Caos


Según la tradición, caos fue el estado de confusión de los elementos anterior a la organización del Universo. En nuestro mundo actual, es el estado de gran confusión en que siete mil millones de mortales nos debatimos. La España de las Autonomías, por ejemplo, no es sino la obra de unos constituyentes que creyeron poder mejorar la Suiza de los cantones y la Alemania de los landers. Nos duela o no reconocerlo, España dista de ser la unidad política que desearíamos que fuera. El día a día nos muestra que no hemos sabido unir sus partes con cemento de calidad. El Estado de las Autonomías, por la dejadez de gobiernos de triste memoria, va camino de dar al traste con el espíritu de pertenencia a una gran nación. La Revolución Francesa no se propuso acabar con la idea de patriotismo, ni siquiera con la de grandeur, heredadas de un pasado autoritario; pero en España no hemos sabido separar el grano de la paja y se ha hecho creer a la gente que el orgullo de sentirse español en la nueva España autonómica es una secuela franquista de la que hay que liberarse.   
De otro lado, Internet y sus redes sociales canalizan ahora el descontento popular, añadiendo nuevas voces al guirigay hecho sistema. Su poder de convocatoria permite equiparar sus voces a las de un potente partido político ex novo, que no figura en registro alguno, pero representa claramente el sentir de los ciudadanos, en especial de los más jóvenes. A muchos nos parece bien gran parte de las exigencias que los “indignados” plantean. ¿Cómo no juzgarlas oportunas cuando este espontáneo movimiento en pro de más democracia, inaugurado en Madrid hace justamente un año, ha merecido extenderse a un centenar de países? 
Lo que nuestros políticos deben corregir, a su vez, es el caos insostenible en que han sumido al nuevo Estado. Caos ocasionado por el mayor grado de despilfarro que España ha conocido y que ha agravado a su vez la tremenda crisis económica que hoy tenemos que combatir. El mayor problema estriba en que ahora necesitamos políticos de categoría, de esos que merecen el apelativo de “hombres y mujeres de Estado”. Necesitamos buscar una forma de vida más significativa, y esto sólo podrá lograrse si la Humanidad – la juventud indignada de hoy, sobre todo – aprende a comportarse sin obsesiones egocéntricas; pensando en dar antes que en recibir; tratando de vencer al mal con el bien, y reorganizándose individualmente antes de lanzarse ciegamente a cambiar el mundo. 
 

© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 14 de Mayo de 2012

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