La necesidad de una Segunda Transición


Con unos comicios municipales y autonómicos que están a punto de concluir, ya puedo utilizar la información electoral que todos los españoles hemos logrado conocer a las nueve de la noche de este histórico domingo de marzo en que escribo esta columna. El gran cambio por el que España venía clamando, se ha producido ya; pero – atención – únicamente en las urnas. Ahora se trata de que el principal partido perdedor quiera y sepa practicar esa virtud democrática que se llama “saber perder”, y que el que se ha alzado con la victoria en el mayor número de municipios y autonomías, sepa – y pueda – diseñar ese inteligente plan de trabajo que hoy llaman “hoja de ruta” y que deberá permitirnos invertir con urgencia las peligrosas tendencias que nos llevaban indefectiblemente al abismo. El objetivo prioritario, por tanto, que los nuevos gobernantes deberían perseguir sería la recuperación de la confianza perdida: la del propio ciudadano, en el interior de España; y la de los países y mercados que en este histórico momento nos contemplan desde ahí afuera. Es decir, la toma de una serie de primeras decisiones que den en efecto a entender que España va a cambiar.
Lo sucedido en nuestras plazas durante la última semana, es algo a sumar a las cosas paranormales que desde hace años vivimos. No sabemos todavía quién, demonios, hay detrás de esa concentración “sin líderes” que todo un ministro de Interior se ha negado a dispersar. Vergüenza debería sentir Rubalcaba por haber logrado pisotear las leyes, incluso las propias, como ningún ministro de interior ha hecho jamás en país alguno del mundo libre. En otras épocas podríamos haber dicho “más pronto o más tarde se sabrá”; pero con tanto enigma acumulado sin resolver durante los últimos años, tantas manos negras sin dar la cara, mejor vamos dando por seguro que jamás nos enteraremos de quién fue el autor intelectual de esta “settimana enigmística”.
Es mucha la labor que tocará ahora hacer a quienes se ven ante la disyuntiva de salvar o rematar a España. Son demasiadas los errores, excesivos los entuertos y las indignidades que se han perpetrado contra nuestro país como para que la situación tenga fácil remedio. Habrá que esperar hasta las próximas elecciones generales, porque no parece ser suficiente todo lo ocurrido con Zapatero en los últimos tiempos para conseguir que este nefasto presidente deje su poltrona y nos deje vivir en paz. Tras la monumental derrota sufrida por el Partido Socialista y el voto de castigo que ha recibido, pensamos que serán muchos los problemas adicionales que ese partido va a generar antes de reconocer su derrota. Pensemos en el caso Bildu y en el oprobio que ha arrojado sobre el País Vasco.

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 23 de mayo de 2011

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