Shakira en el país de las maravillas


Shakira, la aeróbica y popular cantante, infringe en Barcelona las vigentes ordenanzas. Se baña, sin permiso previo, en una fuente pública (para grabar un clip), circula sin ponerse el casco en una potente moto, y se dedica a recorrer Barcelona la Nuit en un lujoso coche cuyo chofer carece de permiso homologado de conducir. Como es natural, viene en todos los casos multada por los agentes encargados de hacer respetar el orden en la ciudad condal. Dura Lex, sed Lex, reza el latinismo. En efecto, la Ley es dura, pero es la Ley. “Qué hi ferem!“, que diría un nativo.
La conducta de esta señora, espectacular por más señas (la señora), le parece a este columnista reprobable, y es normal que no le sirva de atenuante el hecho de que sus andanzas proporcionen una importante publicidad a la ciudad de cara al exterior, y que venga reprendida y sancionada como toda hija de vecino, aunque ella no lo sea. Lo único que podría alegar en su defensa, si alguna defensa tuviera su actuación revoltosa, sería la conocida circunstancia de que son precisamente los gobernantes de Cataluña, y los munícipes de Barcelona, los primeros que ofrecen el triste espectáculo de incumplir sistemáticamente la Ley. Porque el mundo democrático, defensor del Estado de Derecho, asiste atónito al mal ejemplo que los dirigentes de esa comunidad autónoma española está dando. Al parecer, el clásico principio “sean quienes han de reprender, irreprensibles”, no significa nada para ellos. Exigen a los ciudadanos el cumplimiento de las más humildes normas de estar por casa, mientras ellos se pasan por el forro la mismísima Constitución a la que están irremisiblemente sometidos y se niegan a acatar las sentencias del Tribunal Constitucional. ¿Cómo se atreven a ensañarse con una pobre cantante? – cabría que nos preguntásemos.
Afortunadamente, esas ínclitas autoridades no han exigido (por el momento) a Shakira que cante sus exitosas canciones en la lengua de Maragall. Todavía no se les ha ocurrido (espero que no lean estas líneas) que podrían meter en la canción la misma pata que han metido en el cine. Y tampoco se les ha ocurrido que Shakira, aprovechando que su chofer puede dejarla frente a la misma puerta de cualquier restaurante barcelonés, podría ordenar, en cualquiera de ellos, unos “callos a la madrileña”, una tabla de “quesos manchegos” o un “bacalao a la vizcaína”. ¡Qué fallo que aún no hayan retirado de los menús barceloneses unos platos tan españolísimos! ¡Qué descuido no haber rebautizado la “tortilla española” o el “gazpacho andaluz” con otros nombres más separatistas, como “truita de trumfas” o “gaspatcho del Vendrell”. ¡Cuánto gasto inutil para tan absurdo cambio de nomenclatura!                
Lamento, como catalán, el espectáculo, y, como español, pido disculpas por las molestias a mis compatriotas. Véanlo, queridos lectores, como un sarampión, o un inoportuno ataque de colitis, que el tiempo alcanzará a curar.

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  23  de agosto de 2010

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