José Luis Aguilera


 José Luis Aguilera ha muerto. Quijotista de raigambre, eligió esa forma de vida que consiste – como leemos en la gran novela – en hacer el bien a todos y mal a ninguno. Nos ha dejado el recuerdo del hombre honrado y generoso que Cervantes perpetuó en su personaje más célebre. Podría incluso afirmarse que José Luis ha sido un don Quijote redivivo, un alter ego del andante caballero eternamente ocupado en deshacer entuertos. Quitando a otros elegidos, como el ilustre membrillato Pedro Morales de Gracia, el catedrático cervantista Joaquín González Cuenca, o el antiguo ferroviario Manuel López Gómez, fue uno de esos manchegos admirables que se sabía el Quijote de memoria y había hecho de esta obra su “hoja de ruta”.  
 
Humanista, abogado y senador del Reino por Ciudad Real, supo llevar por el mundo el nombre ilustre de su tierra. Sin estridencias ni afán de vanos protagonismos, sus consejos fueron siempre los del cristiano viejo, aunque en otro lugar geográfico habrían podido ser los del derviche mahometano ducho en tradición oral, o los de un sabio necesitado de potentes anteojos, debido al mucho leer. Al igual que nos acontece con la imagen de Quevedo, ya no podremos evocar el bondadoso rostro de Aguilera sin incluir en el collage esas características gafas de recia montura que semejaban dos lupas y transformaban sus pupilas – como diría Juan Ramón – en dos escarabajos de cristal negro. Serán sus ojos, sin duda, esos amplios ventanales por los que asomaba su alma, los que más nos servirán para traer su imagen a la memoria.
 
Necesitado de darse y de seguir repartiendo el amor que le sobraba, tras haberlo volcado a espuertas en su esposa Encarnita, en sus hijos y sus nietos, decidió un día reunirse con sus amigos más próximos y proponerles otra de sus geniales ideas: la de fundar una asociación que divulgara los valores del Quijote y contribuyera a formar una sociedad más culta, justa y solidaria. Así fue como vio la luz, allá por 1994, la asociación cultural  Ciudad Real Quijote 2000, hoy desaparecida, aunque no fueron pocos sus frutos y realizaciones a lo largo de sus quince años de existencia.
 
Don José Luis Aguilera Bermúdez, Quijote del siglo XX, ha fallecido en Cullera, hace apenas unos días. Nos dolemos de su pérdida cuantos tuvimos el honor de ser sus escuderos, sus mozos de campo y plaza; sus amas, bachilleres, barberos y sobrinas. Nuestro paisano más ilustre, el que mereciera un día la distinción de “Caballero Andante”, y más tarde la de “Ciudadano Ejemplar” de Ciudad Real, ha emprendido su último y definitivo viaje, el que lleva a las estrellas. Y uno (amante de los dibujos animados) quiere imaginarse que un triste can innominado, galgo corredor por más señas, sigue inmóvil en la esterilla, junto al lecho mortuorio, aguardando su regreso. Los demás damos por cierto que el reencuentro ocurrirá en algún mágico lugar donde no hay puestas ni auroras.
 
© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 19 de diciembre  de 2011
 
 
Explore posts in the same categories: Ética (temas varios), CARTA ABIERTA A..., REFLEXIONES NAVIDEÑAS, TEMAS CERVANTINOS

2 comentarios en “José Luis Aguilera”

  1. Marien Aguilera Says:

    Érase que se era, el bien que viniera para todos sea y el mal para quien lo fuera a buscar». Así se saludaban mi padre y mi hija. Él pronunciaba la primera frase y ella la sentenciaba como Zonzorino. Personalmente, envidiaba aquella curiosa forma de rezar el Padrenuestro, porque, para ambos, era la oración por excelencia, un código de complicidad, una «hoja de ruta».

    Tras dejarle descansando, quise hacer mía aquella oración y pedí a mi madre, como único legado, su Quijote: El Quijote de José Luis. Mi madre —solícita— empezó entonces a sacar Quijotes y Quijotes del armario. Todos desvencijados. Todos amarillentos. Todos con olor a ese código de complicidad y a esa ruta que mi padre también compartió con vosotros: sus amigos de la Asociación.

    Gracias, Pepe, por tu sentido recuerdo hacia mi padre y hacia su labor. Pero, no te llames a engaño, el gran amor de mi padre fue Ciudad Real. Allí donde nos encontremos con él habrá, sin duda, duelos y quebrantos… aunque no sea sábado.

    Mientras, en casa —en Cullera— hay un perro tumbado en la esterilla. No es galgo, ni innominado, pero estira sus orejas cada vez que oye un ruido no fuera que su inseparable amo decidiera volver al sillón que los dos compartían.

    Marien Aguilera


    • Querida Marien: Todavía siento el calor del prolongado abrazo de tu madre al término de la misa en San Pedro, así como el del tuyo y el de tu hermano. Me reconforta saber que mi amigo José Luis dejó plantada (y bien crecida) tan buena semilla antes de poner su pie en el estribo. Aunque no es usual en nuestra cultura felicitar a los deudos, yo, deudo también, por no decir su deudor, os deseo esas Navidades sin fecha de caducidad que él os inculcó como forma de vida.
      Pepe


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: