Borrón y cuenta nueva


El batacazo electoral sufrido por los socialistas en el pasado mes de mayo nos permitió comprobar algo que ya sabíamos: que muchos de los administradores contratados para gestionar la oficina central de nuestra empresa, y de sus sucursales regionales, nos la estaban pegando. Constatamos entonces que la formación profesional y calidad humana de la gente a la que habíamos encomendado su gestión, no podía ser más pobre. Habían convertido a nuestra sociedad anónima – la misma que había alcanzado el octavo puesto mundial y el cuarto europeo – en una colosal persona jurídica económicamente quebrada, mendicante de toda clase de ayudas internacionales, e indigna por tanto de confianza. No hacía falta ver las contabilidades para conocer el caos en el que habían sumido a nuestra común empresa nacional. Sólo ellos, los malos administradores y sus mimados afines, habían logrado incrementar exageradamente sus respectivos patrimonios personales. El resto, la inmensa masa de accionistas no allegado al poder constituido, estaba lamiéndose las heridas de su ruina sobrevenida o haciendo mil malabarismos para no caer en ella. Esto es lo que pudimos verificar, estupefactos, tras el último 7 de mayo. 

Estamos en la recta final de una campaña electoral anticipada que la soberbia de un presidente inepto impidió llevar a cabo cuando aún se habría estado a tiempo de salvar a la empresa del desastre. El nuevo consejo de administración que surgirá de los comicios el próximo día 20, tendrá que hacer encaje de bolillos para salir de la situación límite a la que el PSOE nos ha abocado. Es tan seria la coyuntura, y tan grave el riesgo que corremos los 47 millones de accionistas de nuestra hoy insolvente sociedad, que estamos dispuestos a otorgar al nuevo equipo de gobierno, con tal de que sea otro, la más absoluta de las mayorías. Tan sólo los estómagos agradecidos, que obviamente se suman por millares, y la concurrencia de minorías de menor peso, impedirán la posibilidad histórica de un voto popular casi unánime y el pase del citado partido al Grupo Mixto.

En el debate recientemente realizado por los candidatos de las dos fuerzas mayoritarias, el del PSOE manifestó, con el mayor de los descaros, que uno de sus primeras medidas para alejar a nuestra sociedad del abismo, sería solicitar a la UE una moratoria de dos años en el plazo establecido para cumplir los “objetivos de déficit”. Es algo archisabido que, en el hipotético caso de que ese hombre desbancara al candidato del PP, la sociedad en cuestión – Reino de España, S.A. – sería de inmediato intervenida, mucho más de lo que ya está, por su máxima autoridad supranacional y, como puede ocurrir con Grecia, veríase obligada a  regresar, deshonrada, al viejo hogar de la peseta.

Dando por descontado el triunfo electoral del PP el próximo 20 de los corrientes (porque sólo una catástrofe podría ya evitarlo), este articulista hace votos por una nueva voluntad del PSOE de abordar su regeneración, y por su renuncia a poner palos en las ruedas al nuevo equipo de gobierno que los accionistas hayamos elegido. Sólo así podrá volver a ejercer algún día el democrático derecho a ser alternativa.

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 14 de noviembre  de 2011

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