Me lo dijo Pérez


Confieso que no he sabido lo que es el socialismo hasta que he peinado canas. He vivido casi la mitad de mi vida bajo una dictadura que, salvo los crueles episodios que protagonizó en el tardofranquismo y que me hicieron rebelarme sin reservas, sufrí en mis carnes tangencialmente. Al no estar metido en la política, sino enfrascado en mis estudios y trabajos, el régimen que viví fue una dictablanda. Debido a mi trayectoria, alejada hasta entonces de la política, me había mantenido en una posición intermedia que me dejaba ser objetivo. Podía celebrar los planes de desarrollo de un régimen que estaban consiguiendo la recuperación económica de España, y lamentar a un tiempo la falta de democracia.

Conocer en aquellos años la verdadera ideología socialista, era una auténtica quimera, ya que había socialistas en avanzados países democráticos y también en los más totalitarios que seguían enfangados en la gran farsa de la dictadura del proletariado. Algo parecido ocurría con el concepto de “democracia”, dado que muchas naciones del Este, satélites de la Unión Soviética, se autoproclamaban democráticas. Todo ello influyó en que mi posición ante el socialismo – el nuevo régimen que se impuso en España tras la transición – fuera de lo más escéptica. También ante la democracia albergué mi confusión, en tratándose de España. No veía yo que la idiosincrasia del español pudiera casar fácilmente con la deportiva idea de aceptar de buena gana la decisión de las urnas. La baja formación media de los españoles, de otro lado, me hacía desconfiar del éxito de nuestra anhelada democracia, porque el odio entre los españoles seguía mascándose en el ambiente cuarenta años después del 39. Y se mantiene en las nuevas generaciones, setenta y dos años más tarde. Como les decía, no he sabido lo que es el socialismo hasta que los propios socialistas me lo han hecho ver claramente. Por fin he comprendido que el socialismo carece de ideología política, y que sus miembros – salvo raras excepciones – no son más que charlatanes vendedores de crecepelo. Sus miembros me han demostrado hasta la saciedad que sólo les rige el afán de provecho personal, y que la política de la mentira es el instrumento de que se valen para burlarse de los pueblos. Basta ver hoy a los terroristas instalados en las Instituciones, y a los socialistas manipulando la Justicia en su provecho. Les doy las gracias a todos ellos, y muy en especial a ese maestro de la doblez que es el señor Pérez, por el  impagable curso que nos han brindado. Sólo espero que las próximas generales les proporcione el reconocimiento que merecen por promover el mal por doquier al amparo de la maquiavélica y soviética consigna “el fin justifica los medios”. Spasiva!

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 10 de octubre  de 2011

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