La Pasionaria


Dolores Ibárruri, símbolo del comunismo más anticlerical, la de la terrible advertencia (“este es su último discurso”) pronunciada ante las Cortes Republicanas contra Calvo Sotelo, días antes de que éste fuera asesinado,falleció, casi podríamos decir, en olor de santidad. Debemos alegrarnos los católicos de ello, si bien lo tardío del suceso hace que lo anotemos como algo que, merced a la misericordia divina, podrá tener sus consecuencias en la otra vida, pero que aquí abajo de nada nos sirve para restar un ápice al daño que causó en vida.

Buena noticia, en cualquier caso, la que leemos en los periódicos sobre la labor de conversión realizada por el Padre Llanos, el célebre quijote del madrileño Pozo del Tío Raimundo; el jesuita con olor a oveja (como ha dicho el Papa Francisco que deberían ser todos los pastores de la Iglesia) que llegó a ser gran amigo de la otrora activista atea cuando sus correligionarios la arrinconaron.

Caso éste que me ha traído a la memoria una columna de Paco Umbral, en la que lamentaba la muerte del Padre Martín Descalzo, porque – decía – “era la única persona que habría podido salvarme”. No se percató el genial escritor de que su sincero lamento ya era en sí mismo un acto de fe, como así me permití hacérselo ver en un escrito que envié al periódico y que apareció publicado días después. ¡Qué gran misión, en todo caso la de estos seres humanos que dedican su vida a tan difíciles menesteres! 

Curioseando en las redes sociales, un servidor se ha topado con un comunicante, apodado “Compatriota”, que, respecto a lo que estamos tratando, ha dejado escrito esto: “Creo y deseo que Dios haya perdonado a la Pasionaria”. Pero añade: “Aunque lamento que no mostrara públicamente su arrepentimiento como pública fue su escandalosa vida pública”.  

Y Ángeles Conde, en La Razón, transcribe un fragmento de una carta de Ibárruri al Padre Llanos, en la que le dice: “…a ver si los viejitos (…) convertimos lo que nos resta de vida en un canto de alabanza y acción de gracias a Dios-amor, como ensayo de nuestro eterno quehacer”. A un servidor, tal vez porque ya está un poco sordo, no le han llegado los ecos de esos místicos cánticos. ¿Les han llegado a ustedes?

Como venía diciéndoles, a doña Lola se le ha quedado algo por hacer; algo que transmitir, por ejemplo, a Cayo Lara, a Pérez Rubalcaba y a tantas otras almas que viven atormentadas en espera de una conversión que no les acaba de llegar.

© 2013 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”

Publicado en “La Tribuna de Ciudad Real”, el 15-04-2013

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