El enemigo interior


De no ser por las Elecciones Generales que toda España espera cual agua de mayo, el grado de desesperación de los ciudadanos al descubrir en su propio Gobierno al peor de sus enemigos, habría rebasado todos los límites. Sólo la confianza en un próximo cambio de dirigentes, y por tanto de políticas, mantiene vivo el espejismo de una paz social inexistente. Sin esa fecha de caducidad del peor Gobierno que España ha tenido en su etapa “democrática”; sin ese punto de luz que nos permite divisar la ansiada salida del túnel, tiempo ha que los españoles habríamos saltado a la calle a exigir la inmediata restitución de ese Estado de Derecho que – ¿quién podía sospecharlo? – el propio Gobierno nos ha hurtado.
Recuerdo mis años juveniles en la Escuela Naval de Marín, y ese orgullo de buque escuela de veinte velas – el Elcano – cuya bandera de combate, la que sigue ondeando en su popa en las grandes solemnidades, fue donada en 1928 por la Diputación Provincial de Guipúzcoa; la misma institución – ¡qué paradoja! -que hace unos días, tras la entrada de Bildu en las instituciones vascas, ha decido el arriado de esa misma bandera de España en la fachada y salón de plenos de su histórico edificio.    
¡Qué verguenza, así mismo, la retirada del gran retrato de S.M. el Rey del sinfoalón de plenos del Ayuntamiento de San Sebastián! Es inconcebible que cualquier españolito de a pie, como cierto joven catalán que a los dieciocho años juró la bandera en San Fernando con lágrimas en los ojos – en un acto que siempre recordará entre los más importantes de su vida – venere más la enseña de su patria que unos indignos gobernantes – reos de alta traición – que consienten cobardemente tan escandaloso ultraje a nuestros símbolos más preciados. ¡Cómo no se nos pone de pie toda la sangre ante este autoataque, perpetrado desde dentro de nuestro país, contra la dignidad  nacional!
¿Cuáles serán los sentimientos de los guardamarinas de 4º curso al conocer que ese pabellón rojo y gualda, máximo emblema de España que ondea a popa, ha sido arbitrariamente expulsado de la fachada de la antigua institución que un día histórico lo donó al buque, sin que el Gobierno de su patria haya tenido los cojones de obligar a reponerlo de inmediato en el lugar que la Ley exige. Hay que preguntarse también qué sangre corre por las venas de quienes consienten tanta iniquidad, o si hay alguna mano negra que hace que sean españoles, o que así se llamen por lo menos, los que llevan España a la ruina.

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 27 de junio de 2011

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