Los Ángeles Custodios


Al celebrarse hoy el día de los Ángeles Custodios, Patronos tutelares de la Policía desde el año 1926, este humilde columnista no puede menos de unirse incondicionalmente a la Fiesta. ¡Cómo no celebrar el hecho de que quienes exponen repetidamente su vida por proteger la nuestra, tengan también sus protectores! No se por qué todos los años, al llegar este 3 de octubre, el día en que todos somos Policía, me viene a la mente la letra, y la música pegadiza de cierta canción titulada “Send Me an Angel”  (¡Envíame un Ángel!), ¿la recuerdan?, que interpretaban los Scorpions cuando yo era treintañero. Me complace imaginar que el letrista, al componer el estribillo (Aquí estoy / ¿podrías enviarme un ángel?…), pensaba en un policía en trance de jugarse el tipo por enésima vez. Y es que me parece obvio suponer que ésta, u otra similar, ha de ser la frecuente plegaria de todo agente de policía que se enfrenta a un gran peligro, como sería la mía si yo estuviera en sus zapatos (y, además, …muerto de miedo).  
Felicitémonos, pues, por no tener una policía como la mexicana, o la de Nigeria, que son bandas delincuentes. Nuestra policía democrática, por fortuna, sobresale – al igual que nuestra Guardia Civil – por su buena formación, su sentido del deber y su espíritu de servicio a la sociedad. Y le estamos muy reconocidos por ello. Cosa lamentable es, no obstante, que también convivan en el Cuerpo, y afloren cuando menos lo esperamos, ciertos individuos corruptos que jamás debieron ingresar en él. En toda cesta de manzanas suele haber una podrida. Bástenos recordar que uno de los doce apóstoles resultó ser un malvado, y que en estos tiempos que nos ha tocado vivir uno de cada mil sacerdotes puede ser un pederasta. ¡Hasta en la corte celestial de esos Ángeles Custodios que hoy conmemoramos, hubo ese ángel caído que llamamos  Satanás! Y hemos podido comprobar hasta la saciedad que no hay colectivo humano que se salve de su influjo.  
El llamado “Caso Faisán” es, sin duda, el ejemplo más flagrante de lo que jamás debe suceder en un cuerpo de policía. La ignominia de unos pocos, en connivencia con ciertas instancias oficiales, se ha burlado de nuestro Estado de Derecho, y ha puesto injustamente en cuestión la honorabilidad de un colectivo que no se merece esta afrenta. Toca ahora a la Dirección del Cuerpo retirar valientemente de su cesto todas las manzanas podridas que alguien pretendió colarnos como fruta de primera clase. Y toca a los Ángeles Custodios señalar el único camino a seguir.

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  4  de octubre de 2010

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