Ignorancia voluntariosa


Un político escandinavo, socialista por más señas, hablaba con un su homólogo de nuestros pagos, y éste le decía que su gobierno estaba luchando a brazo partido por la igualdad. «Esperamos acabar pronto con los ricos», insistía vehementemente. A lo que el norteño replicó: «también nosotros combatimos largo tiempo la desigualdad, y nos sentimos orgullosos de haber acabado para siempre … con los pobres». Esta y no otra es la gran diferencia que distingue a una nación verdaderamente progresista y democrática de otra como la nuestra, en la que una izquierda resentida y envidiosa ha venido empeñada en el despropósito de igualar a la sociedad por abajo. Y lo ha logrado. Un ciudadano como yo, que podría votar socialista en la nación de los fiordos, se ve incapaz de hacerlo en un país como el nuestro, cuyo líder, junto con los de cuatro países comunitarios más, se opone a la aspiración mayoritaria de una UE que propone reconocer oficialmente su cultura y raíces cristianas. No podría votar socialista en un país como el nuestro en el que la falsa izquierda que pretende encarnar elige a sus líderes entre los menos preparados de sus filas y ataca por sistema, con profusión de obstáculos y gratuitas chirigotas, el derecho a la libertad religiosa de los españoles. Un servidor, que siempre ha sido políticamente independiente y no se ha afiliado jamás a partido alguno, ve por primera vez tambalearse su antigua y firme elección.
No veo en las cadenas de televisión españolas ningún grupo de cristianos que dediquen su imaginación, tiempo, dinero o influencia a burlarse de los ateos, o de cuantos se declaran agnósticos o incapaces de comprender nada más allá de lo empírico y experimentable; sin embargo, el próximo jueves, según se ha anunciado, unos grupos de desocupados realizarán una manifestación (hablemos claro: un aquelarre) en contra de la Semana Santa, ese periodo sagrado que nuestros dirigentes laicistas han pretendido denominar «Vacaciones entre Trimestres». Todo sigue indicando que el socialismo gobernante no ceja en su empeño de atacar los sentimientos de la mayoría de los españoles, y sus inseparables valores. Se han empeñado en igualar a los españoles por el bajo vientre, y en lograrlo por la vía de la mala educación, la mediocridad y el progresivo embrutecimiento moral. Mientras la Revolución Francesa sirvió para que todos los franceses, y más tarde los ingleses y alemanes, pudieran recibir el tratamiento de «monsieur» y «madame», y cuanto esto conllevaba, la revolución socialista que hoy estamos sufriendo impide el resurgimiento de la dignidad personal y de la excelencia; porque la excelencia es algo “facha” para esta gente sin formación que nos gobierna. Me parece muy acertada, por tanto, la idea de “ignorancia voluntariosa” con la que un conocido periodista ha creido interpretar el desmadre socialista que padecemos.

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 4 de abril de 2011

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