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El lado bueno de las crisis

04/03/2012
 La historia de los pueblos, con sus picos y depresiones, siempre reproduce el trazado de los dientes de una sierra. Lo explica magistralmente Toynbee en su teoría de los “ciclos fatales”. Nunca se logró evitar que tras un largo periodo de bonanza, y sobre todo de euforia, no siguiera otro de decadencia. Con intervalos más o menos dilatados entre cimas y vaguadas, ésta ha sido el cardiograma implacable de imperios y civilizaciones. Podría incluso hablarse de una sabia regulación natural encaminada a propiciar alternancias en los poderes del mundo. 
Visto desde otro prisma, los efectos de una crisis son comparables a los achaques que afectan al cuerpo humano, los cuales tienen la virtud de detectar enfermedades y permitir su tratamiento. El propio dolor corporal, sin ir más lejos, es el chivato que nos advierte sobre los males que padecemos. Las crisis de las naciones, así mismo dolorosas, cumplen igual función en el ámbito político-social:. hacen posible que nos paremos a pensar en qué hemos fallado y cómo corregirlo. “On recule pour mieux sauter”, reza un dicho francés. Se retrocede para poder saltar mejor. A nivel de un país, la crisis posibilita el cambio de dirigentes, la corrección de las causas que han llevado a ella (cosa que puede requerir grandes sacrificios) y la adopción de nuevas medidas para superar (cosa que puede requerir un largo tiempo) aquellos obstáculos que de otro modo habrían sido insalvables.
Al igual que el atleta, el país que, tras una crisis severa, aspira a volver a formar parte de una élite internacional, no es el que acepta pasivamente los vicios que lo hundieron, sino el que los reconoce y se pone a trabajar con el fin de erradicarlos. Es, como en el caso del saltador de altura, el que sabe recular, corregir pasados errores, y medir bien las distancias y el impulso necesario para dar un nuevo salto.
De otro lado, las crisis no son sólo económicas, ni únicamente morales, porque obedecen a la quiebra simultánea de muy distintos valores. La práctica de esos pecados que antes llamábamos “capitales”, no se ha limitado a embrutecer a gobernantes y ciudadanos, sino que ha degradado también los sistemas sociales, tornándolos obsoletos. La cara buena de la crisis que hoy nos aflige, es la que nos convoca a plantarnos ante sus circunstancias causales, tanto desde el plano individual como desde el colectivo, y a actuar unidos contra ellas. El primer paso imprescindible no puede ser otro que la regeneración moral de personas e instituciones. Los siguientes deberá dictárnoslos nuestro instinto de supervivencia y el reconocimiento de que una sociedad humana sin Dios nunca tendrá un futuro.
© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 23 de enero de 2012
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El Estado en la cabeza

04/03/2012
Vuelve a ser la hora de uno de esos homenajes post mortem que tanto gustan a los españoles. Alguien escribió años ha este lamento: “¡Qué sino irse de un país de mendigos envidiosos donde para vivir hay que morirse!”. Y tenía toda la razón. Al igual que ocurrió con la monarquía española, que pasó por alto al legítimo aspirante por obra y gracia del general Franco, la presidencia del Gobierno español no pudo contar en ninguna de sus legislaturas con quien era a todas luces su político más cualificado. Su conocida vehemencia, brillantez intelectual e indudables dotes de mando, asustaron a los españoles. Algunas de sus expresiones más célebres, como aquella de “la calle es mía”, no eran más que un reflejo de su fuerte temperamento, pero calaron más de lo debido en la mente de buena parte de los españoles. No supieron ni quisieron ver esa clara vocación aperturista y democrática de Don Manuel Fraga que más tarde pudo dejar patente durante largo tiempo en su retiro político gallego. Dícese que el comentario de Manuel Fraga Iribarne, al conocer el nombramiento de Adolfo Suárez, fue este: “¡Se han saltado una generación!”.
Los homenajes que estos días se han ofrecido a ese excepcional hombre de Estado que no alcanzó a pilotar el nuestro, ha puesto también en evidencia a más de uno de esos mendigos envidiosos de la cita, y en especial a Santiago Carrillo. Con todo, Don Manuel ha pasado a la Historia de España como paradigma del gran estadista. No le dimos la oportunidad que merecía, y tuvo que conformarse con gobernar magistralmente Galicia, su comunidad autónoma natal, en la que mostró estar a la altura del valiente exministro de Franco que convirtió el tardofranquismo – como observara oportunamente la revista Times – en un prerrequisito de la democracia.
Fraga ha sido el mejor ejemplo de lo que debe ser un político, y también de lo que no debe ser. Ni una sola mentira en su dilatada carrera; ni la más mínima acción que cuestionara su honradez y su patriotismo. ¡Qué descomunal contraste con los crímenes y trapicheos perpetrados por políticos coetáneos suyos!
Pudo equivocarse, ¡y de qué manera! (Hernández Mancha, Vestringe,…), pero sus firmes creencias morales y capacidad de trabajo supieron guiarle en la acción política y en su prolífica ascensión intelectual, premiándole, a la postre, con su propia biografía intachable.
He querido releer uno de sus libros: “De Santiago a Filipinas, pasando por Europa”. Lo compuso en 1988, en pleno mundo en transición, con el bagaje de su larga experiencia en la política española, su amor al estudio ininterrumpido y, cómo no, sus dilatadas vivencias como embajador de España en la pérfida pero muy democrática Albión. Su lectura reconfirma en esa opinión de Felipe González de que a Fraga “le cabe España en la cabeza”; una de las pocas verdades pronunciadas por Mr. X . Vean esta reflexión que se hace en el libro, tocante al nacionalismo: “Cualquiera que conozca la realidad de la vida política sabe que ni Europa va en esa dirección, ni tiene sentido alguno cambiar de pareja a estas alturas de la Historia (…) Para decirlo más sencillo y más claro, en el momento en que cada región tuviera su propia seguridad social, los viejos gallegos se quedarían sin pensiones…” ¡Qué pena, queridos amigos, no poder leer los 57 libros que escribió!
© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 20 de febrero de 2012

Miserables

04/03/2012
Los miserables, queridos lectores, no son los pueblos de la Tierra que se mueren de hambre sino los potentados y avaros que, pudiendo impedirlo fácilmente, no hacen nada en su favor. Espero que haya de verdad un infierno para esos ricos inhumanos que pueden sentirse felices ante las insatisfechas necesidades básicas de un tercio de la Humanidad. Apelo, en última instancia, a la justicia divina. La lista de los millonarios de la célebre revista “Forbes”, a los que tanto admiran y envidian las sociedades consumistas, no es más que el censo de candidatos preferentes a ese juicio final. Con el gasto astronómico que en el mundo se hace en el campo armamentístico, y el vergonzoso dispendio en vicios, lujos y vanidades, cerca de dos mil millones de seres humanos carecen, en pleno siglo XXI, de alimentos, agua corriente, electricidad, asistencia médica y escuelas, cuando no de un simple techo o del más rudimentario retrete.
Los ricos del mundo se empeñan en ignorar que sus ayudas solidarias al doliente Tercer Mundo, no sólo les proporcionarían la máxima paz de conciencia alcanzable por el ser humano, sino que les reportaría ingentes lucros futuros. Esa jequesa de Qatar que ha pagado más de 30 mil millones de las viejas pesetas por un cuadro de Cézanne, habría podido cambiar con esa fortuna la faz de tres naciones enteras de su vecino Cuerno de África, y experimentar con ello un goce que jamás le proporcionará la contemplación de su valiosa colección de arte. No exagero un pelo si les digo que, de haber invertido esa impronunciable cifra en una obra humanitaria, habría alcanzado a ser tan feliz como doña Ramona, la admirable vecina de Peralvillo que, con una pensión que no llega al salario mínimo interprofesional, viene enviando cien euros todos los meses a un paupérrimo país africano, costeando así el mantenimiento y la carrera de un chaval morenito del que es madrina. Espero que me perdone por desvelar algo que ella lleva en secreto, y que un servidor, siempre indiscreto, ha descubierto por azar.
¿Se imaginan, amigos, cómo podría cambiar el Tercer Mundo si los acaudalados de “Forbes” le destinaran un diezmo de sus ganancias anuales? Uno llega a preguntarse por qué no lo hacen, si los millonarios saben cómo desgravar, incluso al cien por cien, este tipo de “donaciones”. Y halla la respuesta en esta otra pregunta: ¿Cómo van a dar algo de su fortuna cuando vemos – o hemos visto no ha mucho – que el banquero Botín donó un manto a La Virgen del Pilar, pero el manto llevaba bordado, y en lugar bien visible, …¡el logotipo del Banco de Santander!
© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 20 de enero de 2012

República Islámica de Catalunya

24/03/2011

El título de la presente columna bien podría corresponder, en un día no lejano, a la denominación oficial del primer Estado islámico de Europa. Los tres fenómenos convergentes en la Cataluña actual – imparable afluencia de inmigrantes africanos, irresponsabilidad política y separatismo en alza – podrían abocar un día, acaso en el ecuador de este siglo, en un país altamente perturbador en el seno de la UE. Cuando observamos que un millón de ciudadanos catalanes ya son fieles a los dictados del Islam, nada nos impide columbrar que en unas décadas, no muchas, la población de Cataluña podría ser mayoritariamente islámica, y parte de ella integrista. El factor prolificidad, muy superior a la media española en la mujer musulmana, acelerará sin duda este proceso. El odioso tirano Muamar el Gadafi, hoy más presente que nunca en los medios de comunicación españoles, pudo haber dado en el clavo al vaticinar que Europa terminará islamizada por el vientre de la mujer mahometana. Lo que no dijo es lo que hoy nos estamos temiendo: que el Islam – ese credo que sin su fundamentalismo todos deberíamos respetar – usará a Cataluña como cabeza de puente, y a sus seguidores ‘catalanes’ como eficaz quinta columna.
Paradójicamente, la democracia, el sistema que tenemos por el menos malo de los conocidos, actuará en contra de la unidad de España y de los europeos. No cree el musulmán en la democracia, por la razón aplastante de que se opone a esa ley coránica, sagrada para él, que acapara todos los poderes. Pero se aprovechará de aquélla para vencernos ideológicamente con nuestras propias reglas. Nos conviene recordar – como ha hecho Durán i Lleida – que Hitler llegó a ser lo que fue gracias a la democracia. ¿Qué podremos hacer ante el disciplinado voto de un hipotético 51 por ciento de mahometanos residentes en Cataluña y nacionalizados ‘españoles’?
El común mar Mediterráneo, en cuyo Golfo de Lepanto (y con el concurso decisivo, por cierto, de ilustres familias catalanas) creíamos haber acabado con las ansias expansionistas del Islam, ha dejado de ser una salvaguardia para Europa. La isla italiana de Lampedusa, con una población de cinco mil quinientos habitantes, ha recibido la avalancha de más de siete mil africanos en apenas unas semanas. Y, naturalmente, la UE, respetuosa con los Derechos Humanos, tratará esta nueva inmigración, y las que se produzcan a continuación, con el espíritu humanitario que la caracteriza. Pero este es un fenómeno que demanda un nuevo y profundísimo estudio y la toma de muy serias decisiones; por más que Cataluña, la única de nuestras Comunidades Autónomas que ha osado – impunemente – establecer embajadas por el mundo, siga actuando al margen de España y de la UE.
La progresiva islamización de mi malhadada patria chica (que un servidor es catalán, oigan), por no mencionar el creciente nacionalismo que en ella se está promoviendo, es una de las consecuencias de la cobarde conducta de un Gobierno Zapatero que la Historia juzgará duramente. No escapará a la condena calderoniana de que «el traidor no es menester siendo la traición pasada», ni al desenlace fatal de que «quien la hace la paga».    

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 14 de matrzo de 2011

 

Abomino del Gobierno

29/12/2010

Como demócrata que soy – y me siento – estaría dispuesto a respetar cualquier gobierno que en nuestro país surgiera de las urnas. Pero como cristiano que soy – y que me siento por encima de cualquier otra consideración – me niego a reconocer como legítimo a un Gobierno como el actual que ataca nuestra Fe. Acepto, como cristiano, la condición de aconfesionalidad de nuestro Estado democrático, porque entiendo que es justo que mi Religión pueda coexistir en armonía con otros credos diferentes; y que España pueda estar presidida por la firme convicción que emana de la libertad religiosa. Pero abomino abiertamente de un Gobierno como el que hoy padecemos, que ataca mi Religión (que es mayoritaria en el Estado), dificulta su práctica (pensemos en el atropello que se ha intentado perpetrar, aunque sin éxito, contra la comunidad religiosa de Cuelgamuros), discrimina y desprestigia socialmente a los cristianos, y carga contra la Familia Cristiana y el sagrado Derecho a la Vida por todos los medios a su alcance. Abomino abiertamente, “me cueste lo que me cueste”, de un Gobierno mal llamado “socialista”, ya que el primer socialista de la Historia, y el único verdaderamente sincero, fue y seguirá siendo Jesús, nuestro Salvador, por los siglos de los siglos. No en vano su Doctrina se resume en dos mandamientos supremos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.
No soy capaz de reconocer a un Gobierno que en medio de la severa crisis económica que padecemos, destina ingentes cantidades del dinero que no es suyo, porque es – o era – de todos los españoles, a bizarras atenciones a extraños colectivos, incluso en otros países; mientras se afana vanamente por erradicar todo sentimiento religioso del corazón de los católicos españoles. ¡Vano intento, como digo, porque nadie puede echar un pulso a Dios! 
Como el Santo Padre nos recuerda a diario – y también algunos medios de Comunicación – el Cristianismo vuelve a ser perseguido en varias regiones del mundo. Ya suman legión los cristianos que están siendo masacrados por el integrismo islámico. Pero el Gobierno de España, formado por individuos sin cultura ni formación humanística alguna, fomenta la implantación – en particular en Cataluña – de ese fundamentalismo foráneo que ya anuncia mayorías electorales en distintos municipios de mi castigada patria chica. Entre ese nuevo factor transformador contra natura de mi católica tierra catalana, y las minorías, igualmente foráneas, surgidas del cinturón industrial de Barcelona (que no de la Cataluña histórica), se está logrando el objetivo, enunciado por Gadafi y otros locos revanchistas, de afianzar la quinta columna de una futura UE islámica.
Me desmarco abiertamente de un Gobierno que se ha tornado en paladín del desacato a nuestra Ley Fundamental, y en adalid imparable del desmembramiento de España. Pero, por encima de todo, abomino de un Gobierno impresentable que osa retar a Dios, inventa el “bautismo civil” y nos hace preguntarnos sin cesar qué fuerza del Maligno lo mueve, qué suerte de masonería lo impulsa. No tengamos miedo, amigos míos, de hablar claro. Rechacemos de una vez el cobarde silencio de los corderos.    

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  27  de diciembre de 2010

Mucho más que cenizas

05/11/2010

Hoy, adelantando un día el calendario para aprovechar la festividad de Todos los Santos, celebramos el Día de Difuntos. Parece inapropiado este verbo cuando lo que haremos será rememorar las pérdidas más dolorosas que hemos sufrido en la vida: las de nuestros seres queridos. Trátase de una conmemoración antiquísima que nos confirma el hecho de que el hombre siempre ha reconocido, de un lado, la existencia de una divinidad superior y, de otro, la de su propia alma inmortal; sólo ha negado la existencia de Dios, y la del alma humana, cuando, víctima de la soberbia o la ceguera, se ha creido él mismo un dios.
La Fe cristiana, que está mucho más unida a la razón de lo que algunos suponen, nos habla de un espíritu eterno que sobrevive al cuerpo. Para la mitad de la Humanidad, la anual visita a las necrópolis implica el reconocimiento de la inmortalidad del hombre. No significa la mera recordación de unos seres queridos “físicos” cuya ausencia lloramos, sino la íntima comunicación con su alma imperecedera. De aquí que los cristianos, y cuantos creemos en la trascendencia, apelemos a nuestros difuntos para impetrar su intercesión, reiterarles la añoranza del tiempo compartido y transmitirles nuestra esperanza en un futuro reencuentro.
Se ríen los ateos, claro, de éstas nuestras convicciones. Las llaman supersticiones, y a los que las confesamos, pobres ilusos. No son capaces – y lo siento profundamente por ellos – de mirar en su interior y descubrir que también ellos tienen su alma. ¡Con lo fácil que es percatarse de tan valiosa y sobrenatural posesión!
Así que me dispongo a cumplir, siquiera mentalmente, con la tradicional cita anual en ese cementerio que da a una sierra, y en ese otro que mira al mar, pero no serán mis pensamientos por unas pobres cenizas, sino por las almas inmortales de unos seres queridos que hoy, como confiadamente espero, contemplan la faz de Dios. Como en la canción de Marina Rosell, estoy seguro de que Dios, cuando apague nuestras pupilas mortales, nos prestará unos ojos nuevos con los que poder contemplar su Faz eterna, y la de esos seres que tan hondo recuerdo nos dejaron.
Y quiero aprovechar esta reflexión para rechazar abiertamente esa gótica celebración importada del Imperio – el Halloween – que pretende sustituir estos momentos de introspección tan arraigados en nuestra cultura, por un grotesco Carpe Diem. Un tanto más a favor de los laicistas que nos gobiernan.   

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  1  de noviembre de 2010

La amargura tiene cura

26/07/2010

Ahora que un mundial de fútbol ha conseguido el prodigio de devolvernos la bandera y de que la gran mayoría de los españoles volvamos a sentirnos una «piña», uno abriga la esperanza de que los amargados sin causa recuperen la alegría.
Los que insisten en atacar a la Iglesia, simplemente porque no creen en Dios ni en la bondad del mensaje cristiano, son a la postre unos amargados (y no lo digo con acritud, sino con fraterna condolencia). Quien se declara irremisiblemente «condenado» por el antiguo catecismo del Padre Ripalda, apenas por ser «liberal», es un pesimista nato que no ha entendido esa doctrina que dice rechazar y es incapaz de valorar la inmensa labor de la Iglesia a lo largo y ancho del mundo. Quien insiste en la idea de que el Vaticano promueve la pena de muerte, por más que veamos hasta la saciedad los esfuerzos que hace la Iglesia para erradicarla en el resto del mundo, no es que sufra de ceguera: es que es ciego vocacional.
La actual doctrina cristiana (que sigue admitiendo, sólo en casos extremos y cuando ya se han agotado todos los demás recursos, una acción cruenta en propia defensa de la persona, o en la de su prole), sostiene, en cuanto a la pena de muerte ordenada por un tribunal civil, que «la autoridad pública tiene suficientes medios incruentos para defender a la sociedad del agresor». ¿Puede confundirse esta doctrina con la del fomento de la pena de muerte? Hay que estar muy amargado para optar por tan injusta interpretación, cuando tal doctrina viene exhaustivamente razonada en los artículos 2266 y 2267 del nuevo Catecismo, para quien quiera leerlos de buena fe.
Quien afirma que «no miente» al afirmar que la Iglesia Católica está por la pena de muerte, debería antes aclararnos qué entiende por «muerte», pues podría ocurrir que la muerte quirúrgicamente provocada de un nasciturus no constituyera una «muerte» para él. Y entonces sí que este columnista tendría un impedimento muy serio para seguir debatiendo con él sobre estos temas. Le sería imposible tratar con un señor que, tras afirmar que el comunismo es una religión al nivel de la Religión Cristiana (como hace en su artículo del lunes pasado), no considerara un homicidio privar de la vida a un ser humano que ya siente, padece y da patadas.
Por último, decirle a mi amigo Luis-Domingo que no se sienta condenado por ese catecismo que leyó. Porque, aunque le divierta el papel que ha elegido de hoz y martillo del Cristianismo castellano-manchego, Dios, en su inmensa misericordia, nos da toda la vida de plazo para dejar las tonterías a un lado. Y sería una pasada, amén de un gran placer (aunque no hay la menor prisa), coincidir con él en esa nueva dimensión donde estaremos eternamente de acuerdo.

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  19 de julio de 2010