La buena preparación


Los adherentes a cierta ideología política que no suscribo, condenan la excelencia como algo contrapuesto a la igualdad. Y ello se debe a que una de sus propuestas ha consistido en igualar por abajo; lo cual, evidentemente, es más fácil. No hay que ser un lumbreras para comprender que el éxito de una sociedad, lo más difícil, es que logre igualar por lo alto al mayor número de sus ciudadanos, que es lo que España ha conseguido claramente en el ámbito del deporte internacional.
El estudiante o el profesional que busca la excelencia, no lo hace, como tienden a creer las izquierdas, para elevarse sobre los demás y machacarlos, sino para hacer de su vida una aventura más colmada y, a menudo, para ser más útil a la sociedad. Lo hace para poder influir en ella desde una posición más determinante, es decir, para ser un día de los que abren caminos y no de los que se dejan remolcar. El deseo de sobresalir no tiene por qué obedecer exclusivamente a un ansia de poder o fama, sino al proyecto de lograr la excelencia en el propio trabajo, sea éste jugar al tenis, investigar en un laboratorio, formar parte de la selección nacional de fútbol, trabajar la tierra con maestría o dirigir eficazmente cualquier empresa del país.
Afortunadamente, la idea que hoy tenemos del éxito en nuestra piel de toro nada tiene que ver con la patológica obsesión del winner estadounidense. Son pocos entre nuestros jóvenes los que sueñan con triunfar a cualquier precio, o caiga quien caiga. Lo normal es que asocien esa meta a su esfuerzo y formación.
Centrándonos en el campo del deporte, en el que España viene cosechando los mayores triunfos, es harto evidente que ello ha sido posible por el tesón de unos atletas que son, además, sicólogos y malabaristas. Han desarrollado en tan alto grado sus habilidades, que no hay victoria que se les resista. En el partido final de la Copa de Europa, un futbolista de nuestra selección recibió con el empeine un balón que, según el comentarista de la COPE, “´bajaba del Kilimanjaro”, y lo pasó sin solución de continuidad a un compañero para que éste prosiguiera el buen juego coordinado. Esta clase de jugadas sólo pueden conseguirse con una excelencia atlética rayana en  la acrobacia y el encaje de bolillos. Las virtudes del líder – el seleccionador Vicente del Bosque, en este caso – se han contagiado a todos los miembros de su imbatible equipo. Y lo ha logrado, básicamente, enseñándoles a digerir los éxitos con humildad. Los que gritaban en Cibeles “¡Somos los mejores del mundo!”, no estaban en el autobús descubierto en el que la roja recorría triunfante la capital.
© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 9 de julio de 2012

 

 

 

Explore posts in the same categories: Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: