¡Bien vengas mal, si vienes solo!


Esta es una exclamación que encontramos en el Quijote, y que a muchos españolitos de estos tiempos borrascosos se nos escapa del alma. Ya empiezan a ser excesivas las malas noticias que nos abruman. Como dice otro refrán: “éramos pocos y parió la abuela”. La última ha sido la información sobre la escapada del Rey a Botswana, ¡a cazar elefantes!, y su fractura de cadera. Es tan rico nuestro léxico, que también podríamos aplicar esa sentencia que reza: “del Rey abajo, ninguno”. Porque ninguno, ni siquiera el mismo Rey, nos libramos de meter la pata. ¿Es lógico, o admisible, que el Jefe del Estado se ausente cinco días del país sin avisar de ello al Presidente del Gobierno? Con lo que está cayendo, con la edad y achaques que ya va teniendo nuestro monarca y las penurias económicas que estamos sufriendo, no parece normal a este columnista que Su Majestad mantenga intactas sus costosas costumbres cinegéticas. Y no hay que ser un adivino para sospechar el mal cuerpo que se le debe de poner a nuestra sensata Reina Doña Sofía, defensora de los animales ella, e incluso vegetariana por esta misma razón, cada vez que a su augusto esposo le da por irse de safari.
Es la primera vez en mi vida que me atrevo a censurar al Rey, a quien he defendido multitud de veces con mi modestísima pluma, incluso aquí, en La Tribuna. Y no me cabe en la cabeza que el mismo Jefe de Estado que goza de la mejor reputación del mundo y que ha sabido salir airoso de las más difíciles situaciones, ponga ahora en entredicho el curriculum que tantos españoles admiramos. Se ha llegado a decir que en esta castigada tierra no somos mayoritariamente monárquicos, lo que es muy cierto, pero sí somos juancarlistas. Y un republicano relevante no dudó en afirmar que don Juan Carlos también habría podido ser el mejor presidente de una hipotética III República; opinión ésta que seguiré suscribiendo.
Tras la imperdonable faena que Iñaqui  Urdangarín le ha jugado a la Corona, es ahora el propio Rey quien se la juega a sí mismo. Mala, muy mala noticia para los españoles convencidos de que la institución monárquica es la cúpula protectora de nuestro invento democrático. Es muy triste constatar, por ejemplo, que diez páginas de El Mundo de ayer tuvieran que venir dedicadas a este lamentable error.   
 
© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 16 de abril  de 2012
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