El mal de ojo


El retraso del presidente Rajoy en dar cumplimiento a sus promesas electorales, y más concretamente a las de orden moral – las concernientes al aborto, al cumplimiento de las leyes de banderas y símbolos nacionales, y a la indivisible unidad de España, entre otras – nos recuerda a diario una ristra de sentencias de nuestro Tribunal Supremo, y del Constitucional, que siguen igualmente incumplidas.

Ante la escalada de provocaciones que vienen haciéndose al Gobierno, en buena parte por gobernantes de Comunidades Autónomas, uno se ve tentado a pensar que tales sentencias, dictadas para ser aplicadas, pueden acabar siendo para don Mariano como esas armas de los bisabuelos de Don Quijote (sic) “que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos hacía que estaban puestas y olvidadas en un rincón”.

¿Para que se llevaron a cabo tan largos y costosos procesos y se luchó por el deseado resultado de esas sentencias de obligada ejecución, si a la postre se dejan arrinconadas en el desván y no se aplican? ¿Cuales serán las razones de tan incoherente conducta? Llegados al extremo punto de rebelión al que nuestra sociedad está llegando, frente al mismo Estado de Derecho que se deriva de nuestra Carta Magna, un servidor no puede menos de pensar que: o hay indecisión y cobardía en la cúpula del actual gobierno del Partido Popular (que dispone, no lo olvidemos, de mayoría absoluta para gobernar); o ha cambiado drásticamente su ideología, o – lo que sería mucho más preocupante – hay alguna fuerza oculta que está haciendo a España el mal de ojo.

No estuvieron ausentes las sociedades secretas, entre ellas la masonería, en el proceso que desembocó en el “desastre del 98”, y en la subsiguiente escisión de Cuba, Filipinas y Puerto Rico de la corona de España. Tampoco faltaron los movimientos separatistas en Manila y La Habana, a la hora de alimentar la desafección de los “libertadores” nativos, como se explica con amplitud en el libro “Martí y los Catalanes”. No fueron únicamente los estadounidenses jingoístas – tales como Teodoro Roosevelt o el desaprensivo magnate de la prensa William Randolph Hearst – quienes se curraron hábilmente aquella “espléndida guerrita”: hubo otros, en la propia Península, y en Ultramar (en esas colonias que Madariaga llamó con toda justicia “las otras Españas”), que maquinaron, como algunos indeseables siguen maquinando hoy, contra una Madre Patria que, injustificadamente, odiaban.

Es tan fuerte la evidencia de que alguien ha de estar pinchando con alfileres el mapa de nuestra piel de toro, que hasta se han vertido sospechas de que el ínclito señor Zapatero podría pertenecer a una de esas sociedades secretas practicantes del vudú político, económico o moral, que tanto da. Me limito a mencionar – no a afirmar, válgame Dios – lo que muchos han venido sugiriendo, negro sobre blanco, a lo largo de los últimos años. Lo que sí puede parecer obvio, conociendo un poco la Historia, es que España vuelve a tener poderosos enemigos que se mueven en la sombra. ¿Para cuando esas medidas que Rajoy se resiste a adoptar?

© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 8 de octubre de 2012

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One Comment en “El mal de ojo”

  1. Joan Says:

    Es l’esperit de Miquel Sirvent?


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