“He recibido una paliza”


Barack Obama, que no es un demócrata como los nuestros, ha reconocido abiertamente que sus rivales en las últimas elecciones legislativas – los republicanos – le han propinado una paliza. No ha dudado en afirmar humildemente que “toma nota” de los fallos y promesas incumplidas que le han llevado a cosechar su derrota. Aunque los achaca, en buena parte, a la crisis económica que vive su país, no deja de reconocer que varias cosas podrían haberse hecho mejor, y que procurará enmendarlas en lo que le queda de legislatura. ¡Qué gran lección para nuestros políticos españoles, incapaces de aceptar un solo error y de entonar alguna vez el mea culpa!
La actitud y las palabras del presidente estadounidense, serían de todo punto impensables en nuestra piel de toro, donde, exceptuando el campo del deporte, nadie sabe perder. Muchas décadas atrás, vivimos una cruenta guerra civil que se saldó, como todas las guerras, con vencedores y vencidos. Ambos bandos habían recurrido a todas las armas disponibles, a todas las brigadas internacionales que pudieran ayudarles, a todos los Estados capaces de aportar financiación, a toda la propaganda que pudieran sacarse de la manga y al máximo sacrificio de sus respectivos soldados y población civil. Ambos contendientes – tal es la ley de la guerra – hicieron cuanto estuvo humanamente a su alcance para alzarse con la victoria, pero sólo uno la alcanzó. Y lo malo para nuestra Historia es que la facción derrotada no aceptó el descalabro: no supo perder. Así de claro. Consecuencia de ello es el hecho de que en pleno siglo XXI, cuando el comunismo ya ha sido borrado de la faz de Occidente, los nietos de aquellos combatientes derrotados, que son hoy burgueses en su mayoría, siguen aún dale que dale, como aquellos “últimos de Filipinas” despistados que siguían peleando en Baler mucho tiempo después de terminada la guerra.   
Tras una manifestacion de índole política, una facción – la organizadora del acto – puede afirmar sin el menor recato que sumaban un millón los manifestantes; mientras la otra jura y perjura que fueron cincuenta mil. Y en los casos de elecciones generales, ningún partido, ni siquiera el más vapuleado en las urnas, acepta haber perdido. La erística, ese españolísimo bricolage que consiste en manipular ad libitum las palabras y los hechos, les proporcionará la manera de fabricarse una verdad de su agrado. Así funcionan las cosas en una democracia sin demócratas.
¿Qué sería de nuestra Unión Europea si Francia y Alemania no hubieran logrado archivar definitivamente “sus” dos guerras mundiales? – podríamos preguntarnos. ¿Y qué sería de las intensas relaciones que han venido manteniendo Estados Unidos y Japón, si este último país no hubiera asumido plenamente, y con todas las consecuencias, su humillante capitulación?
Desde el observatorio en el que contemplo el devenir político de nuestra nación, no he divisado un solo caso en el que un gobernante haya reconocido un fallo, o el más mínimo error. ¡Qué gran lección, señores, la del presidente Obama!

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  8  de noviembre de 2010

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