“Limpia, fija y da esplendor”


¿Quién tendría la ocurrencia de acuñar un lema tan de droguería para la Real Academia Española? Uno se imagina a los cuarenta y tantos académicos, sentados en sus célebres poltronas con nombres de letras, y afanándose en sacar brillo a palabras tan en desuso como “hipocorístico”, “peripatético”, “subrepticio” o “hagiografía”. Es como si los estuviera viendo, manos a la obra, frotando hora tras hora esas palabras que, por limpias y resplandecientes que les queden, a la postre nadie usará. Ahí vemos a esos sabios, en uniforme de faena de sirvientes de casa bien, aplicados a limpiar una plata que se ha tornado inservible, por no decir ostentosa. Velan, cuitadiños, por el esplendor y la dignidad de nuestra Lengua, ese antiguo y rico tesoro que pocos van a apreciar. Ignoran, pobres ilusos, que este siglo viene marcado por el lenguaje de la incultura; es decir, por un simple y barato argot, fácil de armar en casa, como los “kits” de Ikea. Al igual que hemos hecho con todos los demás valores, nuestra culta lengua nacional se está viendo embrutecida, igualada por abajo y arrinconada, mientras progresa, imparable, el léxico más pobre y soez. Y nada hace, entretanto, que no sea bruñir la plata, nuestra Real Academia Española. Parece ignorar los peligros que se ciernen en el seno de las nuevas tecnologías: Internet, televisión interactiva, teléfonos celulares cada día más versátiles y demás artilugios electrónicos. “Cónyugue”, ha dicho una ministro, en lugar de “cónyuge”; y también “contradecido”, en vez de “contradicho”. Y otra inmadura acuña, sin sonrojarse, el barbarismo “miembra”. El presidente del Gobierno, a su vez, nos confía que “me da la impresión que el resultado de las Primarias…”, ignorando que la construcción correcta habría sido: “me da la impresión de que…”. Un alcalde nos informa de que también el polideportivo ha “sufrido” mejoras…, como si en lugar de registrar mejorías, hubiera sido arrasado por un huracán. Un concejal nos asegura que el agua ha sido “el” protagonista…, en lugar de “la” protagonista… Dolores de Cospedal confiesa: “estoy convencida que …”, en vez de “estoy convencida de que…”. Otra concejala se refiere a los que “escuchan misa”, olvidando que la misa “se oye”; y a continuación nos informa sobre la vendimia “de la uva”, como si también se pudieran vendimiar aceitunas, o melones. Un “experto”, hablando de la costa de Somalia, nos dice que esa región esta “infectada” de piratas, pasando olímpicamente del verbo “infestar”, que, como su pariente “plagar”, habría sido el adecuado. Y otro informa a los espectadores de que la catástrofe se debió a la incorrecta “funcionación” del pozo… “Ara mismo…”, espeta el señor Rubalcaba, justo antes de que otro orador nos inste a que nos “concienticemos” no recuerdo sobre qué. El sindicalista Méndez nos notifica que su confederación “ha mandatado…” algo a sus afiliados; y un comisario elogia cierto trabajo “investigativo” que la Policía Científica ha desarrollado, sin caer en la cuenta de que “investigativo” (como “mandatado”, “funcionación”, o ese verbo “concientizar”) no está en el Diccionario. La palabra que sí está, en cambio, aunque suena demasiado normal, es “investigador”. Y la Academia, entretanto, bruñe que bruñe…

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  10  de enero de 2011

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