Mensaje a mi vecino “ut supra”


Hacía tiempo que no le decía nada a mi vecino de arriba. Nos cruzamos, eso sí, en el ocupado ascensor de esta “tercera” de los lunes, pero intercambiar, lo que se dice intercambiar opiniones, rien de rien. Y miren por donde, su sabrosa columna del pasado 15, me ha brindado la ocasión de enviarle este mensajillo, que ya no se si es el segundo o el tercero que le curso (no tengo la costumbre de enumerarlos como hacía San Pablo con los corintios) pero su bien traído elogio a los conservadores del otro día, bien merece una nota de agradecimiento.
Me ha parecido ejemplar, e insólito a decir verdad, su respetuoso comentario sobre la derecha española. Me refiero a cuando supone (sic) que bastantes lectores conservadores se sentirán molestos por su afición al empleo del término conservaduros para llamar a la derecha extremosa. “Precisamente” – nos aclara – “uso el término como valladar de respeto al buen conservador, alejado de agresivos radicalismos, que, aunque amigos de la conservación de usos y normas tradicionales, no tratan de conservar antañonas injusticias y desigualdades en la organización social”.
Ya era hora de que alguien, aunque fuera de izquierdas (como es el caso), acuñara una definición tan cortés de esa derecha a la que tantos millones de españolitos nos honramos en pertenecer. La verdad es que a este columnista nunca le ha molestado ese término que don Luis Domingo utiliza. Jamás me he dado por aludido. También a mi me joroban un montón esos que yo mismo llamo “de la derechona”, aunque mucho más todavía los que militan en la confusión y la anarquía más absoluta, verbigracia, cierto alcalde de Marinaleda, un errático exdirigente de Alianza Popular, o el actual Presiident de la Comunidad Autónoma Catalana.
Son épocas las actuales en las que une teme terminar como en la actual política italiana y echar de menos a figuras señeras como las de Julio Anguita, Nicolás Redondo, Gerardo Iglesias o el mismo Ramón Tamames (que tiempo ha que no aparece en pantalla); grandes personajes de la izquierda de antaño que no parecían olvidar que el centro político, sin perjuicio de ninguna ideología, debe ser la proa de la nave del Estado: el punto en el que todos pueden confluir para consensuar los grandes asuntos del país. La opinión que mi estimado vecino ha vertido sobre la derecha “civilizada” (que es la única que tiene cabida en una democracia europea), constituye un buen ejemplo de cómo deberían ser las relaciones izquierda-derecha entre los ciudadanos que deseamos lo mejor para la nación. Un “mejor” que de hecho compartimos mucho más de lo que algunos piensan.

© 2013 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”

Publicado en “La Tribuna de Ciudad Real”, el 22-04-2013

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