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El lado bueno de las crisis

04/03/2012
 La historia de los pueblos, con sus picos y depresiones, siempre reproduce el trazado de los dientes de una sierra. Lo explica magistralmente Toynbee en su teoría de los “ciclos fatales”. Nunca se logró evitar que tras un largo periodo de bonanza, y sobre todo de euforia, no siguiera otro de decadencia. Con intervalos más o menos dilatados entre cimas y vaguadas, ésta ha sido el cardiograma implacable de imperios y civilizaciones. Podría incluso hablarse de una sabia regulación natural encaminada a propiciar alternancias en los poderes del mundo. 
Visto desde otro prisma, los efectos de una crisis son comparables a los achaques que afectan al cuerpo humano, los cuales tienen la virtud de detectar enfermedades y permitir su tratamiento. El propio dolor corporal, sin ir más lejos, es el chivato que nos advierte sobre los males que padecemos. Las crisis de las naciones, así mismo dolorosas, cumplen igual función en el ámbito político-social:. hacen posible que nos paremos a pensar en qué hemos fallado y cómo corregirlo. “On recule pour mieux sauter”, reza un dicho francés. Se retrocede para poder saltar mejor. A nivel de un país, la crisis posibilita el cambio de dirigentes, la corrección de las causas que han llevado a ella (cosa que puede requerir grandes sacrificios) y la adopción de nuevas medidas para superar (cosa que puede requerir un largo tiempo) aquellos obstáculos que de otro modo habrían sido insalvables.
Al igual que el atleta, el país que, tras una crisis severa, aspira a volver a formar parte de una élite internacional, no es el que acepta pasivamente los vicios que lo hundieron, sino el que los reconoce y se pone a trabajar con el fin de erradicarlos. Es, como en el caso del saltador de altura, el que sabe recular, corregir pasados errores, y medir bien las distancias y el impulso necesario para dar un nuevo salto.
De otro lado, las crisis no son sólo económicas, ni únicamente morales, porque obedecen a la quiebra simultánea de muy distintos valores. La práctica de esos pecados que antes llamábamos “capitales”, no se ha limitado a embrutecer a gobernantes y ciudadanos, sino que ha degradado también los sistemas sociales, tornándolos obsoletos. La cara buena de la crisis que hoy nos aflige, es la que nos convoca a plantarnos ante sus circunstancias causales, tanto desde el plano individual como desde el colectivo, y a actuar unidos contra ellas. El primer paso imprescindible no puede ser otro que la regeneración moral de personas e instituciones. Los siguientes deberá dictárnoslos nuestro instinto de supervivencia y el reconocimiento de que una sociedad humana sin Dios nunca tendrá un futuro.
© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 23 de enero de 2012

El Estado en la cabeza

04/03/2012
Vuelve a ser la hora de uno de esos homenajes post mortem que tanto gustan a los españoles. Alguien escribió años ha este lamento: “¡Qué sino irse de un país de mendigos envidiosos donde para vivir hay que morirse!”. Y tenía toda la razón. Al igual que ocurrió con la monarquía española, que pasó por alto al legítimo aspirante por obra y gracia del general Franco, la presidencia del Gobierno español no pudo contar en ninguna de sus legislaturas con quien era a todas luces su político más cualificado. Su conocida vehemencia, brillantez intelectual e indudables dotes de mando, asustaron a los españoles. Algunas de sus expresiones más célebres, como aquella de “la calle es mía”, no eran más que un reflejo de su fuerte temperamento, pero calaron más de lo debido en la mente de buena parte de los españoles. No supieron ni quisieron ver esa clara vocación aperturista y democrática de Don Manuel Fraga que más tarde pudo dejar patente durante largo tiempo en su retiro político gallego. Dícese que el comentario de Manuel Fraga Iribarne, al conocer el nombramiento de Adolfo Suárez, fue este: “¡Se han saltado una generación!”.
Los homenajes que estos días se han ofrecido a ese excepcional hombre de Estado que no alcanzó a pilotar el nuestro, ha puesto también en evidencia a más de uno de esos mendigos envidiosos de la cita, y en especial a Santiago Carrillo. Con todo, Don Manuel ha pasado a la Historia de España como paradigma del gran estadista. No le dimos la oportunidad que merecía, y tuvo que conformarse con gobernar magistralmente Galicia, su comunidad autónoma natal, en la que mostró estar a la altura del valiente exministro de Franco que convirtió el tardofranquismo – como observara oportunamente la revista Times – en un prerrequisito de la democracia.
Fraga ha sido el mejor ejemplo de lo que debe ser un político, y también de lo que no debe ser. Ni una sola mentira en su dilatada carrera; ni la más mínima acción que cuestionara su honradez y su patriotismo. ¡Qué descomunal contraste con los crímenes y trapicheos perpetrados por políticos coetáneos suyos!
Pudo equivocarse, ¡y de qué manera! (Hernández Mancha, Vestringe,…), pero sus firmes creencias morales y capacidad de trabajo supieron guiarle en la acción política y en su prolífica ascensión intelectual, premiándole, a la postre, con su propia biografía intachable.
He querido releer uno de sus libros: “De Santiago a Filipinas, pasando por Europa”. Lo compuso en 1988, en pleno mundo en transición, con el bagaje de su larga experiencia en la política española, su amor al estudio ininterrumpido y, cómo no, sus dilatadas vivencias como embajador de España en la pérfida pero muy democrática Albión. Su lectura reconfirma en esa opinión de Felipe González de que a Fraga “le cabe España en la cabeza”; una de las pocas verdades pronunciadas por Mr. X . Vean esta reflexión que se hace en el libro, tocante al nacionalismo: “Cualquiera que conozca la realidad de la vida política sabe que ni Europa va en esa dirección, ni tiene sentido alguno cambiar de pareja a estas alturas de la Historia (…) Para decirlo más sencillo y más claro, en el momento en que cada región tuviera su propia seguridad social, los viejos gallegos se quedarían sin pensiones…” ¡Qué pena, queridos amigos, no poder leer los 57 libros que escribió!
© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 20 de febrero de 2012

Miserables

04/03/2012
Los miserables, queridos lectores, no son los pueblos de la Tierra que se mueren de hambre sino los potentados y avaros que, pudiendo impedirlo fácilmente, no hacen nada en su favor. Espero que haya de verdad un infierno para esos ricos inhumanos que pueden sentirse felices ante las insatisfechas necesidades básicas de un tercio de la Humanidad. Apelo, en última instancia, a la justicia divina. La lista de los millonarios de la célebre revista “Forbes”, a los que tanto admiran y envidian las sociedades consumistas, no es más que el censo de candidatos preferentes a ese juicio final. Con el gasto astronómico que en el mundo se hace en el campo armamentístico, y el vergonzoso dispendio en vicios, lujos y vanidades, cerca de dos mil millones de seres humanos carecen, en pleno siglo XXI, de alimentos, agua corriente, electricidad, asistencia médica y escuelas, cuando no de un simple techo o del más rudimentario retrete.
Los ricos del mundo se empeñan en ignorar que sus ayudas solidarias al doliente Tercer Mundo, no sólo les proporcionarían la máxima paz de conciencia alcanzable por el ser humano, sino que les reportaría ingentes lucros futuros. Esa jequesa de Qatar que ha pagado más de 30 mil millones de las viejas pesetas por un cuadro de Cézanne, habría podido cambiar con esa fortuna la faz de tres naciones enteras de su vecino Cuerno de África, y experimentar con ello un goce que jamás le proporcionará la contemplación de su valiosa colección de arte. No exagero un pelo si les digo que, de haber invertido esa impronunciable cifra en una obra humanitaria, habría alcanzado a ser tan feliz como doña Ramona, la admirable vecina de Peralvillo que, con una pensión que no llega al salario mínimo interprofesional, viene enviando cien euros todos los meses a un paupérrimo país africano, costeando así el mantenimiento y la carrera de un chaval morenito del que es madrina. Espero que me perdone por desvelar algo que ella lleva en secreto, y que un servidor, siempre indiscreto, ha descubierto por azar.
¿Se imaginan, amigos, cómo podría cambiar el Tercer Mundo si los acaudalados de “Forbes” le destinaran un diezmo de sus ganancias anuales? Uno llega a preguntarse por qué no lo hacen, si los millonarios saben cómo desgravar, incluso al cien por cien, este tipo de “donaciones”. Y halla la respuesta en esta otra pregunta: ¿Cómo van a dar algo de su fortuna cuando vemos – o hemos visto no ha mucho – que el banquero Botín donó un manto a La Virgen del Pilar, pero el manto llevaba bordado, y en lugar bien visible, …¡el logotipo del Banco de Santander!
© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 20 de enero de 2012

“Navegando en una nave invertida”

04/03/2012
Leí esta frase hace años, pero no recuerdo donde. Era la historia de un barco que había volcado a causa de una tempestad y de una tripulación exageradamente inepta. Aunque esto es todo lo que puedo recordar, la imagen de aquella embarcación con la quilla al aire ha venido siendo tema recurrente de mis pesadillas nocturnas. O puede que sea la secuela de un accidente sufrido en mi juventud cuando, tentando imprudentemente la suerte en un cascarón fueraborda, tomé el mar de Galicia por el lago de Bañolas. Sea lo que fuere, la impresionante visión de aquel barco zozobrado, que acaso me dejó grabada alguna novela de Salgari, me asalta ahora en pleno día, en cada telediario, como un fenómeno reflejo de la deriva que lleva España.
A lo largo de ocho años, la nave en la que los españoles viajábamos ha sido objeto de toda clase de tropelías. Se han burlado las leyes que nos habíamos dado para garantizar su correcta navegación, y promulgado otras que han venido a favorecer todo lo contrario. España, la gran nave europea que señoreó los mares y compiló el primer código de derecho marítimo – el Consulado del Mar -,  ha sido durante este tiempo la más errática de cuantas han surcado el océano: sin un marino experto en el puente de mando, sin un timonel de fiar al gobernalle, e incumpliendo sistemáticamente las leyes que hace siglos inventara.
Su capitán, obcecado en defender prioridades bastardas, fue incapaz de velar por la buena gestión de fletes y pasajes, y el mantenimiento y mejora del formidable navío confiado a su mando. Se preocupaba más de invitar a cenar a bordo a sus homólogos del petrolero “Venezuela”, o  del buque-cárcel “Cuba”, que de prestar cortés atención a otros comandantes de muy superior valía y peso internacional a los que, finalmente, tuvo que rendir pleitesía. No quiso escuchar a los prácticos que le acusaban de ordenar maniobras nefastas. Tampoco escuchó a los meteorólogos que le anunciaban mar gruesa, o arbolada, ni siquiera cuando el tifón, inmisericorde, empezó a cebarse con el barco.
“¡No pasa nada!” – repetía el capitán, cantando alegre en la popa – “¡El España sigue siendo el mejor barco del mundo!”. Sólo le faltó añadir la blasfemia “¡A este barco no lo hunde ni Dios!”, del capitán del Titanic. Pero la tempestad llegó y, mientras la orquesta interpretaba su consabido programa de allegros vivaces, puso al barco panza arriba y lo envió a dique seco.
El nuevo capitán ha jurado reparar las averías y hacerse de nuevo a la mar en la confianza de volver a registrar travesías felices en su cuaderno de Bitácora. Y, entretanto, el capitán defenestrado, y sus adláteres, maquinan cómo impedírselo. En lugar de intentar regenerarse, se afanan poniendo trabas al nuevo patrón de la nave en su noble y desesperado esfuerzo por salvarla. ¿Alguien esperaba otra cosa? Como pedimos los marinos en la Salve Marinera, quiera Dios que soplen serenas las brisas… Pero, conociendo el paño – que es tela marinera – se me hace mucho pedir.
© 2012 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 16 de enero de 2012

La rebelión de las masas

25/06/2011

Las teorías de Ortega sobre la rebelión de las masas, enunciadas para España, han traspasado las fronteras. Los aires de globalización y las nuevas tecnologías de la comunicación han convertido en globales sus proféticas reflexiones. El principio democrático que atribuye la soberanía a los pueblos, dio lugar, en un principio, a los episodios de rebeldía callejera de las masas tunecinas y egipcias, y, más tarde, como en un imparable efecto dominó, a las masivas manifestaciones de los pueblos “indignados” de otras naciones del Sur del mundo, incluida España.

El mayor problema que el mundo enfrenta ante este fenómeno, es la dificultad de discernir qué movimientos se hallan en su génesis, qué líderes los organizan o dirigen a través de las redes sociales, qué ideas hay detrás de los autores intelectuales que los convocan. No se alcanza a discernir si las multitudinarias manifestaciones que a diario se producen en una docena de países, y las guerras que ya han desencadenando en algunos de ellos, se deben únicamente al descontento general de los ciudadanos ante los insoportables abusos de sus gobiernos totalitarios y corruptos, o a los designios ocultos de los grupos radicales que pueden vampirizarlas en su provecho.

Hállese donde se halle el origen genuino de las manifestaciones, sean cuales sean las razones que las animan, el gran motivo de preocupación reside en el denominador común que parece evidenciarse en todas ellas, y que no es otro que el factor “anonimato” de sus participantes y la falta de un objetivo claramente definido. Los manifestantes proclaman mensajes confusos y reclaman cambios políticos de toda índole que a menudo son contradictorios. La profusión de consignas entremezcladas de gentes de supuestas ideologías heterogéneas, y las declaraciones de unos “portavoces” a todas luces poco formados que no exhiben acreditación alguna, contribuyen a la ceremonia de confusión que en estos meses se vive en distintas capitales del mundo y de forma particularmente alarmante en las de nuestro zozobrante país.

La cobarde actuación de nuestro Gobierno y en especial la de su maquiavélico ministro multiusos al que ya vemos practicar la política de tierra quemada, me confirman en la triste convicción de que las izquierdas no saben perder.

© 2011 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día 20 de junio de 2011

“He recibido una paliza”

09/11/2010

Barack Obama, que no es un demócrata como los nuestros, ha reconocido abiertamente que sus rivales en las últimas elecciones legislativas – los republicanos – le han propinado una paliza. No ha dudado en afirmar humildemente que “toma nota” de los fallos y promesas incumplidas que le han llevado a cosechar su derrota. Aunque los achaca, en buena parte, a la crisis económica que vive su país, no deja de reconocer que varias cosas podrían haberse hecho mejor, y que procurará enmendarlas en lo que le queda de legislatura. ¡Qué gran lección para nuestros políticos españoles, incapaces de aceptar un solo error y de entonar alguna vez el mea culpa!
La actitud y las palabras del presidente estadounidense, serían de todo punto impensables en nuestra piel de toro, donde, exceptuando el campo del deporte, nadie sabe perder. Muchas décadas atrás, vivimos una cruenta guerra civil que se saldó, como todas las guerras, con vencedores y vencidos. Ambos bandos habían recurrido a todas las armas disponibles, a todas las brigadas internacionales que pudieran ayudarles, a todos los Estados capaces de aportar financiación, a toda la propaganda que pudieran sacarse de la manga y al máximo sacrificio de sus respectivos soldados y población civil. Ambos contendientes – tal es la ley de la guerra – hicieron cuanto estuvo humanamente a su alcance para alzarse con la victoria, pero sólo uno la alcanzó. Y lo malo para nuestra Historia es que la facción derrotada no aceptó el descalabro: no supo perder. Así de claro. Consecuencia de ello es el hecho de que en pleno siglo XXI, cuando el comunismo ya ha sido borrado de la faz de Occidente, los nietos de aquellos combatientes derrotados, que son hoy burgueses en su mayoría, siguen aún dale que dale, como aquellos “últimos de Filipinas” despistados que siguían peleando en Baler mucho tiempo después de terminada la guerra.   
Tras una manifestacion de índole política, una facción – la organizadora del acto – puede afirmar sin el menor recato que sumaban un millón los manifestantes; mientras la otra jura y perjura que fueron cincuenta mil. Y en los casos de elecciones generales, ningún partido, ni siquiera el más vapuleado en las urnas, acepta haber perdido. La erística, ese españolísimo bricolage que consiste en manipular ad libitum las palabras y los hechos, les proporcionará la manera de fabricarse una verdad de su agrado. Así funcionan las cosas en una democracia sin demócratas.
¿Qué sería de nuestra Unión Europea si Francia y Alemania no hubieran logrado archivar definitivamente “sus” dos guerras mundiales? – podríamos preguntarnos. ¿Y qué sería de las intensas relaciones que han venido manteniendo Estados Unidos y Japón, si este último país no hubiera asumido plenamente, y con todas las consecuencias, su humillante capitulación?
Desde el observatorio en el que contemplo el devenir político de nuestra nación, no he divisado un solo caso en el que un gobernante haya reconocido un fallo, o el más mínimo error. ¡Qué gran lección, señores, la del presidente Obama!

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  8  de noviembre de 2010

La partida de póquer

30/10/2010

Aún no estamos en tiempo de elecciones, pero las malandanzas de nuestros gobernantes nos llevan a desear a diario que se convoquen cuanto antes. Es muy triste constatar la progresiva degradación de la función pública, y ese indigno «todo vale» que ha pasado a ser la tónica de nuestros políticos en el poder. Nunca nos habían parecido tan largos a los españoles los cuatro años que separan unos comicios de otros. Aunque se lo hayamos hecho saber por activa y por pasiva, el líder que democráticamente elegimos sigue haciendo oídos sordos a las exigencias de elecciones anticipadas por las que viene clamando la mayoría de los ciudadanos. Sigue sin querer enterarse de que en el alto porcentaje de españoles que censuran su actuación, se incluyen varios millones de electores desengañados que no hace mucho le votaron. En cualquier país verdaderamente democrático, un líder tan ampliamente contestado como el señor Rodríguez Zapatero habría optado por dejar hablar de nuevo a las urnas. Pero ya todos hemos descubierto, porque él mismo nos lo ha puesto de manifiesto hasta la saciedad, que en esta España que él preside la democracia es un tongo.
¿Qué se podía esperar de un político de nula formación humanística que, despreciando olímpicamente la excelencia, ha insistido en rodearse de amiguetes mediocres? ¿Qué podía esperarse de alguien que desde su más tierna juventud ha vivido únicamente de cargos públicos y carece, por tanto, de la más mínima experiencia en el campo profesional privado?
Hablemos con quien hablemos, en la oficina o el bar, en la fábrica o en la calle, ya no hay un españolito que no critique abiertamente a este ínclito señor y sus prácticas perniciosas. Ante tan insólita situación, un servidor se pregunta, atónito, ¿dónde está el pueblo ‘soberano’?, ¿dónde la Constitución?, ¿dónde el pobre Montesquieu?
Ya habíamos asistido al escandaloso desacato de la sentencia del TC en el tema del estatuto catalán, y a la claudicación ante el PNV a cambio de la aprobación de los Presupuestos del Estado; pero nos faltaba presenciar el incestuoso alumbramiento de un oscuro sindicalista para la cartera de Trabajo, y la cesión, harto preocupante, de importantísimos poderes – vicepresidencia 1ª, cartera de Interior y Portavocía del Ejecutivo – a un siempre sinuoso, y ahora todopoderoso Rubalcaba.
Ante lo que estamos viviendo, se tiene la sensación de que la política española se parece cada día más a una vulgar partida de póquer; y nuestra sufrida España, a un inmenso casino en el que se juega su futuro. Las cartas que – según se nos decía – iban a llevarnos a las más altas cotas, han demostrado ser muy malas (cuando no marcadas), y ahora, estrenada una baraja nueva, se nos promete lo mismo. Pero este juego, al que algunos atribuyen connotaciones científicas, es un mero juego de azar. Y España es mucho país para que pueda enderezarse con un simple golpe de suerte.
Vaya tela.

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  25  de octubre de 2010

Esa anacrónica “O”

02/10/2010

El periodista Rafael Torres, que a menudo se ocupa de los objetos perdidos, ha querido informarnos de que al PSOE se le ha caído la “O”. Se le ha caído esa “o” que antaño lo identificara como partido obrero. Tiene que haberla perdido, según afirman los maldicientes (¡cómo son!), por la zona madrileña de Serrano – Claudio Coello, en alguna urbanización de lujo, o tal vez en Punta Cana.        
Ante tan lamentable pérdida, uno es de la opinión de que las cosas siempre ocurren por algo, y que acaso ese importante partido, que fue obrero y ya no es, podría dejar de identificarse como tal (no como partido, claro, pero sí como obrero).  No pretendo con ello proponer que adopte otra sigla más acorde con su realidad actual – ineficacia en su lucha contra el paro, merma del poder adquisitivo de las pensiones, y demás desastres – sino, simple y llanamente, que acepte vivir sin la “o”; que mucho más radical fue el cambio que decidió el Partido Comunista Español en 1986, cuando aceptó prescindir de su histórica razón social para integrarse en Izquierda Unida, nueva coalición formada por los partidos de izquierda y republicanos.
A un partido que se dice progresista, digo yo, no debería preocuparle cambiar de sigla y adaptarse a los nuevos tiempos. ¿Por qué tendría que aferrarse a esa letra, ahora en paradero desconocido, cuando nadie puede negar que los proletarios de otrora – los de la vieja España de alpargata – forman hoy la clase media? ¿A qué vendría obcecarse con esa letra, a todas luces extemporánea, cuando los socialistas españoles suelen vestirse en Armani y la nueva burguesía no existiría sin ellos. Que un servidor sepa, ningún gran partido europeo se llama hoy “obrero”. Están, sí, los laboristas británicos, pero todo el mundo sabe que “labor” – como “war” – es un término polisémico.
De otro lado (no hay mal que por bien no venga), la pérdida de la que hoy tratamos podría brindar al PSOE la ocasión de un nuevo look, que buena falta le va a hacer tras la etapa Zapatero. Y aunque el cambio no tuviera este objetivo, ofrecería al socialismo español la posibilidad de adaptarse al nomenclator de sus colegas de la Zona Euro que se abstienen de utilizar el apellido “obrero”. Ni la Internacional Socialista fundada hace cien años, ni el Partido Socialista Europeo, padre de todas las batallas, lo han utilizado. Y sus sucursales nacionales se llaman: “Partido Socialista Francés”, “Partit dels Socialistes de Catalunya”, “Partido Socialista Portugués”, etcétera; o, en ocasiones (las menos),  “socialdemócratas”, o “laboristas”, a secas. La “o” de marras, por tanto, hace tiempo que venía sobrando, porque es como la foto amarilla de una España profunda que, afortunadamente, ya ha pasado a la Historia, y…¡ojalá que nunca vuelva!
Como el marido del cuento, que va a la comisaría a denunciar que ha perdido a su mujer, y se arrepiente de hacerlo al describirla tuerta y fea, tal vez sea mejor no ponernos a buscar esa alhaja de “o” que – siempre según las malas lenguas – se le ha perdido al PSOE.

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  27  de septiembre de 2010

La única verdad de Castro

14/09/2010

No es preciso recordar que el régimen de Fidel Castro es el último baluarte de la ex Unión Soviética que aún queda por barrer. La romántica Revolución que lograra acabar con el dictador Batista, se ha trocado en otro totalitarismo salvaje que ni el omnímodo poder del Imperio ha conseguido aniquilar. Todo el mundo occidental, con muy raras excepciones, condena al dictador cubano y admite la evidencia de que para tan miserable viaje no hacían falta tantas alforjas. Castro ha traicionado a un pueblo, ansioso de libertad, que un día, cuando ya arañaba con los dedos su anhelada autonomía, soñó con ser independiente. Los efectos de aquella guerra hispano-cubana-estadounidense (la Spanish-American War, en realidad) que siguió, fueron más funestos para Cuba que para la propia España, si cabe. El  Desastre del 98 significó la gran derrota de España; pero también le señaló el camino hacia su única salvación posible como nación. Para la Perla de las Antillas, en cambio, apenas marcó el inicio de un siglo de esclavitud. Y para el vecino norteño, Cuba ha sido en el siglo XX, y sigue siendo (lo llevan bien merecido), la eterna avispa en el ojo.
Tras este telegráfico resumen, y todos los engaños que han caracterizado el reinado de ese retoño bastardo de un emigrante gallego, me interesa destacar en esta columna lo que, en mi modesta opinión, podría constituir la única verdad pronunciada por el dictador de marras hasta la fecha. Me refiero al último comentario del comandante sobre el inminente peligro de una tercera guerra mundial que hoy se cierne, según él, sobre la Humanidad. Y lo quiero mencionar porque la evolución de la guerra de Afganistán, la expansión imparable del terrorismo islámico y la alta probabilidad de que Irán fabrique sus propias armas nucleares, hacen más que plausible su pronóstico.
De otro lado, nuestro pesimismo crece al constatar el estrepitoso fracaso de las políticas encaminadas a la gradual integración de inmigrantes musulmanes en el mundo occidental. Crece, sobre todo, al descubrir que ni siquiera la hospitalidad de los países receptores se agradece y que, con harta frecuencia, no todos los inmigrantes llegan a nuestros países desarrollados con el único afán de mejorar su nivel de vida y el de sus familias: algunos, obedientes al expansionismo islámico, vienen con la prefijada consigna de actuar como caballos de Troya y ya han logrado establecer grupos más que peligrosos. Su estrategia, que tienen bien estudiada, consiste en capitalizar en favor del Islam las debilidades legislativas de nuestros sistemas democráticos. Y el peligro va in crescendo. Finalmente, el aumento de la población musulmana, en Europa y Estados Unidos, parece un hecho imparable.  
Quiera Dios que nunca tengamos que admitir que Castro, siquiera por una vez, dijo algo coherente.

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  13  de septiembre de 2010

El Arco de Triunfo

09/09/2010

En España, y en román paladino, al sujeto irresponsable que miente como bellaco, traiciona a quienes confiaron en él, incumple sistemáticamente sus promesas y vende su alma al diablo (porque niega la existencia del alma), le llamamos caradura.  A esta categoría pertenece, para nuestra desgracia, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, el “carismático” mirlo blanco a quien un día aciago los españoles entregamos el poder.
 
Trátase de un individuo que presume de pasárselo todo por el arco de triunfo. “A mí plim…” – parece decirnos, retador, cuando le reconvenimos – “…yo duermo en la Moncloa…”. Consuela, por lo menos, que aún no se haya cargado por completo la democracia (aunque esté en ello), como han hecho sus amigos dictadores de allende el charco. Y celebro poder escribir sobre lo que pienso sin exponerme (todavía), a que me apliquen electrodos, o me deporten a Siberia.
  
La sociedad española, angustiada por una tasa de paro que dobla la de la UE, y domesticada por unos subsidios electoralistas que son pan para hoy y hambre para mañana, contempla impotente la paulatina destrucción del Estado de Derecho, y se pregunta con creciente preocupación qué Luisiana estará dispuesto a ceder nuestro presidente a los secesionistas periféricos, o a otro grupo aún peor, a cambio de que lo mantengan en el poder.
 
De otro lado, la mudanza que España está pidiendo a gritos, podría perfectamente producirse en las próximas elecciones generales, pero muchos creemos en el problema – señalado con sumo acierto por The Economist – de que sólo podrá ganar esas elecciones el partido que logre desembarazarse de su actual líder. El principal problema de España reside en el hecho de que el líder del partido gobernante no es de fiar, y al de la oposición le faltan agallas. Y, a mayor añadidura, este columnista es de la opinión de que la ciega obediencia al líder mostrada por los miembros del actual gabinete Zapatero, sumada a sus múltiples errores y a su ineficacia manifiesta en la lucha contra la crisis, deberían llevar a su partido a una cuarentena regeneracionista. Para estas situaciones, precisamente, se creó la alternancia.
 
España necesita ahora, en mi modesta opinión, de un nuevo Gobierno capaz de actuar como miembro que es de la Unión Europea, y no de uno que se desmarque por sistema del parecer de los demás socios. Y, en el ámbito interno, precisa de un Gobierno formado por los mejores especialistas de cada campo, es decir, por profesionales acreditados como números uno en sus respectivas disciplinas, aunque sean independientes. ¿A qué viene tanto parloteo, cuando lo único que la ciudadanía valora es la puntual solución de los problemas, la ausencia de corrupción y el lenguaje de los hechos? ¡Qué distinta sería la vida parlamentaria, y todo el debate político, si los casos “tabú” (Faisán, etc.) se hubieran aclarado por la Justicia,  y los adversarios políticos fueran cultos y respetables números uno! Deberíamos darnos cuenta de que en el nuevo mundo global, el centro-izquierda y el centro-derecha (que deberían ser las únicas alternativas reales), ni siquiera están separados por el negro de una uña. Lo demás son flatus vocis

© 2010 José Romagosa Gironella
“Puntos sobre la íes”
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real, el día  06  de septiembre de 2010