El valor de la confianza


Es en los momentos críticos cuando los pueblos – asustados – deciden con más responsabilidad a quién otorgan su confianza. Acabamos de verlo en España, tanto en las elecciones autonómicas y municipales de mayo, como en las generales de hace apenas quince días. Se ha evidenciado claramente que los españoles, incluidos varios millones de los que votaron PSOE en anteriores comicios, han reconocido el desastre al que el mal gobierno de ese partido nos ha llevado. El rotundo rechazo a una ideología equivocada, que antepone los intereses partidistas a los del país, ha constituido la mejor de las noticias para cuantos aspiramos a todo lo contrario. La inmensa mayoría de españoles creemos que la prepotencia, las mentiras y la falta de patriotismo que han arruinado España a lo largo de los últimos años, han llegado a su fin. Al tiempo que el socialismo ha fracasado estrepitosamente, y perdido la confianza de los ciudadanos, éstos se han volcado en declarar que confían en el Partido Popular: que creen en esta formación hasta el punto de otorgarle el más amplio cheque en blanco que nuestra constitución contempla.
 
Mientras comprobamos a diario que ni siquiera in articulo mortis el Gobierno socialista se enmienda, o se arrepiente de algo, asistimos aliviados a unos preparativos del próximo equipo de gobierno, que nos infunden confianza. Todo parece indicar que la demagogia barata, propia de un ejecutivo sectario y de gente poco formada, va a dejar paso a una política seria de personas preparadas, honestas y eficaces. No sólo la “prima de riesgo” ha descendido sustancialmente (antes incluso de que el gobierno entrante haya asumido el poder), sino que también la “prima de canguelo” de los españoles se ha visto mitigada de forma significativa.  Dicho con otras palabras, los españoles confiamos que el gobierno sucesor del que hoy agoniza en Moncloa, antepondrá la acción a la palabra y serán sus hechos (esperemos que atinados) los que le darán crédito y prestigio; y por extensión a España.
 
En un interesante “post” que firma Patricio Morales, se glosa la integridad, es decir, la virtuosa coherencia entre valores, palabras y acciones. “En la medida en que valoramos que las personas nos digan la verdad, cumplan sus promesas y sean honestas” – afirma – “se desarrolla la confianza”. Y también se nos advierte de los peligros que acechan tras la capacidad (o necesidad) que el líder tiene de delegar. Es preciso controlar a aquellos en quienes se delega: “No se trata de delegar una autonomía plena para la toma de decisiones, sino de hacer a los delegados partícipes de los procesos”.   
 
Parece ser que el presidente Rajoy no ejercerá únicamente como tal, sino que podría retener la titularidad de algunas carteras ministeriales. La idea, amén de novedosa, podría ser óptima, dada su formación académica cum laude, su brillante trayectoria profesional y política, y su anunciada intención de rodearse de los mejores especialistas. Si a todo esto añadimos una personalidad dada a la reflexión profunda, la sencillez y el diálogo, la confianza que hoy sentimos parece justificada. 
 
© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 5 de diciembre  de 2011
 
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