El momento del empresariado catalán


Ante el órdago del president Artur Más y de cuantos catalanes le secundan en su paranoia secesionista, somos muchos los que confiamos en los millares de empresarios catalanes, y delegaciones en Cataluña de grandes empresas multitacionales que han permanecido hasta ahora callados. La proximidad de las Elecciones Catalanes hace cada día más urgente que ese importante colectivo se haga oir claramente con respecto a una hipotética ruptura de la unidad de España que, amén de otros males, empobrecería y aislaría a Cataluña del resto del mundo. Los ridículos mensajes cursados por el gabinete del señor Más a las autoridades de la UE, y urbi et orbi a través de las no menos ridículas embajadas de Cataluña en el exterior, por no mencionar la vergonzante visita del president y su nutrido séquito a Moscú, evidencian la realidad de que nuestros gobernantes no aprenden nada de la Historia.  El honorable  debería haber recordado que sus presentes afanes y peticiones de apoyos internacionales ya los intentó sin éxito, hace la friolera de noventa años, uniluso Francesc Macíá, el cual tampoco dudó en viajar a la URSS acompañado de su correligionario Josep Carner, en solicitud de ayuda para su movimiento secesionista y el proyecto, igualmente demencial, de levantamiento armado de Cataluña contra el resto de España.  Como le ha sucedido a Artur Más, aquel descerebrado catalán, fundador  por cierto del Estat Catalá, no mereció la atención de ser recibido por Stalin, ni de recibir ayuda alguna de la Unión Soviética. El presidente Putin tiene que haber apreciado “falta de definición ideológica” en la solicitud de ayuda del señor Más, al igual que Stalin la apreciara otrora en la de Francesc Maciá. Este columnista tiene el pálpito de que muchos empresarios catalanes, y buen número de empresas multinacionales asentadas en esa Comunidad Autónoma, actuarán como ya lo ha hecho el Grupo Planeta al anticipar que, caso de producirse el referendum que anuncia Artur Más y de abrirse (naturalmente en falso) la senda hacia una separación suicida, trasladaría su sede a otra región de España. Ya no se trata de reabrir el debate sobre el manido boicot de productos o servicios catalanes, sino de hacer saber a los electores de esa industriosa región que pueden quedarse a un tiempo sin industria y sin mercados; y sin razón alguna para seguir defendiendo que “la pela es la pela”. En cualquier caso, es de esperar que el Gobierno del señor Rajoy tenga las agallas de aplicar, llegado el caso, los artículos pertinentes de esa Constitución que el ínclito Artur Más jurara un día cumplir.

Publicado el 12 de noviembre de 2013 en “La Tribuna”

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