La verdadera crisis del hombre


No es económica ni social la severa crisis que hoy vive el mundo, sino la de un ser humano embrutecido y despojado de sus valores morales, que, para más inri, ha perdido escandalosamente los papeles. Desde que empezamos a creernos estupendos porque inventábamos la rueda, y más tarde el telégrafo, los aviones o los micro chips; y descubrimos nuestra capacidad de joder a nuestros congéneres más débiles, hemos sufrido el castigo de innumerables crisis, guerras y genocidios; todos ellos generados por la patológica tendencia de ciertos hombres a ese endiosamiento extremo que les lleva, fatalmente, a su perdición personal y a la completa quiebra de su entorno. La acumulación de riquezas y poder a costa de cualquier crímen, ha venido siendo el leit motiv de esos hombres que, como el enunciado por Nietsche, se han creído superiores a los demás y han trocado el elevado destino trascendente para el que el hombre fue creado, por un “éxito” ilusorio en esta vida.
Llegó un momento en esta patética historia en que los países del “G-7”  (algo así como una hidra de siete cabezas, para que nos entendamos) tuvieron la feliz idea de que el mundo debía globalizarse. Se referían al mundo rico, naturalmente, porque acerca del restante, al que llaman con desprecio “el Sur”, abrigan la certeza de que ya lo tienen globalizado desde mucho tiempo atrás, en su crónica y bien repartida miseria.
Algunos de estos privilegiados – Estados Unidos en cabeza – se hallan lejos de sospechar que sus hegemonías, inmoralmente conquistadas en buena parte, podrían verse abocadas, a no tardar, a la dolorosa experiencia de su colapso.
Entretanto, un Papa de alma franciscana denuncia a las poderosas naciones (que planean formar bloques todavía más potentes, en un vano intento de enfrentarse a las fieras asiáticas emergentes), por haber coronado con tanto éxito su egoísta aspiración a “globalizar la indiferencia”. Lo ha dicho tras la tragedia de los desgraciados inmigrantes, mujeres y niños incluídos, que hace días perecieron ante la isla de Lampedusa; pero lo podría haber gritado en nombre de todos los desheredados de la tierra, como viene haciendo regularmente en cuantas ocasiones se le presentan.
Como si de un bombo de la lotería se tratara, sólo los hados determinan si ese niño que hoy nace, o que pensábamos destruir en el vientre de su madre; o que hemos logrado  salvar en las playas de Lampedusa, será un día un tirano, o un dechado de virtudes.  El Cono Sur americano, que dió un Videla, y también un Pinochet, ambos de ingrato recuerdo, también nos legó grandes personalidades como el actual Papa Francisco, que ante todo nos parece un providencial regalo de Dios. Por si el mundo llegara a democratizarse de verdad, deberíamos atender primordialmente a la formación moral de nuestros jóvenes, porque del saber elegir a las mujeres y hombres mejores dependerá nuestro futuro.

© 2013 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”

Publicado en “La Tribuna de Ciudad Real”, el 7-09-2013

 

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