Esa anacrónica “O”


El periodista Rafael Torres, que a menudo se ocupa de los objetos perdidos, ha querido informarnos de que al PSOE se le ha caído la “O”. Se le ha caído esa “o” que antaño lo identificara como partido obrero. Tiene que haberla perdido, según afirman los maldicientes (¡cómo son!), por la zona madrileña de Serrano – Claudio Coello, en alguna urbanización de lujo, o tal vez en Punta Cana.        
Ante tan lamentable pérdida, uno es de la opinión de que las cosas siempre ocurren por algo, y que acaso ese importante partido, que fue obrero y ya no es, podría dejar de identificarse como tal (no como partido, claro, pero sí como obrero).  No pretendo con ello proponer que adopte otra sigla más acorde con su realidad actual – ineficacia en su lucha contra el paro, merma del poder adquisitivo de las pensiones, y demás desastres – sino, simple y llanamente, que acepte vivir sin la “o”; que mucho más radical fue el cambio que decidió el Partido Comunista Español en 1986, cuando aceptó prescindir de su histórica razón social para integrarse en Izquierda Unida, nueva coalición formada por los partidos de izquierda y republicanos.
A un partido que se dice progresista, digo yo, no debería preocuparle cambiar de sigla y adaptarse a los nuevos tiempos. ¿Por qué tendría que aferrarse a esa letra, ahora en paradero desconocido, cuando nadie puede negar que los proletarios de otrora – los de la vieja España de alpargata – forman hoy la clase media? ¿A qué vendría obcecarse con esa letra, a todas luces extemporánea, cuando los socialistas españoles suelen vestirse en Armani y la nueva burguesía no existiría sin ellos. Que un servidor sepa, ningún gran partido europeo se llama hoy “obrero”. Están, sí, los laboristas británicos, pero todo el mundo sabe que “labor” – como “war” – es un término polisémico.
De otro lado (no hay mal que por bien no venga), la pérdida de la que hoy tratamos podría brindar al PSOE la ocasión de un nuevo look, que buena falta le va a hacer tras la etapa Zapatero. Y aunque el cambio no tuviera este objetivo, ofrecería al socialismo español la posibilidad de adaptarse al nomenclator de sus colegas de la Zona Euro que se abstienen de utilizar el apellido “obrero”. Ni la Internacional Socialista fundada hace cien años, ni el Partido Socialista Europeo, padre de todas las batallas, lo han utilizado. Y sus sucursales nacionales se llaman: “Partido Socialista Francés”, “Partit dels Socialistes de Catalunya”, “Partido Socialista Portugués”, etcétera; o, en ocasiones (las menos),  “socialdemócratas”, o “laboristas”, a secas. La “o” de marras, por tanto, hace tiempo que venía sobrando, porque es como la foto amarilla de una España profunda que, afortunadamente, ya ha pasado a la Historia, y…¡ojalá que nunca vuelva!
Como el marido del cuento, que va a la comisaría a denunciar que ha perdido a su mujer, y se arrepiente de hacerlo al describirla tuerta y fea, tal vez sea mejor no ponernos a buscar esa alhaja de “o” que – siempre según las malas lenguas – se le ha perdido al PSOE.

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  27  de septiembre de 2010

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