¡Ojalá que no quepamos!


Daría cualquier cosa por asegurar que las concentraciones convocadas en Ciudad Real y Villarrubia de los Ojos, en defensa de la vida del ser humano no nacido, lograran un éxito apoteósico. ¡Ojalá que no quepamos en esas calles y plazas, frente a los Juzgados de la capital y ante el Ayuntamiento villarrubiero, en las que se celebrarán las concentraciones y veladas programadas! Por muchos problemas serios que creamos tener, nada es tan importante y de tan grave responsabilidad en estos momentos como la necesidad imperiosa de oponernos a una ley genocida que la conciencia de todo ser humano bien nacido debe rechazar. Tras redactar  estas líneas, y enviarlas ayer a La Tribuna, este columnista se dispuso a salir zumbando de su casa para asistir a la concentración convocada en la calle Caballeros de Ciudad Real, y se juró estar presente en la velada prevista para hoy, lunes, en Villarrubia de los Ojos. Se que para algunos españoles, sobre todo para ciertas personas sin escrúpulos que hoy nos gobiernan, destruir a una indefensa cría humana en el seno de su madre no ofrece diferencia alguna con una vulgar lavativa, o una purga intestinal; pero, afortunadamente, somos millones los españoles que vemos en ello el más horrendo de los crímenes. De aquí la importancia de que nos concentremos ante esas instituciones públicas que deben velar por la Vida y la Justicia, para exigirles que respeten y hagan respetar estos máximos valores. No hace falta ser cristiano – la gran mayoría de los españoles lo somos – para comprender que el aborto voluntario es el mayor de los atentados que la mujer puede cometer contra sí misma y contra su propia especie. No hace falta ser cristiano para discernir que tal acto constituye la más grave aberración de nuestra sociedad materialista y el más horrendo de los atentados que pueden cometerse contra el Derecho Natural. ¿Qué sentido tendría defender la dignidad e integridad de la mujer ante la bárbara costumbre de la ablación del clítoris, si nos dedicamos a practicar indiscriminadamente la ablación (= extirpación) de seres humanos completos? Mal se compadece esa malvada ley “Aído”, promotora de la muerte segura de millones de nascituri, con la hipócrita leyenda “Fumar puede matar”? ¡Cuánta falta está haciendo en Europa el regreso de los valores perdidos!  
Igual que la televisión nos muestra con toda su crudeza los trágicos efectos de multitud de guerras y catástrofes, deberían emitirse imágenes de todas las variantes de aborto que permiten sacrificar niños en aras de un negocio que ya factura en nuestro país más de 40 millones de euros: envenenamiento salino, succión o dilatación seguida de descuartizamiento, trepanación craneal, cesárea seguida de muerte provocada del bebé, fallecimiento intrauterino del bebé por hambre (privándole químicamente de la progesterona), y demás procedimientos que concluyen, fatalmente, con los restos de sus cuerpos en un contenedor de basura. En mi calidad de abuelo, expreso mi más sinceras condolencias a todos los desdichados yayos de jóvenes “progresistas”, porque nunca llegarán a saber lo que es la felicidad. Como les decía más arriba, ¡ojalá que no quepamos!

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  5 de julio de 2010

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