¡Ay, Gasparín del alma mía!


¡Qué cosas dices, Gaspar, con ese nombre que te pusieron en la pila bautismal! ¿Qué pasó contigo, chiqulilo, para que tras recibir tan regio y evangélico apelativo te volvieras intratable? Dicen que hay nombres que marcan, pero en tu caso no se aprecia que el espíritu de aquel mago de Oriente que pasó a la Historia por perseguir un lucero que iba a conducirle a Dios, haya marcado tu personalidad. La verdad es que, salvo que lo disimules muy bien, todos diríamos que te has obcecado en seguir precisamente el camino contrario, el que te aleja de Él, como si la idea de Dios te molestara o pensaras que ha hecho algo contra ti, con ganas de fastidiarte – acaso darte la vida, o hacer que fueras comunista – y no puedes perdonarle. Esta es la imagen que nos das, Gaspar, con tu letanía de improperios contra el Santo Padre de los católicos que estos días visita España. Hasta has llegado a pedir al gobierno que “vigile” cuanto se diga en los actos de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebra en Madrid, no vaya a ser que el gran teólogo e intelectual de nuestro tiempo, el Papa Benedicto XVI, vaya a decir algo que ofenda la moral. ¡Qué pasada, don Gaspar! Hay cosas, sinceramente, que hasta a tus colegas del mundo de Izquierda Unida tienen que resultar hilarantes.
Debe de ser un trauma enterarte de que ese “individuo”, como tú lo llamas, que ha venido a Madrid a reunirse con la mejor juventud del mundo, es recibido por ésta y por la mayoría de los ciudadanos con inmenso respeto y cariño, y que su palabra, como ocurre en todos sus viajes – y ya sucediera antes con los del beato Juan Pablo II – es la más esperada y trascendente de cuantas puedan pronunciarse y la que más bien puede hacer a cuantos aspiramos a un mundo mejor, entre los que me permitirás te incluya. ¿A qué se debe, Gaspar, tu animadversión hacia una Institución que constituye la mayor ONG del mundo? Muchos pensamos, sin explicárnoslo, que te ofende la inmensa labor asistencial y educadora de la Iglesia, como si envidiaras que el partido comunista de tus amores no haya sido capaz de llevar a cabo algo mínimamente parecido; algo mínimamente similar a esas promesas de felicidad y justicia humanas, todas incumplidas, que mucho tiempo atrás hizo a cientos de millones de personas poco formadas que ingenuamente las creyeron.
Tu, querido amigo, que debes de leer únicamente la prensa de extrema izquierda, harías muy bien en asistir, aunque fuera con barba y gorra carrillesca por evitar habladurías, a alguno de los encuentros que Benedicto XVI celebrará en Madrid con nuestros jóvenes. Yo creo, Gaspar, que escuchar atentamente uno cualquiera de sus discursos te reportaría un gran bien. ¿Te imaginas los titulares que aparecerían en El País, el Avui, o L´Humanité, si de repente saltara al aire la noticia de que Gaspar Llamazares se ha convertido? Cosas más sorprendentes se han visto, y este columnista te desafía a dar ese paso honroso para el que no hacen falta más armas que el deseo de información y una pizca de humildad.  Puedo asegurarte que, de ocurrir tal contingencia, hasta tu gesto adusto cambiaría. Aunque fuera por una vez, sería bonito ver a un comunista sonreír. Porque convendrás conmigo que las caras de perro pueden haber sido un factor desencadenante del fin del comunismo en el mundo. ¡Arriba los corazones!

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 15 de agosto de 2011

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