Guirigay


España, como todos sabemos, sigue en crisis. Pero los españoles hemos votado a un gobierno que está trabajando para salir de ella. Todo estaba condicionado a un primer paso decisivo consistente en reducir el déficit, condición sine qua non  para abordar políticas dirigidas a estabilizar las cuentas públicas y poder aspirar a las nuevas metas de recuperar el crecimiento y generar empleo. Los efectos sobre la reducción del déficit, que la UE nos exigía, ya están dando resultados en términos de una clara mejora de la credibilidad y solvencia del Reino de España; y se ha iniciado una segunda fase en la que la austeridad (sobre todo en gastos de las Administraciones) deberá ahora compaginarse con incentivos al crecimiento.
El Gobierno, por razones que son de todos conocidas, no ha podido hasta ahora aplicar su verdadero programa. Ha tenido que dar prioridad a esa drástica corrección del déficit que, de momento, y por lo menos, le ha permitido mejorar los datos macroeconómicos y superar el grave riesgo de rescate que, cual espada de Damocles, pendía sobre nuestras cabezas. Pero, muy a su pesar, ha tenido que quemar un tercio de su legislatura en labores de salvación nacional, con el coste político que tan ingrata función ha acarreado al Partido Popular.
Si nada en el mundo se tuerce (pues la situación sigue siendo delicada), estaríamos entrando finalmente en una segunda parte de esta historia en la que los datos macroeconómicos empezarían a manifestarse en la economía pequeña: la de las pymes y autónomos con acceso al crédito, la del aumento del consumo de las familias españolas, la de una clara recuperación de la actividad económica del país.
A las dificultades de esta lucha de toda una nación por corregir sus errores del pasado -en particular el colosal fallo de haber gastado infinitamente más de lo que ingresaba y el desmadre financiero de un gobierno central y diecisiete regionales – se ha sumado el guirigay generalizado de los ciudadanos, los medios de comunicación y las redes sociales, en una medida que nunca habíamos conocido. La ceremonia de la confusión que estamos viviendo en esta crisis no tiene precedente en nuestra Historia. Periódicos, canales de televisión, estaciones de radio y la totalidad de las nuevas redes sociales, dividen prácticamente sus espacios entre la fútbolmanía, los casos de corrupción y el debate político en el que todos se creen con derecho a juzgar. Son los gajes, seguramente, de una libertad de expresión elevada a la enésima potencia.
Ya que nuestro actual Gobierno es el que entre todos elegimos para apagar los fuegos que nos amenazaban, ¿por qué no le dejamos trabajar sin pisarle la manguera?

© 2013 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”

Publicado en “La Tribuna de Ciudad Real”, el 29-04-2013

 

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