¿A qué esperan?


¿A qué esperan los políticos del partido del Gobierno para bajarse el sueldo? ¿A qué esperan para aplicarse ellos mismos, como todos los españoles venimos reclamando, su oblligada política de austeridad?  No entendemos que a los integrantes de un gabinete de tan alto nivel, a los que hemos otorgado una mayoría absoluta para que hagan lo necesario por sacarnos de la crisis, les cueste tanto dar ese paso ejemplar. Todos ellos son profesionales del mayor prestigio y están acostumbrados a percibir elevados emolumentos. Su economía personal, o familiar, no sufriría efecto dramático alguno si renunciaran, pongamos, a un 25 por ciento de ese sueldo que perciben como políticos gobernantes. Con ello conseguirían que los ciudadanos, que ya hemos asumido la necesidad de drásticos recortes (a la fuerza ahorcan), aportáramos nuestro sacrificio de mejor gana. No hacerlo puede transformar nuestra paciente resignación en otro sentimiento menos positivo. En un país de mileuristas, donde los potentados no son tantos, tal medida tendría la virtud de hacernos apoyar las políticas de austeridad con mayor determinación. En un país con tantísimos parlamentos, diputaciones, ayuntamientos, defensores del pueblo, empresas públicas, etcétera, la cifra que una medida de esta índole permitiría ahorrar, contribuiría sustancialmente a la recuperación de España. Y una vez tomada, habría que invitar a los políticos de los demás partidos a hacer otro tanto, máxime cuando ha sido uno de éstos – el PSOE, como todo el mundo sabe – el que permitió a un presidente del Gobierno de triste memoria empobrecer y endeudar España, en el mejor de los casos, para toda una generación. La medida, obviamente, habría que completarse con la eliminación de un plumazo de las “embajadas” catalanas y de esos millares de asesores, coches oficiales, teléfonos móviles, lujosos despachos y tarjetas de crédito a cargo del Estado, que ningún otro país del mundo se permite costear. ¿A qué espera el Gobierno  Rajoy para tomar estas medidas?    Son lógicos, en cierta forma, los gestos de desconfianza de los llamados mercados; los constantes altibajos de la prima de riesgo española, y la actitud insolidaria de los miembros más austeros de la UE. Si a ello añadimos la imagen que proyectamos de país juerguista y sanferminero, despreocupado del futuro y en las antípodas de los chinos (y también de los alemanes) en amor al trabajo, parece un milagro que aún sigan prestándonos ese dinero que nos falta por haberlo dilapidado alegremente. Bájense el sueldo, señor Rajoy, y verá como hasta a Rubalcaba se le quita la sonrisa tonta y refrena, muy a su pesar, sus ansias kale borrocas.

Publicado en “La Tribuna”, el 23-07-2012

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