer el aumento de la población, precisamente en estos momentos en que nuestra sociedad ha alcanzado el más alto grado de «madurez» de toda su historia, con una media nacional de edad que duplica la de un centenar de naciones?
Y otra de las medidas que deseo sugerirle – aunque no responde a una idea propia, sino a la del ingenioso hidalgo don Luis María Ansón – es la de proponer con igual urgencia al Parlamento la necesidad de aplicar la vigente Ley de Igualdad de Género a todos los equipos de fútbol españoles. ¡Qué es esto de que las alineaciones de nuestros equipos estén formadas exclusivamente por hombres! ¿Hasta cuándo vamos a consentir tal manifestación de machismo? También aquí, evidentemente, debe el señor Zapatero demostrar que tiene las agallas necesarias para extender al ámbito del fútbol, y hacer cumplir esa ley de igualdad que se sacó de la manga. No sólo en la administración pública está moralmente obligado a seguir el plan trazado, sino también en la Selección Nacional de Fútbol y en todos y cada uno de los clubes y equipos de primera, segunda y tercera división; que la categoría no exime de cumplir la ley.
Sería una decepción que este presidente, tan torero él, se nos fuera sin rematar su faena moralizadora. No se trata de que vayamos a verle salir por la puerta grande – aunque cosas más notables se han visto en el ruedo ibérico – pero sí, por lo menos, de que podamos ver cómo se marcha sin dejar títere con cabeza. De no hacerlo, su antológica interpretación del Retablo de Maese Pedro quedaría inconclusa.

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  14 de junio de 2010

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2 comentarios en “El retablo de Maese Zapatero”

  1. Javi Says:

    Señor Romagosa, defiende usted el derecho a la vida y muy cristianamente, niega a las personas el derecho a morir dignamente. Acusando, además, a Zapatero de pretender legislar algo (la eutanasia) que ni ha tratado en su Gobierno, ni puso en su programa electoral, pese a los deseos de ustedes, que fervientemente lo anhelan para poder atacarle.

    No se preocupe, que en pocos años y discretamente ya ampliará el Partido Popular estos asuntos, como ya hiciera con el aborto (sin que a la Iglesia y sus portavoces les causase indignación alguna) y con el divorcio, en el que el señor Álvarez Cascos, tiempo ha gran opositor, es un experto sin comparación posible.

    Un saludo cordial desde La Mancha, don José.


    • Deseo aclarar a mi comunicante (Javi)que todavía no estoy en pro ni en contra de la eutanasia, porque sigo a la espera de que la Iglesia se pronuncie y me de, como cristiano que soy, alguna pauta. En principio creo que la interrupción voluntaria de la vida en casos de prolongada y dolorosa agonía, debería ser aceptada por la Iglesia. Lo contrario se me antojaría – sospecho que exactamente igual que a usted – de extremada crueldad. Yo mismo, que ya he cumplido los setenta y cinco, desearía que se me otorgara esa gracia llegado el caso de que tuviera que sufrir una dolencia terminal sin posible vuelta atrás.
      Mi referencia a la eutanasia en mi artículo anterior, no dejaba de ser una irónica sugerencia a un presidente del Gobierno que no ha dudado en propiciar, sin autoridad moral alguna, otros cambios legislativos sobre los que sí estoy abierta y manifiestamente en desacuerdo, como lo está más de la mitad de los españoles, incluido un buen número de estómagos agradecidos.
      Respeto democráticamente cualquier punto de vista diferente, como pueda ser el de Usted, estimado Javier, pero en mi condición de creyente no puedo dejar de expresar libremente mis convicciones, aunque, lamentablemente, esté judicialmente separado, cosa que a mi religión repugna . No hay un cristiano perfecto, pero los cristianos, por lo menos, fiamos en la misericordia divina. Lo que no podemos hacer es renegar de lo que son nuestros principios, por más que a veces, por nuestra naturaleza humana, nos veamos incapaces de cumplirlos.
      No pertenezco a ningún partido y siempre he sido independiente, pero quiero ser honrado con usted y por tanto debo confesarle que seré feliz el día que un nuevo poder constituido revoque, por ejemplo, la cruel ley del aborto, y regule, de acuerdo con la Iglesia Católica y si es posible con las demás Iglesias, un tratamiento rigurosamente selectivo del derecho a interrumpir la vida de ciertos enfermos terminales que esto deseen.
      Le saluda cordialmente,
      Pepe


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