Gaudeamus igitur


Léase: Alegrémonos pues. Es decir: ¡Albricias!  Tras el aplastante triunfo del centro-derecha en las Elecciones Generales celebradas ayer, ya podemos abrir de par en par las ventanas y proclamar a los cuatro vientos el alivio que gran parte de los españoles sentimos. Atrás queda la burda pelea de un socialista quemado, aspirante a Ave Fénix, y la seria defensa de ideas nuevas de su oponente y vencedor. El buen estilo de este último a lo largo de la campaña, nos permite presagiar el final de una política que ha descoyuntado a España, y el inicio de otra etapa en la que tendremos que volcarnos en la salvación nacional. La absoluta mayoría de votos conseguida por el candidato Rajoy pone de manifiesto, de un lado, el fracaso de una “elite” del PSOE que (como era de esperar) no ha dado un palo a derechas y, de otro, el claro grado de confianza que un pujante Partido Popular ha logrado despertar en gran parte del electorado.

Las urnas han vuelto a hablar y ahora toca al PSOE (a lo que quede del partido tras su previsible crisis interna) demostrar a los españoles si sabe o no sabe perder unas elecciones. De esto dependerá el tiempo que pueda precisar el PP para sacar a España del hoyo. Gran parte de los españoles teme que ni Rubalcaba ni Chacón, ni Chaves o doña Trini, ni ninguno de los que sobrevivan al batacazo de ayer, abriga la voluntad de actuar con gallardía desde su nueva posición. Como oímos hace años de boca de Felipe González, cuando – ¿recuerdan? – se la jugó el micrófono, a los líderes socialistas de hoy sigue interesándoles la tensión. ¡Qué lástima que tan importante partido de nuestro espectro político renegara un día de la excelencia, del juego limpio político y del mismo Montesquieu!

Habrá que recuperar la Justicia, en la línea ya iniciada por la juez Mercedes Ayala, y cambiar algunas de las nuevas leyes promulgadas, porque sin hacer sábado a fondo no se adecenta la casa, ni podremos recuperar el prestigio internacional perdido. Las grandes cuestiones del Paro, la Sanidad y la Educación, obviamente, son las otras prioridades, y todas al mismo nivel. Hagamos nuestra, si somos capaces, esta letra del Gaudeamus igitur, el himno universitario: “¡Vivan los que estudian! / Que crezca la única verdad, / florezca la fraternidad / y la prosperidad de la Patria”. Y también esa otra: “¡Muera la tristeza! / Mueran los que odian, / muera el diablo, / cualquier otro monstruo, / y quienes se burlan”. Por lo que a un servidor respecta, más que desear la muerte a los que odian o se burlan (que bastante que lo pagan en carne propia), les deseo que fracasen estrepitosamente, o se vuelvan buena gente. Podemos mejorar España sin necesidad de matarnos, ¿no les parece? .Ojalá lleguemos a erradicar los extremismos estériles. ¿Nos hemos parado a pensar que empezamos con la violencia escolar o callejera, seguimos con enfrentamientos futboleros y amañadas memorias históricas, y acabamos en la contradicción de un “gobernaremos para todos” que supedita el principio de igualdad de oportunidades a la previa condición de exhibir un carné en la boca? La esperanza que hoy volvemos a sentir sobre el futuro e España, se vería reforzada con una izquierda reformada, practicante del fair play y enemiga de la demagogia.

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 21 de noviembre  de 2011

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