Habas contadas


El ingenio del hombre siempre le ha permitido medir con precisión cualquier superficie. La del huerto que compraba y la del edificio que construía. Para superficies de planta rectangular la fórmula era muy sencilla, ya que consistía en multiplicar el largo por el ancho. Todo esto se facilitó un montón con la introducción del sistema métrico decimal, aunque sigue habiendo culturas, amantes de dar la nota, que se oponen a su aplicación universal. Para medir la superficie – o la cabida – de un terreno de planta irregular, se recurría a un topógrafo, ya que había que sacar las cotas “reducidas” en el propio terreno, dividirlas en rectángulos, triángulos y demás figuras geométricas, y sumar a continuación sus áreas respectivas. Obviamente, la informática ha venido a limitar a un simple clic este farragoso proceso. Y gracias a esas mediciones hemos podido estimar, con asombrosa precisión, el número de cepas que podíamos plantar en nuestras viñas y su producción anual.
El hombre, sin embargo, se ha estrellado, como suele decirse, con la llegada de la democracia. El actual homo electronicus. con todas las herramientas de que dispone y su saber acumulado, se ve de pronto incapaz de calcular, siquiera aproximadamente, el número de participantes que acude a una manifestación política. Se muestra un zoquete a la hora de estimar el número de personas que han ocupado durante horas unas superficies concretas – calles, plazas, parques y avenidas – de una determinada ciudad. Parece haberse olvidado de sus antiguos conocimientos en agrimensura, y de los siguientes datos elementales: A), que una muchedumbre humana que discurre hombro con hombro, lo hace con una intensidad media de nueve (9) individuos por metro cuadrado, según un servidor ha podido constatar en el pasillo de su casa. B), que entre Cibeles y Colón, por citar un solo ejemplo de una específica zona urbana, hay una calzada central de una superficie total perfectamente cognoscible si uno se molesta en delimitarla con un rotulador en el mapa de la ciudad, y aplica la escala que en él se ha utilizado. Y C), que los ciudadanos, cuando se comprimen en un metro cuadrado, o en cien mil, son  tanto o más mensurables que las habas contadas. 
Los dirigentes de las organizaciones chupópteras mal llamadas sindicatos, son capaces de estimar una participación de medio millón de personas en la misma manifestación a la que el Cuerpo de Policía, mucho más imparcial por razones obvias, ha asignado veinte mil. Esto es lo que ha ocurrido con las últimas manifestaciones de Madrid y Barcelona ¿No les da vergüenza publicar unas cifras que superan veinticinco veces la realidad?   
 
© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 19 de marzo  de 2012
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