La agenda de trabajo de nuestra Familia Real


Hay cosas de la vida pública que – haciendo honor a este adjetivo – habría que publicar. Damos siempre por sentado que tales cosas son conocidas, y por tanto valoradas; pero no es así. Y no lo es, lisa y llanamente, porque sigue habiendo gente entre nosotros, arraigada en la España profunda, que juzga siempre con malicia y sin previa reflexión. Esto es lo que a algunos les pasa con la Familia Real española, por desconocer en detalle la agobiante actividad humana y profesional que desarrolla al constante servicio de España.
Como ocurre con otras instituciones, sería preciso informar al ciudadano de la importante labor que la Familia Real lleva a cabo. Ello se hace imprescindible en un país como España, en el que la ignorancia agresiva y la incomprensión (cuando no el instinto básico) son posturas emblemáticas.
Algo habría que hacer para que los españoles conociéramos las agendas de trabajo de nuestros Reyes, y de los Príncipes de Asturias. Es demasiado fácil quedarse con lo  primero que salta a la mente de las personas mezquinas, verbigracia: que los miembros de nuestra primera familia viven en palacios, visten de alta costura, disponen de abundante servidumbre y no carecen de nada. Habría que explicarles que no tienen por qué vivir con menor confort que cualquier presidente autonómico y su familia, que los miembros del Gobierno, del Congreso o del Senado; o los del Consejo de Estado de Fernández de la Vega. Habría que informar, así mismo, de que las complejas tareas que conlleva el oficio real, y el principesco, precisan, para poder desarrollarse dignamente, no sólo de una extensa y excepcional formación, sino también de un mínimo aparato y suficientes estructuras. No en vano son los Representantes de España, y su dignidad es la nuestra.
El Rey, y por extensión el Príncipe, tienen tan asumida la importancia de sus apretadas agendas que raramente les hemos visto cancelar compromisos previamente concertados. Allá van, madrugadores, a la China o al Brasil (aunque ello les impida tomar las uvas en familia, como le ha sucedido al Príncipe esta Nochevieja), a cumplir religiosamente con los compromisos de su agenda: cumbres internacionales, visitas de Estado, viajes de promoción de los negocios de España… A esto, y a visitar una y otra vez todos los pueblos del país, dedican su tiempo, siempre escaso: ora para presidir la apertura de una feria o congreso, ora para acompañar en su duelo a las víctimas del terrorismo, o de catástrofes naturales; ora para inaugurar una nueva obra pública. Y todo esto, siempre con la mejor sonrisa y sin poder faltar a ningún acto ni siquiera por un dolor de vientre, o por un riesgo detectado por los servicios de seguridad.
Los esperpentos que atacan a la Familia Real, sobre todo en Internet, se delatan por sí mismos: quien ni siquiera logra respetar la estructura de su propia lengua, no es apto para respetar ninguna otra estructura. Así de claro.

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  3  de enero de 2011

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