“Más listo que los ratones coloraos”


Lázaro de Tormes – el célebre “Lazarillo” dela novela picaresca- representa el arquetipo español del listillo del lugar. Es el proyecto, en clave juvenil, del delincuente adulto. Maltratado por la vida y sin formación moral alguna, dedicará su vida a engañar y explotar al prójimo, porque no sabe hacer otra cosa. Con todo, no fue él, sino otros personajes literarios como Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, o el Buscón, de Quevedo, los que fijaron la figura del oportunista verdaderamente cínico y desaprensivo que vivió en la España del siglo XVI y sigue viviendo en la del nuestro. Trátase de ese individuo que conoce a la perfección el arte de la manipulación y que sin necesidad de ser inteligente, ni especialmente culto, ni superior en nada al común de los mortales, sabe en todo momento (hasta que un día se pasa de listo) cómo arrimar el ascua a su sardina.
El pícaro tiene consciencia de ser persona lista y de poseer, por tanto, la capacidad de engañar a cuantos incautos e ignorantes se cruzan en su camino. Podemos encontrarlo hoy ocupando un altísimo cargo en la política nacional, usando hábilmente de la mentira y disimulando su maldad. Sabe cómo aprovecharse de aquellos que, escasamente formados, tienden a confundir listeza con inteligencia. Así mismo, sabe cómo hacerse con una cohorte de estómagos agradecidos, tan cínica y parasitaria como él, que pueda cumplir la imprescindible función de claque. Es harto significativo – amén de preocupante – que la novela picaresca haya surgido precisamente en España y que lo haya hecho para retratar esa peculiar forma de ser de algunos de nuestros ciudadanos y que puede resumirse en la expresión: “la sabiduría del engaño”.
Uno de sus destacados especimenes, el actual candidato a la presidencia del gobierno del partido que ha llevado al país al mismo borde del abismo, utilizará en campaña, como principal atributo, su pretendida condición de ser “el aspirante más listo”. Craso error en opinión de este columnista, porque todos los españoles conocen  las variadas acepciones que la RAE y el propio uso de la lengua dan al calificativo “listo”, y también al de “listillo”. De inmediato nos acude a la mente la idea de que vienen a por nosotros, a por nuestro valioso voto. Otra grave equivocación se hace patente cuando se cuelga del candidato el flamante rótulo que reza: “socialista de toda la vida”. Pues miren ustedes que están las cosas como para alardear de tan deslumbrante currículo y tan alta pertenencia. ¿Cómo no se darán cuenta de que es como mentar la soga en cada del ahorcado?  El mero hecho de conocer la campaña que ha parido el comité de expertos designado al efecto, da una idea de lo desnortado que puede llegar a estar un grupo político que se enfrenta a la disyuntiva de regenerarse de cabo a rabo, o desaparecer como partido importante.
No hay que ser un lince para percatarse de la opcional connotación negativa del adjetivo “listo” y de todas sus variantes. Cuando en Andalucía se dice que alguien “es más listo que los ratones coloraos”, o “más listo que el hambre”, no se hace referencia a Einstein, precisamente. La expresión más ajustada en el léxico actual, tal vez sea “es más listo que Belén Esteban”. Y no hay más que añadir. ¡Hasta pronto!

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 12 de sepriembre de 2011

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