El Estado residual


El Estado de Derecho que Aristóteles diseñó para la Grecia clásica, y los pensadores de la Ilustración rescataron, se ha convertido en nuestro siglo en frágil vasija de cristal. La separación de poderes que en Grecia constituyó la Trias Política, e inspirara en el siglo XVIII a Hamilton, Locke y Rousseau, y por último a Montesquieu (El Espíritu de las Leyes), ha pasado a ser un juguete en manos de los titulares de los mal llamados “poderes separados”. El Estado de Derecho, es decir, el auténticamente democrático, creado para defender al hombre de los demás hombres, se ve a menudo acusado de vulnerar los derechos de la persona, sobre todo en naciones con democracias poco consolidadas, como es la nuestra. En estos casos, el Estado llega a abusar impunemente de los ciudadanos utilizando, ¡qué paradoja!, las amplias facultades que la propia ciudadanía le ha otorgado.
En la España actual, el Estado de Derecho ha pasado a parecer una burla. No merece otra calificación un sistema cuyos órganos legislativo y ejecutivo pueden decidir a su antojo la composición de las máximas instancias judiciales y permiten, además, la actividad y el poder incontrolados de 17 Comunidades Autónomas que, como el tiempo ha demostrado, no pudieron ser peor diseñadas por nuestros padres constituyentes.
No puede darse otro adjetivo a un Estado cuyo gobierno desacata las Leyes Fundamentales y las sentencias dictadas por su más alto Tribunal, amén de hacer dejación de su obligación de exigir a los ciudadanos el estricto cumplimiento de la Ley.
Los líderes de ciertas Comunidades Autónomas parecen mofarse de la Constitución Española, y de determinadas leyes que regulan sus Estatutos regionales, el uso de las banderas y el de las lenguas oficiales del Estado, sin que el Gobierno central tome medida alguna para impedirlo. El Gobierno del señor Rodríguez Zapatero se muestra cobarde e inseguro, como si ya apenas representara un claudicante Estado residual; un Estado entrampado, de facultades y recursos imprudentemente transferidos, con el 20 por ciento de desempleados y en clara quiebra política, económica y moral, al que apenas le falta el negro de una uña para tener que verse rescatado por la Unión Europea. 
Con una Ley Electoral viciada de nacimiento, unos sindicatos diseñados a plomada, y otra serie de leyes que más parecen promulgadas por nuestros enemigos, triste futuro puede ofrecer a España un Gobierno como el del señor Zapatero, que aún hoy se niega a reconocer lo que está pasando.
El pujante Estado soberano surgido de la Transición, ha ido vendiendo su primogenitura en estos últimos años. Y lo ha hecho por un plato de lentejas; el mísero rancho que, una y otra vez, ha permitido a un irresponsable gobierno mantenerse en el poder contra la voluntad de la mayoría de los ciudadanos. Hemos podido asistir, como decía semanas atrás, al fracaso mejor currado y al retroceso más culpable y pertinaz de nuestra Historia contemporánea. ¿Cómo dejar atrás y reconstruir da capo el ruinoso Estado residual en que han convertido a España? 

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  17 de enero de 2011

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